El Algoritmo De Tu Silencio

Capítulo 3: La Competencia de las Constantes

El plan de Elias para el día siguiente era simple en el papel, pero catastrófico en la práctica: neutralizar la influencia de Leo demostrando que él también podía ser considerado, atento y... "dulce".

**El Desastre del Jazmín**

A las ocho de la mañana, Mia entró en la oficina cargando su tableta y su habitual libreta de notas. Se detuvo en seco al ver el escritorio de Elias. En lugar de su habitual taza de café expreso doble, negro y amargo, había una taza de porcelana fina de la que ascendía un vapor con un aroma inconfundible.

— ¿Té de jazmín? —preguntó Mia, parando confundida.

Elias carraspeó, acomodándose el nudo de la corbata de seda con excesiva rigidez. No la miró a los ojos; mantuvo la vista fija en su pantalla de telemetría financiera.

— El té negro altera el sistema nervioso y reduce la productividad de la oficina en un 4.2% a largo plazo. El jazmín es un relajante natural. Tómalo —ordenó, con el mismo tono autoritario con el que exigiría un balance de cuentas.

Mia tomó la taza. Dio un sorbo y arrugó ligeramente la nariz.

— Está... muy dulce, Elias.

— Tiene dos terrones de azúcar. Exactamente el estándar de saturación de glucosa que... —Elias se detuvo de golpe, dándose cuenta de que casi revela de dónde había sacado el dato—. Que considero eficiente para el cerebro humano a esta hora del día.

Mia lo observó con una mezcla de desconcierto y una pizca de ternura. Aquello era absurdamente extraño, pero ver al gran e imperturbable Elias Thorne intentando justificar científicamente dos cucharadas de azúcar en su té era, sin duda, lo más humano que le había visto hacer en años.

**Infiltración en Territorio Enemigo**

La verdadera operación comenzó esa misma noche. Elias sabía que no podía dejar que el diario permaneciera en manos de Leo ni un segundo más. Aprovechando que su hermano menor se había ido a una fiesta universitaria, Elias utilizó su llave de repuesto y se infiltró en el apartamento de Leo.

La habitación de su hermano era el caos personificado: ropa tirada, apuntes de cálculo III esparcidos por el suelo y cajas de pizza vacías. Elias, con sus impecables guantes de piel negros, comenzó a registrar el lugar con precisión quirúrgica.

Buscó en los cajones, debajo del colchón, detrás de los libros de texto. Nada.

Justo cuando estaba a punto de revisar el armario, la puerta del apartamento se abrió. Elias se tensó al escuchar la voz de Leo, pero no venía solo.

— ...y te juro, Mia, que si logro entender las malditas matrices, te invitaré a cenar a ese pequeño local de comida italiana antigua que tanto te gusta —decía la voz de Leo desde el pasillo.

— Primero aprueba el examen, Leo —respondió la risa dulce de Mia, acercándose a la entrada.

Elias maldijo en silencio. Estaba atrapado en el dormitorio de su hermano. Sin más opciones, se deslizó rápidamente detrás de las cortinas del ventanal, conteniendo la respiración mientras la luz de la habitación se encendía.

#### **El Espía Detrás de la Cortina**

Leo entró a buscar unos apuntes que había dejado sobre el escritorio. Mia se quedó en el umbral de la puerta, mirando con curiosidad el desorden de la habitación.

— Oye, ¿has visto mi cuaderno de notas de cálculo? —preguntó Leo, revolviendo unos papeles justo al lado de la cortina donde Elias se ocultaba. El CEO podía sentir el pulso acelerado en su propia garganta. Si lo descubrían allí, su reputación, su dignidad y su control sobre Mia se desintegrarían en un instante.

De repente, el teléfono de Mia vibró.

— Leo, tengo que contestar esto. Es del departamento de logística de la empresa. Te espero en la sala.

— Vale, ya voy.

En cuanto Mia se dio la vuelta, Leo soltó una risa silenciosa y metió la mano en la funda de su almohada. Sacó el diario de tapas gastadas de Mia, lo contempló con una sonrisa de victoria y lo guardó rápidamente dentro de su chaqueta antes de apagar la luz y salir de la habitación.

Detrás de la cortina, Elias abrió los ojos en la penumbra. La furia y los celos lo recorrieron como una descarga eléctrica. Leo no solo tenía el diario; lo llevaba consigo a todas partes como un escudo de armas para acercarse a Mia.

La ecuación había cambiado. Elias ya no solo tenía que recuperar un cuaderno de papel; tenía que reclamar a la chica antes de que su hermano menor descifrara por completo la última página de su corazón.




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