Elias observaba desde el umbral de su puerta cómo Leo y Mia reían. Esa risa le provocaba una punzada de irritación que no podía clasificar en sus hojas de cálculo. Para él, Mia era una constante; siempre ahí, siempre eficiente, siempre dulce. Pero verla compartir esa dulzura con Leo le recordaba que él mismo se había convertido en un extraño para la mujer que tenía a dos metros de distancia.
**El Hallazgo en el Archivo Olvidado**
Dos horas después, Mia se había retirado a una reunión con el departamento de contabilidad. Elias, obligado a atender una llamada internacional, dejó a Leo solo en su oficina con una orden estricta: *"No toques nada"*.
Pero Leo no era un chico de seguir órdenes. Aburrido de las derivadas, empezó a curiosear en la estantería del fondo, donde Elias guardaba cajas de su época universitaria que nunca habían sido desempacadas del todo. Entre pesados libros de macroeconomía, Leo encontró algo que no encajaba: un cuaderno de tapas gastadas, con una caligrafía delicada y dibujos de funciones matemáticas en los márgenes.
— No puede ser... —susurró Leo al abrir la primera página.
> *Propiedad de: Mia Thorne. (Si lo encuentras, por favor devuélvelo. Hay más números aquí que sentimientos, pero los sentimientos que hay son importantes).*
Leo pasó las páginas con rapidez. No era solo un diario; era el mapa del tesoro del corazón de Mia. Leyó sobre su amor por el té de jazmín, su miedo irracional a los globos amarillos y, lo más importante, su confesión sobre lo "fascinante" que encontraba a Elias.
— Así que mi hermano mayor, el gran CEO, es un ladrón de diarios —una sonrisa traviesa cruzó el rostro de Leo—. Y lo tiene guardado como un trofeo.
**El Juego de Leo**
Cuando Mia regresó a la oficina, traía consigo un té negro estándar que Elias siempre le pedía por inercia. Elias estaba sentado tras su escritorio, recuperando su máscara de indiferencia.
— Mia, gracias por la ayuda con las mates —dijo Leo, levantándose y guiñándole un ojo—. Por cierto, antes de irnos... ¿no te apetecería un té de jazmín? Con dos terrones de azúcar, como te gusta a ti.
Mia se quedó paralizada con la mano en el pomo de la puerta. Se giró lentamente, con los ojos muy abiertos.
— ¿Cómo lo sabes? Nunca pido jazmín en la oficina porque Elias prefiere el olor del té negro...
Elias levantó la vista bruscamente. Su bolígrafo se detuvo sobre el papel. Esa información estaba en el diario. El diario que él creía perdido en la mudanza, pero que en realidad había estado oculto en su propia oficina.
— Solo fue una corazonada —mintió Leo, disfrutando del momento—. También sé que odias el color de esos resaltadores amarillos que Elias te obliga a usar. ¿Por qué no compramos unos neones rosas o azules? Son más... "tú".
**El Descontrol de Elias**
Elias sintió que el aire se volvía pesado. Ver a Leo usar los secretos de Mia para ganarse su confianza era como ver a alguien hackear su sistema más privado.
— Leo, basta. Vete a casa —dijo Elias, su voz vibrando con una furia contenida que Mia no comprendió.
— Tranquilo, hermano. Solo trato de ser amable con la chica que te aguanta todo —Leo se acercó a Mia y le susurró algo al oído que la hizo sonreír de esa manera especial que Elias no veía desde hacía años—. Nos vemos mañana para la siguiente "lección", Mia.
Cuando la puerta se cerró tras Leo, el silencio en la oficina era ensordecedor. Mia miraba a Elias, esperando la reprimenda habitual por la distracción, pero lo que vio la dejó sin palabras. Elias no estaba mirando sus informes; la estaba mirando a ella con una intensidad posesiva y oscura.
— No quiero que vuelvas a asesorar a mi hermano —soltó Elias de repente.
— ¿Qué? Pero Elias, está a punto de reprobar y...
— **He dicho que no** —se levantó, rodeando el escritorio con pasos lentos y decididos, acorralándola contra la puerta—. Leo es una distracción. Tú eres mi mano derecha. Tu tiempo me pertenece a mí, no a sus caprichos infantiles.
Mia sintió el calor que emanaba del cuerpo de Elias. Estaba tan cerca que podía oler su perfume a madera y éxito. Su arrogancia era la misma de siempre, pero había algo nuevo en sus ojos: **miedo**. El miedo de un hombre que se ha dado cuenta de que alguien más tiene la clave de la caja fuerte que él ha estado protegiendo durante una década.
— Estás siendo irracional, Elias. Es solo matemáticas —susurró Mia, con el corazón latiendo a una velocidad que ninguna calculadora podría registrar.
— Con Leo, nunca es "solo" matemáticas —respondió él, acercando su rostro al de ella—. Y no voy a permitir que nadie más aprenda tus variables antes que yo.
Elias se alejó bruscamente, dejándola temblando. Sabía que Leo tenía el diario. Y sabía que si no recuperaba ese cuaderno pronto, Leo no solo le enseñaría a Mia que él era un ladrón, sino que le daría a ella la dulzura que Elias nunca supo expresar, robándole así la única constante de su vida.