Estaba de pie junto a los cuerpos inertes que yacían en el suelo. Llevaba puesta su blanca ropa de dormir, la cual estaba manchada con sangre. Su cabello era de un negro intenso y caía en cascada, suelto y lacio, hasta llegar a su cintura. En su mano sujetaba una daga ensangrentada, y vi cómo las gotas rojas caían al suelo mientras formaba un pequeño charco.
—Rina, —la llamé asustada—. ¿Acaso tu...?
Levantó su mano y lanzó la daga en un instante. Ni siquiera fui capaz de verla, pero sentí como una briza rozó mi mejilla:
—¡Ugh! —Escuché un grito ahogado detrás de mí.
Al darme la vuelta, vi a un hombre con el rostro tapado tendido en el suelo. Aquella daga...
—¡Buagh! —regurgité al ver aquella escena. Mis ojos estaban llorosos a causa de las náuseas.
—Ese era el último —dijo Rina.
—¿¡Último qué!?
—Asesino. —Se acercó lentamente hacia mí.
—¡No! —Retrocedí— ¡Aléjate!
Corrí sin parar hasta llegar a la habitación, fui a mi cama y me cubrí con las sábanas. Escuché pasos acercándose cada vez más. La puerta de la habitación fue abierta por ella y sentó justo frente a mi cama.
—Señorita —me llamó—. Me quedaré aquí hasta el amanecer, podrían venir más por usted.
No tengo el valor para verla. Aquello que vi fue tan horrible. ¿Qué debería hacer? No quiero dormir, pero tampoco quiero estar despierta. Ya no sé que es peor.
Después de un largo tiempo, moría del calor. Me estaba asfixiando debajo de las sábanas, así que saqué mi cabeza. A mi lado se encontraba Rina sentada, me estaba mirando fijamente, era muy escalofriante verla cubierta en sangre. Me senté mientras y respiré profundo.
—Deberías ir a limpiarte —le sugerí—. ¿No te sientes incómoda?
—No puedo dejarla sola —respondió con un tono cortante—. Sé que quiere que me vaya, pero no puedo hacerlo, señorita.
Volví a recostarme y me di la vuelta para no verla. Fue así hasta que, al amanecer, escuché movimiento afuera. Parecía un gran grupo de personas por todos los pasos y movimientos:
—¡Hay alguien ahí! —Me giré.
—Deben estar limpiando —dijo—. Espere un poco más.
Poco después, escuché pasos apresurados acercándose a mi habitación. Chang abrió la puerta de un tirón. Tenía los ojos muy abiertos y una expresión de sorpresa y preocupación en su rostro.
—¿¡Qué sucedió aquí!? —preguntó, mirando a su alrededor y observando todo con atención.
Rina se levantó para dirigirse a la salida.
—Iré a lavarme.
—Está bien... —dijo Chang.
Aproveché que estábamos los dos solos:
—¡Ministro Chang! —dije enojada.
—¿Qué sucede? —preguntó tranquilamente.
—"¿Qué sucede?" —Mostré indignación—. Hay muertos por doquier. Esto es un desastre.
—Solo fue un desafortunado incidente que se pudo resolver sin problema alguno.
—¿Sin problema alguno? ¡Me trajo una asesina! —Entré en pánico—. Todos esos cuerpos, y ella... lanzó un cuchillo, había alguien atrás de mí...
Estaba lanzando ideas sin sentido, así que me interrumpió:
—¡Ush! Baja la voz —susurró—. Tienes que calmarte. Rina no es una asesina, solo te estaba protegiendo.
La conversación continuó en susurros:
—¡Creo que mató a más de diez hombres afuera! —exclamé.
—¡Ellos vinieron a asesinarte! —se quejó—. ¿No te das cuenta?
—¿¡Por qué si no he hecho nada!? —grité con desesperación, sintiendo cómo mi voz se desgarraba en mi garganta. Sentí un nudo en mi estómago y lágrimas ardiendo en mis ojos—. ¿Por qué tendría a alguien que quisiera matarme? No lo entiendo...
—Exacto, es porque no lo entiendes —respondió enojado—. Deberías darle las gracias a Rina. Sólo eres una niña malagradecida.
—¡Yo no soy...!
Puede que sí. Pensándolo bien, de no ser por ella tal vez estaría muerta, pensé. Pero aquella gráfica escena nublaba mi juicio.
—Eso. —Se percató que estaba reflexionando—. Debes pensar con claridad. —Suspiró—. Sabes, esto no es fácil para ella; ha vivido toda su vida de esta forma y no quería que la vieras en ese estado.
—¿Por qué?
—No quería asustarte. Solo deseaba acercarse a ti sin que le temieras.
—Pensé que solo era una doncella, tenía una imagen totalmente distinta de su persona...
—Rina se esforzó mucho en aprender lo necesario en muy poco tiempo para poder servirte correctamente; así que, por favor, no seas tan ruda con ella y date la oportunidad de conocerla.
No le di respuesta alguna. Luego se dio la vuelta, abrió la puerta de la habitación y antes de irse dijo:
—Te recomiendo que no salgas hasta que terminen de limpiar. Investigaremos a fondo este asunto, así que por favor, necesito que cooperes.
Me sentí sermoneada. Intenté aguantar pero no pude soportarlo más. Monstruos, asesinos, pesadillas muy vividas; no sabía que podía pasar después.
Quiero irme de aquí y regresar a mi mundo, pero, no sé siquiera dónde empezar. ¿¡Qué rayos debo hacer!? ¿Estaré atrapada aquí para siempre?
—Me quiero ir. —Sollocé mientras abrazaba mi almohada y lloraba sin parar—. ¡Quiero ir a casa! ¡Ni siquiera he tenido mi fiesta de graduación!
¡Qué mala suerte tengo! ¿Mis amigas ya se habrán graduado? Solo llevo cinco días en este lugar, pero no puedo recordar lo que pasó antes de llegar a este extraño mundo.
Perdí mucho tiempo divagando en mis pensamientos, arrepintiéndome de todas las cosas que no hice y las que me quedaron por hacer. Me sentía como una forastera en un mundo al que no pertenecía.
—¡Señorita! —me llamaron a gritos desde afuera..
—Baja la voz —escuché la voz de otro hombre.
Me levanté de mi cama para ver de quien se trataba. De camino, noté que todo estaba limpio, como si no hubiese sucedido nada. Al salir, habían dos personas:
—¡Ves, Jung! Te dije que si estaba —dijo un hombre con una cicatriz en el rostro.
—¡Tú! —Lo señalé al reconocerlo—. Te vi aquella noche. —Me giré para ver al otro—. Y a ti también. Vinieron a ayudar al Emperador cuando la brecha se abrió.
#1987 en Fantasía
#6269 en Novela romántica
viaje a otro mundo, amor y aventuras, misterio y pasado oscuro
Editado: 22.01.2026