El Alma de Pandora - Ruta: Kai el Cazador

Capítulo 1: Kai el Cazador

Al abrir mis ojos, me encontraba en un pueblo abandonado. No encontré explicación alguna del porqué estaba allí, solo supe que era un lugar solitario y siniestro. El viento soplaba meciendo las ramas de los árboles los cuales solo tenían hojas secas y el lúgubre aspecto de aquellas casas solo me hacían recordar a una película de terror. A pesar de que el cielo tenía un tono gris, podía ver todo con claridad.

—¿Y esta daga? —dije en voz baja al verla a mi lado.

Estaba sentada en aquel frío suelo. Tomé aquella daga y al ver su hoja noté un inmenso brillo, estaba tan lustrada que podía ver el reflejo de mis ojos. Me sorprendí al ver que eran de color rojo y desprendían un gran resplandor.

Me levanté y sacudí con mis manos el pantalón que traía puesto. No era el tipo de ropa que solía llevar en absoluto. Vestía una camisa blanca con mangas holgadas que estaba ajustada a la cintura con un corset, aunque apretaba; me gustaba como resaltaba mi figura, pero solía usar ropa más cómoda para mi día a día. También las botas que tenía eran muy largas y pesadas.

Me dejé de distracciones y comencé a caminar con esperanzas de encontrar a alguien. Muy pronto llegó mi desgracia cuando empecé a escuchar gruñidos desde el bosque. Vi cómo salía desde la oscuridad un monstruo de gran altura, caminaba en dos patas y tenía la apariencia de lobo. Lo más razonable en este tipo de casos sería huir de aquella bestia, pero, en tal situación; el miedo no me dejaba pensar, mi cuerpo temblaba y sentía como querían salir las lágrimas.

Aquella criatura se apresuró a mí. Fue tanto el temor que caí al piso, giré mi rostro e intenté cubrirme con mis brazos. No sentí nada, solo escuché un fuerte ruido y un espeso líquido derramarse en el suelo. Así que abrí mis ojos y frente a mí; había un hombre de gran estatura el cual me estaba dando la espalda, sus hombros eran anchos y traía una espada cubierta en sangre; a pesar de todo, lo que más llamó mi atención fue su larga cabellera; tan roja e intensa como aquel rojo carmesí que pintaba su espada. Giró su rostro para verme, me sentí intimidada al ver sus ojos, al igual que los míos eran de un tono rojo, pero no desprendían nada de brillo, más bien... parecía un tono opaco.

Por un momento pensé que estaba a salvo, hasta que me señaló con su espada. No llegué a pensar que aquel hombre que había salvado mi vida de aquel monstruo me apuntaría con la misma arma.

—Te he estado buscando —dijo con un tono rudo e intimidante—. Eres una amenaza para este mundo.

¡Este idiota! ¿Me salvó y ahora dice que soy una amenaza?

—Acaso... —Inclinó un poco hacía la derecha su cabeza—, ¿no eres consciente de lo que tu existencia ha provocado?

¿¡Qué le pasa, acaso está loco!? Tengo que escapar, ¡Ahora!

Tomé la primera piedra que pudo alcanzar mi mano y se la tiré a la cabeza. La atrapó sin esfuerzo alguno pero al mismo tiempo le lancé la daga y la repelió con su espada, aproveché esa pequeña distracción para escapar. Mientras corría a aquel oscuro y siniestro bosque escuché sus advertencias:

—¿Pretendes huir de un cazador? —se burló—. Adelante, escóndete.

¿Un cazador? ¿Aquel hombre es un cazador? lo que faltaba. Creo no me está siguiendo, pero no debo dejar de correr.

Al rato ya estaba muy cansada por lo que decidí buscar un escondite. Encontré una pequeña cueva en lo más profundo del bosque y me adentré.

Estaba inmóvil, en una esquina y cada vez se hacía más oscuro; lo cual era aterrador ya que de por sí no entraba mucha luz en la cueva. Pude haberme quedado un largo tiempo allí, pero de repente sentí como algo caminaba por mis pies, así que grité muy fuerte. No puedo ni ver una cucaracha, ¿cómo pretendes que me quede a hacerle compañía a ese bicho? Creo que era un ciempiés. ¡Qué horror!

Salí de aquella cueva, no por aquel bicho; es que necesitaba buscar un lugar más seguro. Quien sabe que otras criaturas podrían aparecer en este espeluznante bosque. ¡Ah! y el cazador también, él podría encontrarme.

Mientras caminaba, escuché el crujido de unas ramas detrás de mí, no sabía si era él o algún animal, pero no quería descubrirlo. Nuevamente comencé a correr, pero, por la oscuridad; no pude ver un tronco caído que estaba justo frente a mí y como una estúpida tropecé. Me di un fuerte golpe en la cabeza que me dejó inconsciente y al despertar, mis manos estaban atadas. Frente a mí estaba aquel cazador, ya me había atrapado. Miré a mi alrededor y había muchos barcos y el gran océano, parecía un puerto. No creo que vaya a hacerme daño con tantos ojos en la mira, pensé. El lugar estaba muy poblado y todos vestían como si se tratase de una historia de época, aún así, aquella extraña situación me resultaba familiar.

—Enserio que eres lamentable —me miró con decepción—. Así no es divertido jugar.

—¡Déjame ir! —dije molesta.

—¿Ahora tienes agallas? —se burló—. ¿Acaso crees que esta gente va a ayudarte? —miró alrededor con desprecio.

Me puse nerviosa al escuchar aquellas palabras. No podía olvidar que aquel hombre fue el mismo que mató a una terrible bestia de un solo corte.

—A partir de ahora no dirás ni una palabra —dijo mientras me tomaba bruscamente del brazo—. Ya estás despierta, así que camina. Eres muy pesada.

¿¡Cómo se atreve!?

—Iremos al imperio de Lúa, allí estarás a mi cargo —me miró fijo a los ojos—. Luego decidiré qué haré contigo.

¡No! ¡No puedo permitir que me lleve!

—Gritaré como loca si no me sueltas —lo amenacé.

—¿Eso harás? —preguntó con indiferencia.

—Sí —le respondí desafiante.

El cazador me agarró las piernas y me elevó hasta su hombro.

—¡Tú, suéltame! —empecé patalear y a golpearle la espalda—. ¡¿No dijiste que era pesada?!

Al ver que no se inmutaba en absoluto pedí ayuda.

—¡Me están secuestrando! —dije sin parar de moverme.

Todos miraban pero nadie movía un solo dedo para ayudarme, lo que hizo que todos mis esfuerzos fueran en vano. Subió al gran barco en donde un hombre se nos acercó muy apresurado.




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