Abrí los párpados. La calma y el silencio del pasillo aliviaban, aunque solo fuera un poco, las tormentas que llevaba dentro. Deslicé la mano hasta el bolsillo del pantalón y saqué la foto que siempre llevaba conmigo: mis padres, mi hermano y yo, sonriendo. Aquellos momentos felices... daría lo que fuera por volver a esa época.
Esperaba con impaciencia a que Luke y Leah regresaran sanos y salvos de esa pequeña salida al exterior. Tenía el labio inferior destrozado de tanto mordérmelo por los nervios. Habían salido a las diez de la mañana, pero sin un reloj a mano me resultaba imposible calcular cuánto tiempo había pasado.
— Joder... —suspiré.
En ese preciso instante, el sonido de una puerta al abrirse me hizo dar un respingo. Giré la cabeza rápidamente hacia la derecha y vi a Leah en el umbral, con el rostro serio.
— ¿Y Luke? —pregunté, poniéndome en pie de un salto.
— Tranquila —levantó una mano en señal de calma—. Como te dije, no nos contagiamos por el aire.
Cruzó la puerta y se situó en medio del pasillo para mirarme mejor. Me dedicó una leve sonrisa antes de continuar:
— ¿Has estado sentada aquí todo este tiempo? —preguntó, sorprendida.
— Descansé un rato en la habitación, pero... he tenido algunos problemas —me pasé la mano por la frente—. Reggie sabe que entraste en la sala.
— ¿¡Qué!? —alzó la voz, pero enseguida se cubrió la boca—. Me dijiste que no se enteraría.
— Lo sé, pero olvidé que había cámaras allí. Estaba... extraño, pero mejor te lo cuento en otro momento —eché un vistazo a mi alrededor, intentando localizar alguna cámara.
Leah asintió y, justo en ese momento, Luke salió por la puerta. Su mirada se cruzó con la mía de inmediato.
— ¿Me echaste de menos? —preguntó con una sonrisa.
— Solo un poco... pero poquito, poquito.
— Ven aquí —se acercó y me envolvió en un abrazo.
Sentir su calor hizo que el miedo dentro de mí se disipara poco a poco. No podía imaginar perder a Luke. Ahora que sabíamos que los informes de Reggie eran erróneos, me corroía la duda de si realmente nos estaba diciendo la verdad.
— ¿Ahora sí confiáis en mí? —Leah levantó ligeramente las manos.
— Dudé un poquito, pero tenías razón.
— Yo tengo algo que decirte —Luke se separó de mí y miró a Leah—. Perdóname. Fui un estúpido; debí confiar en ti desde el principio.
— Vaya, vaya... —le di un codazo en el hombro—. Está intentando ganarse tu confianza, ¿eh? Te hemos pillado, machote — sonreí.
— ¿Estás...? —desvió la mirada hacia mí—. ¿Celosa? —alzó una ceja.
— Sí, estoy muy celosa —respondí con ironía. Me acerqué y le susurré al oído—. De ti.
En ese momento, los altavoces se encendieron y la voz de Reggie retumbó por toda la base:
— Los equipos que mencionaré a continuación deben presentarse de inmediato en el comedor. Equipo Eco y equipo Foxtrot al completo. Os espero en cinco minutos.
Me quedé inmóvil al escuchar el nombre de nuestro equipo. Nuestras miradas se cruzaron, buscando una explicación.
— ¿Por qué nos llama? —preguntó Leah.
— Tal vez quiera explicaciones sobre el equipo Tirius —supuso Luke.
— ¿No le informaste tú?
Comenzamos a caminar por el pasillo. Solo nuestras voces rompían el silencio... y aquello me resultaba extraño.
— Tenía la cabeza en otro sitio. No tuve tiempo de decirle que todo el equipo Tirius falleció —se frotó la frente.
— No pasa nada, se lo diremos cuando lo veamos —le dediqué una leve sonrisa.
Mi pulso se aceleró a medida que nos acercábamos al comedor. Tener que enfrentarme a Reggie después de nuestra discusión no era precisamente algo que me apeteciera.
Al llegar, vimos al equipo Eco sentado alrededor de una mesa, esperando.
— ¿Reggie aún no ha venido? —pregunté al acercarme.
— Qué va —respondió Noah, el chico rubio—. Nos exige puntualidad y es el primero en llegar tarde.
— ¿Sabéis por qué nos llamó? —me senté frente a ellos.
— Ni idea —Dylan cruzó los brazos—. ¿Podría ser por lo que ocurrió en Jackpot?
— Eso mismo pensamos. Puede que quiera saber qué pasó con el equipo Tirius —respondió Luke.
El sonido de unos pasos acercándose nos hizo girar la cabeza al unísono. Reggie entró en la sala. Su rostro no mostraba emoción alguna. Estaba serio, demasiado serio, y la tensión en el ambiente se volvió casi insoportable.
— En posición —ordenó con firmeza.
— Podemos hablar desde aquí —dijo Noah.
— ¡Acercaos, joder! —bramó.
Desvíe un instante la mirada hacia Noah: estaba cabizbajo, evitando cruzar los ojos con Reggie. En cuestión de segundos nos reagrupamos, quedándonos a un par de metros de él. No entendía aquel cambio tan brusco en su actitud.
— Jackpot. ¿Qué pasó? —preguntó, mirando a todos... menos a mí.
— Nosotros fuimos al hotel Claris. Apenas nos topamos con kruls —empezó Henry—. Al oscurecer, regresamos al punto de encuentro que el capitán Brown nos había indicado.
— ¿Y vosotros? —Reggie clavó la mirada en Luke.
— A nosotros nos tocó investigar el casino. Al principio no había nadie, pero en una sala pequeña encontramos al equipo Tirius... —tragó saliva—. Estaban siendo devorados por cuatro o cinco kruls.
— Un enjambre... —murmuró Reggie, pasándose la mano por la barba.
— Salimos corriendo, pero nos persiguieron a toda velocidad. Fue entonces cuando Leah y Ashley se quedaron atrás —Luke nos señaló.
— Haremos lo siguiente —Reggie se irguió y señaló detrás de nosotros—. El equipo Eco y el equipo Foxtrot, junto con el capitán Anderson... —en ese momento vi a Levi erguido tras nosotros—. Iréis a por provisiones y medicamentos a Honeyville.
— Pero eso está en Utah —protestó Luke—. No podemos llevar a Ashley y a Leah hasta allí; están heridas.
Reggie lo miró fijamente antes de acercarse a él.
— He dicho que los equipos al completo, ¿verdad? —su voz se volvió más grave—. Entonces, ¿por qué coño me discutes? —alzando aún más el tono—. ¡A partir de ahora nadie me discutirá nada aquí! —su grito retumbó en el comedor—. ¿Me habéis oído?