El amante infernal (libro 2)

Renuncia a la corona

 

Valle de cobre había sido uno de los pueblos más pacíficos de la región, tanto que

parecía aburrido, pero sus días de paz habían llegado a su fin con el despertar del rey

de los vampiros, si bien, el regreso de Alejandro de Romaní había traído consigo un

sinfín de criaturas sobrenaturales, la llegada de aquel héroe terminaría por revelarle al

mundo la existencia de seres mágicos he inmortales que habían permanecido ocultos

bajo las sombras, pero aquel fatídico día, Fernando de la cruz le revelaría a la

humanidad la verdad y con su muerte un terror incontrolable se apoderaría de la raza

humana, corriéndose la voz de la existencia de todo tipo de demonios, haciendo

consiente a la humanidad que no estaban solos.

Habían pasado tres meses desde la batalla entre el partido simpatizante a la

inmortalidad y el rey de los vampiros, Alejandro se había reunido en el castillo principal

ubicado en las montañas de Cronther para comunicarle a la gran asamblea vampírica

acerca de su renuncia al trono, los nobles de cada especie sobrenatural también

quedaron atónitos pues nadie en su sano juicio renunciaría a tanto poder, pero

Alejandro había escogido el amor de Ginebra antes que a su inmortalidad.

—¿Por qué un rey de su magnitud renunciaría a todo su poder por una simple

humana? —preguntó aquel vampiro ancestral, uno de los seis sabios y añadió. —¿No

sería más fácil convertir a esa mujer en una de nosotros?

—No espero su comprensión o su aprobación en esta decisión, oh gran sabio, mi

esposa es humana, nos une el vínculo que más respeta nuestra especie, durante miles

de años hemos honrado esta extraña bendición, pero la hipocresía de algunos me ha

llevado a proteger la vida de mi mujer debido a los ataques y amenazas en su contra,

desgraciadamente mi propio pueblo se levantó contra mí, reviviendo una raza que ya

estaba aniquilada por el bien de nuestra gente, como el rey de todo honré el vinculo

que me fue dado con esta humana y lo he defendido con uñas y dientes de mis

enemigos, tan fuerte es la unión que comparto con ella que esta humana a la que

algunos nombran con tanto desprecio, les ha dado a luz a los príncipes herederos de

sangre pura, uno de ellos es un dios y ni siquiera ahora pueden comprender lo que este

vinculo nos ha regalado, comprendo que los príncipes no nos pertenecen, nacieron

para guiar a los vampiros hacía la evolución y la victoria, les parece extraño que quiera

renunciar, pero ¿acaso no es a lo que me han orillado? Sé que jamás aceptaran que

una humana los gobierne y sugerirme hacer a mi esposa una amante me ofende, pues

ninguna Vampiresa le llega a los talones a mi amada, así que, debido a esto, me veo

orillado a tomar esta drástica decisión.

 

Alejandro mantuvo su postura aun en presencia de los seis sabios y uno de ellos tomó

la palabra, Perion Blanckesien.

—A diferencia de algunos de nuestros hermanos yo creo en la voluntad del vínculo y lo

respeto, aunque no entienda por qué se haya dado entre una humana y un vampiro,

repruebo completamente el afán de destruir algo tan sagrado, que como bien dijo su

majestad, nos ha traído a los príncipes elegidos, pero concuerdo en que una humana

no debe convertirse en emperatriz, así como entiendo su razón al no convertirla en una

de nosotros.

—Majestad ¿Por qué renunciar a su inmortalidad? ¿Quién ocupará su lugar en lo que

los príncipes cumplen la mayoría de edad? ¿Por qué nos abandona ahora que los

humanos saben de nuestra existencia? ¿De la de todas las criaturas sobre naturales?

Expone uno de los presentes angustiado.

—¡Silencio! ¡Los únicos que tiene permitido hablar son el rey y los seis sabios!

—manifiesta Verónia miembro del consejo.

—Señor, someterse a la abstinencia es un suicidio, el hambre lo hará perder la cordura

y se volverá como un animal feroz y desquiciado por el deseo de beber sangre, matará

y destruirá todo a su paso, el hambre terminará matándolo, la posibilidad de volverse

humano es…—Alejandro interrumpe a uno de los sabios.

—Mínima, lo sé, pero he recuperado parte de mi humanidad gracias al vínculo y

muchos lo han hecho conmigo, incluyendo al consejo, las emociones son lo primero

que recuperamos, tengo la esperanza de recuperar mi humanidad gracias a esa unión

y arriesgarme es mi única forma de saber si tengo razón.

—En otra circunstancia diríamos que nos ha traicionado al querer regresar a su forma

inferior, pero quiero creer que todos los presentes honramos el vínculo y que, si ese es

el destino que a su majestad le ha sido mostrado, debemos aceptarlo, pues usted es la

máxima representación de respeto ante nuestra ley más sagrada y debemos

resignarnos en paz, así que déjeme preguntarle de nuevo para que quede evidencia

delante de los vampiros de alto nivel cuál es su voluntad. Señor de todo y rey de los

vampiros ¿Cuál es su buena voluntad y petición real?

—Yo, Alejandro de Romaní, rey de los vampiros, deseo renunciar a mi trono y a mi

inmortalidad, para vivir al lado de mi esposa Ginebra de Romaní.

—¿Y quién de todos los honorables vampiros aquí presentes será su sucesor, el

regente que dirigirá a la raza vampírica hasta la maduración de los príncipes

herederos?

Algunos vampiros codiciosos esperan como perros hambrientos escuchar sus nombres

y un silencio ensordecedor yace impaciente a escuchar la respuesta de Alejandro.

 

—El único digno de sentarse en mi trono es Leonardo Divarone, mi mano derecha, fue

mi fiel mayordomo por miles de años y ahora es un vampiro libre de su mayordomía, un




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.