Ira, desprecio. Era todo lo que sentía hacia la familia imperial, desde pequeño mi madre y yo hemos sufrido todo tipo de humillaciones. Recuerdo cuando la emperatriz nos visitaba y derramaba las tazas de té sobre mi madre, o cuando su hijo; el príncipe heredero venía a golpearme, era más fuerte que él a pesar de que él era cinco años mayor. Recuerdo cuando una vez lo enfrenté y lo vencí en un instante, tan débil, pero mi madre fue quien sufrió las consecuencias de la ira de la Emperatriz cuando vio a su preciado hijo herido; entonces, ¿Quién es el débil?
—Quiero que salgas. Quiero que veas con tus propios ojos en lo que Lúa se ha convertido.
¿Qué es lo que pretendes, Vikran?
Al final hice caso a su petición y salimos del palacio, lo que vi era peor de lo que imaginaba. Era un lugar de extrema pobreza, niños mendigando en las calles, escasez de comida y estilos de vida deplorables.
—¿Por qué me muestras esto?
—Solo les doy una oportunidad. Una oportunidad de que puedan cambiar esto. Si no, cuando sea rey invadiré Lúa y lo volveré parte de mi territorio —dijo con una sonrisa en su rostro.
No sé si de verdad se preocupa por la gente o está loco; aún así, cómo es posible esta situación. ¿Acaso el emperador no hace nada por esta gente?
—¿Por qué haces esto?
—Es un favor —dijo mientras me miraba. Esta vez parecía serio—. Un favor que le debo a alguien que me salvó la vida. Pronto lo conocerás.
La subyugación ya había durado un mes aproximadamente, en ese tiempo, escapábamos de vez en cuando y aprendí muchas cosas sobre cómo funcionaba la vida real.
Un día en el que mi madre no estaba decidí salir por mi cuenta. Mientras caminaba por la calle una señora mayor de débil apariencia cayó y decidí ayudarla. A pesar de que estaba cubierto, al intentar levantarla me miró el rostro.
—¡Es usted...! —dijo estupefacta—. ¡Su Majestad! ¡Su Majestad, El Gran Dragón Long!
No supe qué hacer en ese entonces, habían muchas personas alrededor observando y algunos empezaron a acercarse. Intenté agachar la cabeza, pero no pude irme debido a que aquella mujer se aferró a mis brazos.
—Señora, es una equivocación...
—Al parecer mi nieto la ha ayudado —Un hombre me interrumpió mientras sostenía a la señora— ¿Se encuentra bien?
—Ah... sí... lo lamento, solo soy una anciana perdida —dijo con amabilidad—. Su nieto es un buen chico.
Unos hombres se llevaron a la anciana para ayudarla a encontrar su hogar, el hombre que me ayudó estiró mi capucha hasta casi cubrir mi rostro por completo; me agarró del brazo y me sacó de allí.
—¡Detente! —Me aparté cuando ya no había personas cerca—. ¿Quién eres?
Aquel hombre se inclinó ante mí.
—Es un placer conocerlo, Su Alteza. Soy Katsuo Mamoru.
¿Katsuo Mamoru? Líder del clan Mamoru, y padre de mi madre. Era la primera vez que lo veía pero había escuchado mucho de él, es alguien estricto que siempre busca la perfección en sus aprendices, quizás de ahí salió la actitud de mi madre.
Me llevó a la finca principal del clan, era enorme y habían muchas personas entrenando, todo era coordinado, se podía notar la gran disciplina que tenían.
—¡Hya! —escuché un grito dentro de una arena de combate.
Sus movimientos eran rápidos y letales, su cuerpo pequeño le permitían escabullirse y atacar al oponente sin que este se diera cuenta. Era impresionante como le hacía frente con dos pequeñas dagas a pesar de que su combatiente poseía una katana.
—¡Agh! —el joven con el qué peleaba gritó de dolor al recibir una gran herida. Estaba tumbado en el suelo sin fuerzas para levantarse.
—¡Acábalo! —gritó el árbitro de la pelea.
Aquella niña sin dudarlo lo degolló, ganando así el combate.
—¡Ganadora de este duelo, Rina Mamoru!
Quedé impresionado ante aquella batalla, se me hacía difícil creer cómo era posible hacer que una pequeña niña cometiera tales atrocidades.
—Rina, acércate —el líder la llamó—. Observa con atención, él es tu señor a quien le servirás.
—Le presento mis saludos a Su Alteza Real —se inclinó.
Aquella mirada fría y sin emociones, tan parecida a la de mi madre. Es una lástima que tu vida haya sido de esta forma.
—Debo retirarme, he estado afuera del palacio mucho tiempo.
—Rina, continúa con tu entrenamiento. —le ordenó. Ella solo asintió y se fue—. No se preocupe Su Alteza, nosotros lo llevaremos al palacio.
—No. Debo regresar sin ser visto.
—¡Cómo puedo permitir que el próximo emperador se escabulla al palacio! —dijo enojado—. Eso sería una gran falta de respeto hacia su persona, debe entrar y salir con la frente en alto. Ya veo que Chikara no ha hecho bien su trabajo.
—Usted no lo entiende.
—Su Alteza será el próximo emperador y es hora de poner las cosas en su lugar. ¡Traigan el carruaje de la familia! —ordenó a los sirvientes— ¿¡El emperador cree que podrá hacer de menos al Clan Mamoru!? ¡Le hemos servido por generaciones! ¡Debemos dejar en claro a quién le daremos nuestro apoyo!
Era como si me obligara a cumplir mi deber, pero la única manera de subir al trono, sería usurparlo ya que no poseía el título de príncipe heredero y sabía que el emperador nunca me lo otorgaría aunque fuese el más calificado.
—Ha entrado un carruaje de la familia Mamoru, ¿será el líder? —Murmuraban los sirvientes del palacio—. Hace tiempo que no venían de esta forma.
—Es hora de que salgas —dijo Katsuo.
Cuando salí del carruaje los murmullos aumentaron, todos los sirvientes estaban sorprendidos de verme.
—¿¡Quién es!?
—¡Mira su apariencia! ¿¡Cómo es posible!?
—¡Vino con el líder del clan Mamoru!
—Se parece a...
—¡Tú! —El príncipe heredero apareció—. ¡Cómo te atreves!
Intentó abofetearme, pero Katsuo lo detuvo.
—Debe mantener sus modales, Alteza.
—¡Agh! ¡Suéltame! —se alejó, no dejaba de mirarme con desdén—. ¡Juro que voy a matarte! ¡Maldito bastardo!
#1987 en Fantasía
#6269 en Novela romántica
viaje a otro mundo, amor y aventuras, misterio y pasado oscuro
Editado: 22.01.2026