El Alma de Pandora - Ruta: Kai el Cazador

Capítulo 10: Primera Cita

—¡Lo recordaste! —exclamé emocionada al escuchar que tendríamos nuestra cita.

—Por supuesto. —Deslizó su mano en mi mejilla.

—Esta es una escena difícil de mirar. Ver a Kai siendo tan amable me da escalofríos. —Gerón se cruzó de brazos simulando terror.

—No llames a Su Majestad por su nombre —dijo Rina enojada—. Ten respeto o te cortaré la garganta.

—Eres una mujer sádica. ¿No somos amigos?

—Vamos, Merari.

—¡Si, Majestad! —dije con una sonrisa de lado a lado.

—¡Ah! ¡Señorita! —Rina corrió hacia mí—. Deme la daga, la guardaré. Disfrute su cita.

—¡Suerte! —Gerón se despidió sacudiendo su mano.

—¡Adiós! —también me despedí.

—Rina, ¿no quieres tener una cita conmigo? Es un día hermoso, ¿no?

Mi doncella con el ceño fruncido se volteó a verlo, parecía enojada. Gerón hizo una mueca deslizando sus dedos cerca de sus labios, cerrándolos como si fuera una cremallera, lo cual me causó gracia y solté una pequeña carcajada. De repente Kai tomó mi mano y comenzó a caminar.

Me pregunto qué haremos el día de hoy, estoy muy emocionada.

—Oh, ¿iremos en carruaje? —pregunté al verlo frente a mí. De madera oscura y con detalles dorados. Se veía muy elegante.

—Solo tú, te alcanzaré en el lugar a caballo.

—¿Por qué no vienes conmigo?

Lo más lógico es que vayamos juntos, ¿no?

—No me gusta ir en carruaje —me explicó.

—Entonces iré contigo. —Lo agarré de la manga.

—En el carruaje estarás más cómoda.

—Ya habíamos ido juntos antes, después del incidente en el festival, ¿recuerdas? No es incómodo.

Ir juntos a caballo sería perfecto para comenzar nuestra cita. La otra vez me sentía muy mal por lo que sucedió en el festival; además, quedé inconsciente.

—Bien. —Silbó para llamar a su caballo.

Cuando llegó me cargó para subirme y luego se montó conmigo. Estaba muy nerviosa en el camino debido a lo cerca que estaba de mí.

Me siento tan segura cuando estoy a su lado, es un sentimiento agradable y familiar. Mi corazón me dice que confíe en él; pero aquel espíritu, cada vez que me atormenta me hace cuestionar. Bueno, entre un fantasma y un hombre atractivo prefiero la segunda opción.

Debí pedirle a Gerón que cambiara mi color de pelo, eso hubiese sido muy interesante, aunque la verdad no es que tenga algo destacable que deba ocultar, los demás solo me verán como una simple extranjera; en cambio, Kai si destacaría bastante ya que aquí en Lúa suelen tener el pelo y ojos oscuros.

La situación me hace recordar a la historia que me contó Asha del segundo emperador, su cabello y ojos eran oscuros hasta que murió su hermano, tal vez haya sido magia; aún así, es muy extraño. Si desde entonces sus descendientes no tenían las características del primer emperador, ¿por qué Kai sí?

—Tú segundo nombre es Luna, ¿verdad?

—Ah... sí.

—¿A qué se debe?

¿Por qué esa pregunta tan de repente?

—No es la gran cosa. Mi madre ya tenía planeado ponerme Merari, pero cuando nací, tenía una marca de nacimiento con forma de luna, y a ella se le ocurrió ponerlo de segundo nombre.

—¿La que tienes en la muñeca?

—Sí, no es algo a lo que le tome importancia —dije mientras miraba mi muñeca—. Hubiese preferido Luna como primer nombre.

—Merari suena mejor.

—¿Eso crees?

—Por supuesto. —Detiene el caballo—. Nos detendremos aquí.

Dejamos el caballo en un establo y seguimos caminando hasta llegar a una tienda.

—Buenas tardes —nos recibe una persona mayor—. ¡Oh! ¡Es un honor que haya venido en persona!

—Anciano, ¿cómo ha estado?

—Mejor que nunca, mi señor. —Me miró—. Y esta hermosa señorita debe ser su prometida.

—Ah, hola —saludé.

El anciano me sonrió.

—Hola, es un placer conocerla.

No parece de Lúa, más bien parece un extranjero. Al igual que yo.

—¿Ya está listo lo que pedí? —preguntó Kai.

—Sí, mi señor. Enseguida lo traeré.

El anciano trajo un cofre. Dentro, había un collar con una gema roja incrustada.

—Qué precioso —dije.

—Permíteme.

El emperador tomó el collar para ponérmelo. Fue un gesto muy bonito, sentí un cosquilleo cuando sus manos se deslizaron cerca de mi cuello.

—Es una crisálida roja, —el anciano empezó a explicarme emocionado—. Más valiosa que cualquier joya, es más difícil conseguir esta piedra que ver una criatura legendaria ya que sólo se encuentra en la parte más profunda y prohibida del bosque encantado de Alderia.

¿Alderia? Según mis clases con Asha, es el reino en donde estaba antes de venir aquí. De ahí vendrá mi futuro maestro y el príncipe heredero.

—Un excelente trabajo, como siempre.

—Es un honor servirle, mi señor.

Kai no suele ser tan amigable con la gente, ¿será un viejo conocido?

—Pensé que no podía topar la crisálida —dije cuando salimos de la tienda.

Aún recuerdo cuando me detuvo de sostenerla, aunque esta se ve diferente.

—Es diferente, la única que puede hacerte daño es la azul ya que podría provocar una sobrecarga en tu cuerpo.

—¿Qué tan malo es?

—Se descontrolaría la energía de tu cuerpo provocando que tus órganos se destruyan y una terrible hemorragia interna.

Me detuve al instante después de escucharlo. Mis ojos estaban muy abiertos por la sorpresa.

Eso me hubiese matado, y me sentía muy tentada por tenerla. Sin duda el espíritu me estaba engañando; cierto, no le dije a Kai lo que me propuso aquel espíritu.

—No debes preocuparte, me aseguré de que esté lejos de tu alcance.

—Gracias. ¿Y esta crisálida? —agarré el collar—. ¿Cómo la conseguiste?

—Como explicó el anciano, en el bosque encantado de Alderia. Era muy joven y no le encontraba uso alguno, hasta ahora.

—¿No fue muy peligroso? —dije mientras miraba la piedra roja.

—Lo fue... pero valió la pena. Es algo que siempre debió pertenecete.

—¿Por qué...? —pregunté curiosa.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.