El Alma de Pandora - Ruta: Kai el Cazador

Capítulo 2: La brecha

—¡Su majestad! —alzó la voz—. ¿¡Dónde rayos estaba!? Ya empiezan a sospechar del Fénix.

—¿No era un invitado del emperador? —pregunté confundida.

—Su Majestad el emperador, niña —me corrigió mientras me miraba con desaprobación.

—No soy una niña —le respondí—. Ya tengo dieciocho años.

Me miró unos segundos y luego se giró para ver a Kai:

—Majestad —dijo—, ¿por qué trajo a esta niña grosera?

¿Cómo se atreve? ni siquiera me presta atención.

—Chang Liu, llévala al palacio de jade —ordenó.

—¡Su Majestad! No puede hacer eso —reclamó—. Ese lugar le corresponde a la primera concubina.

¿¡Cómo!?

—Chang —dijo con voz fría.

—Lo lamento Majestad. —Inclinó su cabeza—. He sobrepasado el límite.

Mejor no digo nada, solo los miraré. Siento como si esta tensión me estuviera ahorcando.

—Es unos de los palacios más cercanos al mío, además, nadie ocupa ese puesto —explicó—. Me retiraré a mis aposentos así que encárgate del resto.

¿Así sin más y me dejas con este señor? Nos miramos con desaprobación.

Kai se retiró dejándonos a los dos solos. Chang comenzó a caminar sin decir ni una sola palabra, así que supuse que debía seguirlo. Fue muy incómodo, él caminaba rápido e intentaba no quejarme y seguir sus pasos, aún así, no tiene derecho a tratarme así, no es mi culpa que su extraño emperador tome esas decisiones. ¿Las concubinas no son como esposas del emperador o algo así? ¡Qué horror! ¿Qué mujer compartiría su esposo?

Luego de andar un largo tiempo por un camino iluminado por linternas, llegamos a un lugar enorme y oscuro.

—Hemos llegado —dijo Chang, luego me pasó la lámpara que tenía en su mano y se dio la vuelta para irse.

—¡Señor Chang! —lo llamé—. ¿¡Me dejará así sin más!?

Se gira un poco y me dice:

—Te traje hasta aquí —respondió—, así que encárgate del resto.

Se fue y me dejó aquí sola en un palacio frío y oscuro. Ese idiota, como lo odio; ni siquiera hace bien su trabajo.

Por suerte el lugar está completamente limpio, ¡mierda, odio la oscuridad! Cálmate todo está bien...

—¡Ah! —grité del susto—. Ah, solo es un cuadro.

Reí nerviosa al ver que no era nada tenebroso, solo era la pintura de una mujer.

—Guao, qué retrato tan detallado —acerqué la lámpara y lo admiré por un breve momento—. Qué mujer tan hermosa.

Luego entré a varias habitaciones pero no encontré ninguna cama, solo había colchas y sábanas. Parece que duermen en el piso. Ni modo, veré cómo lo hago.

Llené el piso de sábanas, todas las que encontré. Hacía mucho frío, por lo que no tuve de otra más que acostarme y envolverme como un burrito, luego miré la lámpara y le dije:

—Oye, no te apagues por favor —le rogué—. Eres mi única compañía.

Cerré mis ojos y me dormí casi de inmediato, estaba agotada por todo lo que había ocurrido así que tenía que descansar. A la mañana siguiente me sentía tan cálida, al abrir mis ojos había un pequeño brasero encendido. ¿Quién lo habrá puesto allí?, me pregunté.

Caramba, me dormí con esta ropa sucia, seguro manché las sábanas, aunque no había nada más que ponerme.

—¿Señorita, está despierta? —preguntó una mujer desde afuera de la habitación—. Voy a pasar.

Al entrar, justo detrás de ella venía Chang.

—Qué desorden hay aquí —dijo Chang al ver la habitación llena de sábanas.

Bueno... Hice lo mejor que pude.

—Rina, lamento que tengas que hacer esto —le dijo a aquella joven.

—Solo soy una mera sirvienta —opinó—. Este es mi trabajo.

Aquella sirvienta de nombre Rina, se acercó para tomar el brasero. Chang se apresuró a tomarlo.

—Deja que me encargue —le pidió.

—Este no es un trabajo que el primer ministro deba hacer —sugirió—. Deje que cumpla con mis obligaciones.

¿Entonces Chang es el primer ministro? Increíble, mira cómo la mira. No puede ser más obvio; acaso... ¿un amor prohibido?

—Ah, si el ministro Chang no me hubiese dejado sola en este palacio tan frío y oscuro, no estaría tan desordenado —dije con pesar.

Tengo que vengarme de alguna forma.

Rina le lanzó una mirada de odio a Chang y después se disculpó conmigo por no haber estado antes. Chang me observó con desprecio.

No me mires, tú te lo buscaste.

—Ministro Chang, la señorita necesita prepararse —expresó ella—. Le pido que se retire, por favor.

Después de retirarse y haber culminado con mi mezquina venganza, Rina me preparó un relajante baño caliente con flores de jazmín. Luego vestí un hermoso vestido que tenía un gran parecido al estilo oriental, un hanfu. Era azul con pequeños y detallados diseños de flores y un sobretodo blanco traslúcido.

—Se ve hermosa —Rina me guio al espejo—. Mírese.

Wao ¿Esta soy yo? Por supuesto. Al fin salí de aquel lamentable estado en el que estaba. Quién diría que me quedaría tan bien este tipo de vestimenta, estoy fascinada. Espera... ¿No tenía los ojos rojos? han vuelto a ser castaños. Juraría que mis ojos eran rojos cuando vi la daga.

—Venga, siéntese —me pidió—. Es hora de peinarla.

—No, no, no —me negué—. Este pelo no se puede peinar, fue muy difícil desenredarlo en la ducha.

—Deje que lo intente —insistió.

Rina, tomó un cepillo e intentó pasarlo por mi cabello, pero, no bajó ni un centímetro. No esperaba nada, ni mucho menos de un cepillo de cerdas tan suaves. A diferencia de Rina que tenía un hermoso y sedoso cabello, el mío era rizo y difícil de manejar. A pesar de que llevaba un peinado, se notaba su extremadamente lacia cabellera. Pobrecita, seguro no sabe qué hacer, pensé. Hice lo posible para contener la risa.

—Déjalo así, lo amarraré cuando esté seco —propuse.

—Pero... —dudó.

Verdad, no conozco casi nada de esta cultura.

—Desde que llegué no he visto una mujer con el cabello suelto —opiné—. Lo tienen algo recogido o con trenzas. ¿Acaso no está bien visto?




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