El amante del pantano de Nil (libro 1)

APARIENCIAS.

CAPÍTULO 19

Los días soleados no son comunes en valle de cobre, por eso, los habitantes del pueblo  
aprovechan el clima para tomar el sol y caminar. Han pasado varios meses desde la muerte  
de David, Victoria por su parte está disfrutando del clima dándose un baño de sol para  
darles color a sus mejillas, parece que el duelo por su esposo se terminó. A una distancia  
considerable unas criadas esperan atentas las exigencias de su desalmada señora 
—¿Cómo puede estar tan tranquila? Acaba de perder a su esposo, yo en su lugar estaría  
lamentándome en mi recamara. —Dice Clara indignada. 
—Hace tres meses que murió el joven David, que rápido pasa el tiempo. —Selene suspira  
con tristeza. 
—Dicen que la señora acuso a su propia herma de la muerte del joven y no solo eso, por su  
culpa corrieron a Frida la ama de llaves. 
—Precisamente debemos tener cuidado con ella, no se tentará el corazón con nosotras, así  
que te aconsejo que no murmures a sus espaldas o puedes terminar como Frida. — Selene  
advierte a clara con discreción. 
En eso, Victoria les hace una señal, agita su copa para que le sirvan más vino, Clara se  
apresura a servirle con una falsa sonrisa y así evitar sospechas de sus comentarios. Pero  
Victoria suelta la copa haciendo que se estrelle en el suelo y toma a Clara del cabello y la  
acerca para decirle al oído. 
—Si fui capaz de mentir sobre mi hermana, imagínate lo que podría hacer con ustedes, así  
que sean buenas criadas y no muerdan la mano que les da de comer. —Victoria jalonea a  
Clara de los cabellos para después gritarle que le trajera otra botella de vino. 
—¡Muévete! 
—Si señora… —Se va Clara llorando con el cabello despeinado. 
—Estúpidas sirvientas, ¿Cómo se atreven a hablar de mi a mis espaldas? 
De pronto, Bardos entra a la cocina, cuando ve a Clara saliendo con una botella de vino este  
se molesta y le reclama. 
—¿Qué haces? ¿Para quién es esa botella? 
—¡Señor! Es para la señora Victoria… 
—¡Dame eso! ¿Dónde está esa mujer? 
—En el jardín… —Responde Clara intimidada. 
Bardos esta furioso y se dirige al jardín a confrontar a su nuera.

—¿Qué tienes en la cabeza mujer? En tu estado, no deberías beber alcohol ¡tienes  
prohibido embriagarte!  
—¿En mi estado? Estoy embarazada, no desahuciada, además solo llevo una botella. 
—¿Una botella? Tu embarazo es de alto riesgo ¡no seas insensata! 
—¡No me grite! ¡solo bebi un poco! —Victoria esta ebria y balbucea al hablar. 
—¡¿Un poco?! ¡mírate! No puedes ni mantenerte de pie. 
—¡Estoy en duelo! ¿Qué no ve que estoy sufriendo? Su hijo me dejo sola. —Victoria se  
tropieza y Bardos la sostiene. 
—¡Por Dios muchacha, estas ahogándote de borracha! 
—¿Por qué me mira así? ¿no me diga que quiere acostarse conmigo? Jaja —Victoria lo  
mira de pies a cabeza. —Aunque pensándolo bien, usted se parece mucho a David jaja, si  
cierro los ojos podemos fingir que es el. —Victoria intenta tocar su entrepierna, pero  
Bardos se lo impide. 
—¡Cierra tu sucia boca! ¡llévensela de aquí! ¡No quiero verla! 
Victoria comienza a quejarse y se toca el vientre doblándose del dolor. 
—¡Señor, ¡está sangrando! —Grita Selene angustiada. 
—¿Qué? —Bardos mira sangre entre las piernas de Victoria. —¡llamen al doctor! ¡rápido!  
¡esta perdiendo al bebé!  
—¡Enseguida! —Selene se apresura y va en busca de ayuda. 
—Clara, avísales a sus padres —Dice Bardos preocupado. 
—¡No me tardo! 
Por otro lado, Verónica le reclama a Víctor por su melancólico estado de animo ya que ha  
estado depresivo desde que Ginebra se fue de la casa. 
—¿Hasta cuando vas a seguir lamentándote por esa malagradecida de Ginebra? —la muy  
ingrata no se ha aparecido en los últimos tres meses, debe estar feliz fornicando con ese tal  
Alejandro y tu aquí lloriqueando como un tonto. 
—¿Cómo puedes expresarte así de tu hija? —Pregunta Víctor indignado. 
—¡Esa desalmada ya no es mi hija! ¡Le arruino la boda a su hermana! y para el colmo  
planeaba escaparse con David, que bueno que lo asesinaron. 
—¡Cierra la boca mujer!, ¡estas diciendo estupideces! 
—¡No me calles! Ahora Victoria es viuda, ¡viuda a su edad! Es la comidilla del pueblo,  
¿sabes lo difícil que será para ella encontrar un buen hombre? ¡esta acabada! Y por si fuera  
poco lleva en su vientre un bastardo. —Verónica se tapa la boca, sabe que hablo de más. 
—¿Qué dijiste?

—¡Ese hijo no es de David, si no de aquel soldado mediocre de la capital! 
—¿Cómo es posible? ¿Hasta donde llegan sus mentiras? ¿Cómo puedes solapar ese tipo de  
bajezas? —Víctor no puede creer lo que escucha. 
—¡Yo hago lo que sea por mi hija! Al contrario de ti, yo no voy a darle la espalda a  
Victoria, además, gracias al dinero de los Landez, nos hemos salvado de la banca rota,  
deberías estar feliz, ya no tendrás que vender el viñedo ni las tierras. 
—¿A cambio de qué? ¡Esta supuesta salvación nos costo la felicidad de Ginebra! 
—Alguien tenia que sacrificarse ¿no crees? 
La conversación de los Borgues es interrumpida por Selene, la cual grita al ver que nadie le  
abre la puerta. 
—¡Señora Verónica! ¡señor Víctor! 
—¿Qué haces aquí? ¿Por qué gritas como una loca? —Le dice Verónica molesta. 
—¡Su hija esta grabe! 
—¿Qué? ¿Qué le pasa a Victoria? —Pregunta Víctor desconcertado. 
—¡Está perdiendo al bebe, tienen que venir a verla! 
—¡Hazte aun lado sirvienta! —Verónica empuja a Selene y junto con su esposo se dirige a  
la mansión Landez. 
Por otro lado, Victoria esta acostada en su recamara, el doctor esta con ella revisándola  
mientras los demás esperan afuera, Clara recibe a los padres de Victoria y anuncia que han  
llegado. 
—Señor, los Borgues están aquí. 
—Hazlos pasar. 
—Si señor, con permiso. 
—Bardos. —Víctor saluda inseguro a su consuegro, mientras que Verónica lo hace de  
forma inapropiada. 
—¿Dónde esta mi hija? ¿Qué le hicieron? 
—El doctor la está revisando. 
—¡Déjenme entrar! ¡Me necesita! 
—No es necesario, en un momento nos darán el diagnostico. —Bardos intenta no perder la  
paciencia. 
—¡Soy su madre! ¡No me digas lo que tengo que hacer!  
—Perdona el comportamiento grosero de mi esposa, esta muy preocupada por Victoria.




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