La revelación de la verdad eliminó de golpe los años de frío corporativo. Ya no había espacio para los informes financieros, las distancias calculadas ni los contratos de trabajo. Elias Thorne, el hombre que controlaba un imperio, finalmente se encontraba en un terreno donde la única regla era la honestidad más pura.
El silencio que siguió a la confesión de Elias fue el más largo de su vida. Leo, dándose cuenta de que su travesura había desencadenado algo mucho más grande y real de lo que esperaba, recogió su mochila del suelo discretamente y retrocedió por el pasillo, cerrando la puerta doble de la oficina para darles privacidad.
Elias permaneció de pie frente a Mia, con los puños ligeramente apretados a los lados, sintiendo una vulnerabilidad que nunca antes había experimentado.
— Durante diez años he sido una máquina, Mia —confesó él, su voz más suave, desprovista de toda la arrogancia ejecutiva—. Pensé que si controlaba cada variable de esta empresa, si te hacía indispensable para mí en el trabajo, nunca tendrías una razón para irte. Pero me equivoqué de fórmula. Te convertí en mi mano derecha cuando lo que siempre quise fue que fueras mi compañera.
Mia miró el cuaderno que sostenía entre las manos y luego lo miró a él. Sus ojos dulces, habitualmente tranquilos, brillaban con una mezcla de emoción y alivio.
— Eres un genio para los negocios, Elias, pero un completo desastre para las relaciones —dijo ella, dando un paso hacia él—. ¿De verdad pensaste que necesitaba un manual de instrucciones para quererte?
Elias parpadeó, sorprendido.
— ¿Qué?
— Me aguanté tus plazos imposibles, tus silencios y tu frialdad no porque fuera una empleada eficiente, sino porque desde la universidad he estado esperando a que el chico brillante de la biblioteca tuviera el valor de mirarme de verdad —Mia acortó la distancia que los separaba, quedando a solo unos centímetros de su pecho—. No necesitabas robar mi diario para saber lo que me gustaba. Solo tenías que preguntarme.
La rigidez de Elias se desvaneció por completo. Por primera vez, una sonrisa genuina, cálida y desarmante, transformó su rostro afilado. Extendió la mano con timidez, pero con una firmeza posesiva que ya no daba miedo, sino seguridad, y acarició la mejilla de Mia.
— Entonces, empecemos de nuevo —susurró él, inclinándose hacia ella—. Sin diarios robados. Sin contratos laborales de por medio.
— ¿Y cuál es la nueva propuesta, CEO Thorne? —preguntó ella, con una chispa de diversión en los ojos.
— Una sociedad ilimitada —respondió Elias justo antes de acortar la distancia por completo y besarla con toda la intensidad, el anhelo y el amor acumulado que había guardado bajo llave durante una década. Fue un beso que no necesitaba cálculos, porque la química entre los dos era absoluta.
Un Nuevo Algoritmo
Un mes después, el escritorio de la asistente de presidencia estaba vacío. Mia ya no trabajaba *para* Elias; ahora trabajaba *con* él. Su nueva oficina estaba conectada directamente a la de él por una puerta de cristal que permanecía abierta todo el tiempo.
Sobre el escritorio de Elias ya no había café negro amargo, sino dos tazas de té de jazmín que inundaban el ambiente con su aroma dulce. Y en una de las repisas principales de la oficina, justo al lado de los premios empresariales y los balances anuales, descansaba un cuaderno de tapas gastadas.
Elias ya no necesitaba abrirlo para saber qué pensaba Mia. Le bastaba con levantar la vista, verla sonreír y saber que, tras tantos años de silencios y números, finalmente había resuelto la ecuación más importante de su vida.
FIN.
una mini novela corta para empezar <3.R.M