El Amanecer De Los Caminantes

CAPÍTULO 11

Mantenía la mirada fija en el machete, incapaz de apartarla. Los recuerdos de la muerte de Henry y Noah regresaron a mi mente, golpeándome sin piedad. Era una tortura constante. Cada vez que alguien moría, me prometía que no volvería a permitirlo... y aun así fallaba. Fallaba una y otra vez.

Bajé la mano y apreté el mango del machete con fuerza.

— Los encontraré... —susurré, con la garganta ardiéndome—. Y cuando lo haga, ninguno de ellos volverá a respirar.

Apreté la empuñadura hasta que los nudillos se me pusieron blancos.

— La venganza no te llevará a nada —rompió el silencio Luke.

— Mataron a nuestros compañeros —lo miré, conteniendo la rabia—. No me voy a quedar de brazos cruzados.

— Tú no eres así.

— ¡¿Y tú qué coño vas a saber?! —respondí, tajante.

— Te está controlando la rabia, Ashley, y eso no es bueno —negó con la cabeza—. Sabes que, si haces algo ahora, te arrepentirás después —me señaló con firmeza—. Lo dices tú misma siempre.

— Lo que no entiendo es cómo puedes no sentir rabia —cerré el puño con impotencia—. Nos han matado a un compañero delante de nuestras putas narices, ¿y van a irse de rositas?

— No, claro que no. Pero todo acaba cayendo por su propio peso.

— Son criminales... —murmuró Leah—. Es difícil que caigan por su propio peso. Han aprendido a ser así. Algunos ya nacen así.

— ¿Estás de mi lado o no? —Luke la miró, incrédulo.

— Claro que sí —suspiró Leah—. Solo digo que la venganza no siempre es la mejor opción.

— Odio esto... —mi voz apenas fue un hilo.

— Suéltalo. Llora si hace falta —sentí una mano pequeña apoyarse en mi espalda—. Te hará bien, aunque sea solo un poco. Pero tienes que soltarlo —su mano trazó círculos lentos, intentando calmarme—. No seas como ellos...

Mis dedos se aflojaron poco a poco hasta soltar el machete. Necesitaba calmarme. Alcé la vista hacia el horizonte, buscando algo, cualquier cosa que me anclara. Cerré los ojos y me concentré en los sonidos: el susurro del viento, las hojas de los árboles meciéndose suavemente...

Hasta que lo oí.

Un pitido intermitente.

Primero lejano.

Luego más cercano.

Cada vez más intenso.

Abrí los ojos de golpe, con el corazón encogiéndoseme en el pecho. Probenía de la base.

— No... —susurré.

La camioneta frenó en seco al entrar en el túnel que conducía a la puerta principal. Un escalofrío me recorrió la espalda. La angustia nos invadió a todos en cuestión de segundos. Algo había pasado. Y nada bueno.

— ¿Qué ha pasado? —bajé de la camioneta y rodeé el vehículo hasta la puerta del copiloto—. ¿Por qué suena la alarma? —miré a Levi, esperando una respuesta.

— No lo entiendo... —frunció el ceño mientras cerraba la puerta de un portazo—. Somos el único equipo que ha salido de la base y no hemos pedido ayuda en ningún momento —iluminó con la linterna la enorme puerta de acero—. Y es imposible que hayan sido kruls; el lugar está completamente blindado.

— Entonces, ¿qué coño está pasando? —Luke se colocó a mi lado, tenso.

— Solo hay dos formas de entrar —la voz de Levi sonó grave—: que alguien nos abra desde dentro... o que alguien desde fuera introduzca la clave.

— Hay que entrar —la decisión de Luke fue firme.

— Iré yo —dije sin dudar.

— Podemos entrar todos —Levi intentó mantener la calma—. Seguro que es un error. La alarma se habrá disparado sola... o estará averiada.

— O hay un krul dentro... —susurré, bajando la mirada.

— ¿Qué? —Levi giró la cabeza bruscamente.

— ¿De qué hablas, Ashley? —Luke me miró, confundido.

— Existe una norma que prohíbe tener kruls en la base. Es imposible, te lo digo yo —Levi negó con la cabeza—. Reggie no lo permitiría.

— Hay uno —lo miré fijamente.

Un silencio pesado cayó sobre nosotros.

— Entonces entraremos y lo mataremos.

— ¡No! —alcé la voz sin pensarlo.

— ¿Por qué nos mientes? —Levi dio un paso adelante, plantándose frente a mí—. ¿Por qué proteges a un krul? —su mandíbula se tensó—. ¡¿Tengo que recordarte que esos monstruos mataron a millones de personas inocentes?!

— Lo sé...

— ¡Entonces, ¿por qué coño lo proteges?!

Respiré hondo. Ya no podía seguir callándomelo.

— ¡Porque es mi hermano, joder! —mi voz se quebró—. Es... mi hermano.

Levi se quedó completamente paralizado.

— ¿Me estás tomando el pelo? —sus ojos se entrecerraron, cargados de furia—. A tu hermano lo arañaron y Reggie tuvo que matarlo. Yo estuve allí.

— No... —negué despacio—. Reggie no lo mató. Acordamos encerrarlo hasta encontrar una cura —señalé la puerta metálica—. Por eso tengo que entrar. Voy a sacarlo de ahí.

— Espera, espera, ¿qué? —Dylan apoyó los brazos en el techo de la camioneta, incrédulo—. ¿Quieres que metamos a un krul en el vehículo como si fuera un puto colega más? —se tocó la sien con el dedo—. ¡¿Estás loca?!

— ¡¿Quién coño sabía esto?! —Levi golpeó el suelo con la bota, desbordado de rabia—. ¿Lo sabías tú, Luke? —le apuntó con la linterna a la cara.

— No, señor. Me acabo de enterar.

— ¿Y tú, Leah? —ahora la luz se posó sobre ella.

— Nadie lo sabía —intervine antes de que pudiera seguir interrogando—. Solo Reggie y yo —me llevé una mano al pecho, tratando de mantener la compostura—. Por eso tengo que entrar sola. Pararé la alarma y encontraré a mi hermano.

Levi respiró hondo, conteniéndose como pudo.

— Tienes una hora —extendió la mano hacia Luke—. Dame tu reloj.

Luke obedeció sin discutir. Levi lo programó y, después, me lo colocó en la muñeca.

— Si no estás fuera antes de que se acabe el tiempo... —su voz sonó como una sentencia—, nos iremos sin ti.

— Entendido.

— Iré contigo —intervino Leah, decidida.

— No —me ajusté el reloj en la muñeca—. Esto es mi responsabilidad. Yo provoqué este desastre.

— Ash...

— Levi, ábreme la puerta —la interrumpí con firmeza.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.