Desde pequeño nunca fui bien recibido, era de esperar de una familia en donde la lucha por el poder era constante; aún así, mi deseo no era convertirme en emperador, por lo menos cuando era niño.
—Su Alteza, serás el próximo sol de este imperio, por eso debes ser perfecto.
Eran las palabras de mi madre mientras corregía mi escritura. A mis cinco años ya había leído un sin número de libros y tomaba clases que solo le correspondía al príncipe heredero, pero yo solo era un príncipe que estaba oculto en el Palacio de Jade, en ese entonces era un lugar solitario, solo personas selectas podían servir en el palacio de la Primera Concubina y todo esto fue gracias al favor del emperador.
El clan Mamoru de donde provenía mi madre era el encargado de enviar a las doncellas indicadas; mujeres sabias de todo tipo de artes: poesía, música, política, filosofía, esgrima... No había campo que mi madre obviara para mi enseñanza; por supuesto, todo esto era a escondidas de la gente del palacio, incluido el emperador.
—¡Príncipe! ¡¿Qué hace despierto a altas horas de la noche!?
—Concubina Ji Seong.
—¡Ay mi pobre Alteza! ¡Le está sangrando la nariz! —Tomó un pañuelo y comenzó a limpiarme—. No debe esforzarse tanto —dijo mientras lloraba con amargura—. Es solo un pequeño niño.
—¿Está llorando por mi culpa? Trataré de hacer las cosas mejor. —decía cansado—. Tengo que terminar de transcribir.
—No por favor. —Me abrazó—. Sólo vaya a dormir, yo hablaré con su madre.
La concubina Seong fue una de las primeras esposas del emperador, incluso antes que la emperatriz. A sus treinta y cinco años todavía no había engendrado un hijo y ya no tenía el favor del emperador. Mi madre confiaba en ella lo cual era muy extraño ya que siempre fue una mujer cautelosa, así que me encargaba a la concubina Ji cuando era constantemente llamada por el emperador.
—Ya tienes doce años y todavía no has podido vencerme en un combate —me reclamó.
—Intentaré hacerlo mejor, madre.
—No es suficiente con que lo intentes, tienes que ser el mejor.
Siempre era fría y directa conmigo, exigía lo mejor de mí.
—¡Ánimo, joven príncipe! —La concubina Ji Seong me alentaba.
Mi madre era una experta con la espada, no había quien se le enfrentara, por eso fue elegida por el Clan Mamoru para ser la sombra del emperador, su daga oculta. Habría vivido toda su vida de esa manera de no ser que mi padre se enamorara de su belleza.
—¡Ahg! ¡Es un monstruo! —se escuchaban gritos desde afuera.
¡Madre! Otra vez la emperatriz mandó asesinos para matarme.
—¡Tenga piedad! ¡Por favor! —suplicó uno de los asesinos antes de que mi madre le arrebatara la vida.
—¿Ibas a tener piedad con mi hijo? —dijo mirando el cadáver de aquel hombre.
Se giró para verme, aún no me acostumbraba a esa mirada vacía y siniestra. Asesinaba a quien sea que osara lastimarme sin siquiera pestañear, como aquella joven criada que intentó envenenarme; ella no quería lastimarme, pero según sus declaraciones, su familia había sido amenazada por la emperatriz, aún así no dudaste, "Como te atreves a tratar de herir al Gran descendiente de Long" fue lo único que dijiste.
—Madre.
Sus ropas están manchada de sangre.
—¡Kai! ¡Cuidado! —me gritó.
¿Me llamó por mi nombre? Es la primera vez que la veo tan alterada, ella es alguien que nunca pierde la compostura.
—¡Ah! ¡Muere de una vez! —Un asesino se abalanzó a mí para apuñalarme con su espada, pero logré esquivarlo sin esfuerzo alguno.
Se movía tan lento, en uno de sus movimientos logré desarmarlo y cuando lo iba a atacar, dudé.
—¡Ugh! —Una espada lo atravesó en ese mismo instante, había sido mi madre.
Cuando cayó, se acercó a mí.
—Lo siento, madr...
Sin dejarme terminar me abofeteó. Era la primera vez que la veía tan enojada.
—¿¡Cómo te atreves!? —Hervía en ira— ¡No te puedes dar el lujo de vacilar! ¿¡Crees que él te perdonaría la vida!? —gritó—. ¡Vino aquí a matarte! ¡Entiéndelo!
Después de eso entró al palacio sin mirar atrás.
—¿¡Príncipe!? —Al día siguiente Ji Seong corrió hacia mí al verme—. ¿Se encuentra bien? Me enteré lo que sucedió.
—Estoy bien... —dije con un tono triste.
Si mi madre fuese como la concubina Ji... tan solo un poco...
—Compliste doce años hace poco, ¿cierto?
—Sí, Su Majestad.
El emperador nos visitaba en ocasiones en el Palacio de Jade, fue alguien que siempre hizo la vista gorda hacia las acciones de la emperatriz, lo único que le interesaba era la Primera Concubina.
—Es una lástima que no te parezcas en nada Chikara, habría sido encantador, ¿cierto? —miró a mi madre.
—Sí, Su Majestad.
Miente. Mi madre ha estado obsesionada con mi apariencia desde el día de mi nacimiento, siempre ha dicho que he sido bendecida por los cielos para ser el próximo emperador, es algo que le inculcaron los Mamoru y es absurdo. No hay nada de especial en mí, ni siquiera tengo intenciones de convertirme en emperador, solo quiero dejar este palacio, dejar de estar aquí encerrado. Cómo podemos llamarnos familia y tratar de matarnos entre sí, no tiene sentido, la ambición no nos llevará a ningún lado más que a la perdición, como al príncipe Zhu Long.
—Siempre eres tan fría, me pregunto si siquiera le sonríes a tu hijo. ¡Ey! —La agarró bruscamente del rostro—. Chikara, quiero que me mires cuando te hable.
Desagradable. ¡Cómo te atreves a tratarla así!
Al ver aquella actitud de mí padre solo me llenó de impotencia, apretaba mis puños con fuerza pero nunca mostraba mi desprecio hacia él. Me mantenía impune, un rostro que no reflejaba emociones, como fui enseñado.
—La única razón por la que permito esa arrogancia tuya es porque eres hermosa.
Siempre tenía una mirada desagradable. Le encantaba mantener el control, una mujer capaz de acabar con él en un abrir y cerrar de ojos y creer que la tiene en la palma de su mano, pero hacía tiempo que mi madre no le era leal, desde el día en que nací solo lo ha visto como un impostor esperando el momento en que pueda tomar el trono.
#1987 en Fantasía
#6269 en Novela romántica
viaje a otro mundo, amor y aventuras, misterio y pasado oscuro
Editado: 22.01.2026