—¿¡Qué es eso!? —preguntó el vendedor aterrorizado, y sin dudarlo comenzó a correr.
Un monstruo salió disparado de aquella grieta hacia nosotros, Kai me sostuvo y se movió al instante para esquivarlo. Aquella criatura había destruído la tienda por completo y al volver estabilizarse volvió a atacar. Kai se quitó la túnica y desenvainó su espada.
De aquella espada empezó a emanar un inmenso fuego, y sin esfuerzo alguno cortó a la criatura en dos.
—¡Rina! —Kai llamó a la doncella la cual apareció en un instante—. Dile a los guardias que evacúen el lugar.
—Sí, majestad. —Luego se retiró para obedecer las órdenes del emperador.
¡Tengo mucho miedo! No podía ni gritar del terror y mis lágrimas no paraban de salir.
—Merari —me llamó—. Debes mantener la calma.
La grieta se expandía más y más. Y los monstruos comenzaban a salir.
—Solo no te alejes de mí —me pidió.
Sin poder hablar, simplemente asentí. Al ver mi respuesta blandió su espada cubierta en fuego y comenzó a pelear contra las bestias. No podía moverme aunque quisiera, el miedo me paralizaba.
Kai mataba aquellos monstruos sin esfuerzo alguno, pero no paraban de salir. Tiempo después llegaron refuerzos, solo eran dos, pero tenían una gran fuerza, parecían unos expertos en batallan; no permitían que los monstruos se acercasen a mí.
—¡Su Majestad! —dijo uno de ellos, el que tenía una cicatriz en su rostro—. ¡Lamentamos la demora!
Escucho pasos, pasos muy grandes, algo se acerca a la grieta. Mi cabeza y mi pecho duelen cada vez más.
No pude mantenerme de pie y caí de rodillas mientras mantenía mi mano en mi pecho.
—Les encargaré el resto —dijo el emperador. Luego se acercó a mí y levantó mi rostro con sus manos—. Merari, tienes que calmarte. Respira.
¿¡Por qué quieres que me calme!? ¿¡Cómo quieres que me calme!?
—Algo viene... —dije nerviosa. Luego desvié mi mirada a aquella grieta.
—¡Majestad! —gritó uno de los guerreros—. ¡La brecha se está extendiendo!
—Una espectro —mencionó Kai.
Una criatura colosal comenzó a surgir, tenía una forma esquelética que emanaba un gran humo negro por todo su cuerpo. Giró su cabeza hacia mí. En vez de ojos se mostraban dos cuencas oscuras y vacías, su boca era enorme, rodeada de largos y afilados dientes. Su rugido era tan fuerte que resonaba en mi cabeza.
El emperador tomó su espada y atacó a aquel monstruo, pero cada vez que lo cortaba, la sombra negra volvía a unir sus huesos. Ni siquiera sus llamas lo quemaban.
—Ve —oí una suave pero firme voz detrás de mí—. Si no lo haces, Kai morirá.
¿Qué?
Detrás de mí había un hombre cuyos ojos eran dorados, emanaba un aura tan divina que no parecía humano.
—¿Qué debo hacer? —pregunté con voz temblorosa.
Se acercó a mí y puso sus manos sobre mis hombros.
—Solo tienes que aferrarte a él —me indicó.
No se de donde, pero para mi sorpresa, agarré un poco de valor y corrí hacia Kai. No sabía que debía hacer, solo tomé el brazo del emperador y me aferré a él.
—¡Merari! —me gritó—. ¿¡Qué estás haciendo!? ¡Es peligroso!
La bestia se abalanzó con mayor impulso hacia nosotros, Kai cortó una de sus extremidades y el monstruo retrocedió mientras gruñía de dolor. Para mi sorpresa, no pudo recuperarse.
—Ahora comprendo —Luego me alzó para cargarme con su brazo—. Agárrate con fuerza.
A pesar de estar confundida, lo rodeé con mis brazos y lo sostuve firmemente. El monstruo volvió a atacar; pero Kai, un corte limpio, le degolló la cabeza. Aquel humo negro se desprendó por completo del mounstruo haciendo que quedase solo un montón de huesos dispersos en el suelo y luego se esfumó por la grieta.
Kai clavó su espada al suelo y con esa misma mano apuntó hacia la brecha. Convocó una enorme ráfaga de fuego que salió disparada hacia la grieta. Quemó a todas las criaturas a su paso y la oscura brecha comenzó a quemarse, se cerró poco a poco hasta desaparecer por completo.
—¡Su Majestad, logró cerrar la brecha! —gritó el de la cicatriz—. Es la primera vez que conseguimos algo así.
—No fui yo quien cerró la brecha —negó Kai—. Merari, ¿te encuentras bien?
—¡No! ¡Me siento fatal! —dije mientras lo abrazaba— Estaba muy asustada.
Kai puso su mano en mi espalda para consolarme.
—Ya todo pasó, estás a salvo. ¡Jung! —llamó a uno de sus subordinados—. Trae un caballo.
—A la orden, Su Majestad —respondió.
Cuando trajeron el caballo, Kai y yo subimos juntos para dirigirnos de vuelta al palacio. Mi cuerpo estaba agotado. No me importaba nada, solo quería quedarme a su lado para que ningún otro mostruo me atacara.
Tengo mucho sueño, quiero... cerrar mis ojos... Y terminé en un profundo sueño.
¿Dónde estoy? ¿No es este el Palacio de Jade?
Estaba en mi habitación. Era de noche y sostenía una vela en mi mano. Frente a mí, estaba el espejo de mi recámara, por alguna razón no podía dejar de ver mi reflejo.
—Tienes que dejarme salir —escuché.
¿Qué? ¿Acaso acaba de hablarme mi reflejo?
—Solo permíteme entrar —pidió.
¡No! No puedo moverme. Es como si una fuerza me retuviera. ¡Ay no! ¡Un fantasma! ¡Ayuda! No puedo hacer nada.
Temblaba del miedo. En su rostro se formaba una macabra sonrisa y sus ojos se tornaron de un rojo brillante. Atravesó el espejo con sus manos para estrangularme.
—¡Ah! —grité al despertar.
Sentía como mi cuerpo ardía y no dejaba de transpirar. Estaba tan agitada que no podía pensar con claridad.
—¡Señorita! —gritó Rina. Luego pasó un paño húmedo con pequeños toquecitos en mi rostro—. Tranquila, ya todo está bien.
—Rina... —Empecé a ver con más claridad, intenté mantener la calma y respirar despacio—. Tuve una pesadilla horrible.
—Pero ya está despierta —dijo con una amable sonrisa—. Solo deje de pensar en eso, mi señorita.
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Editado: 22.01.2026