Tres meses, doce semanas exactas habían pasado desde aquella primera ecografía en la que apenas se intuía una pequeña manchita latente y del cual disfruto de un concierto en con sus amigos. Ahora, el embarazo de Maisy se hacía notar de formas mucho más abrumadoras, del cual nunca pensó experimentar, sintiendo un cansancio extremo que parecía adherirse a sus huesos, una sensibilidad constante en los senos que hacía que hasta el roce de la sábana resultara molesto, y, sobre todo, las implacables náuseas matutinas.
Maisy abrió los ojos en la penumbra de su habitación y, en cuestión de segundos, sintió esa oleada cálida y amarga subiendo por su garganta. Sin tiempo para desperezarse, apartó las cobijas de golpe y corrió a trompicones hacia el cuarto de baño. Se hincó frente al inodoro y vomitó amargamente, sintiendo cómo los músculos de su abdomen se contraían mientras una leve capa de sudor frío le cubría la frente.
«Se supone que el primer trimestre ya está por terminar, por favor, que estas náuseas se vayan pronto», pensó cansada mientras se apoyaba con pesadez en el borde de loza, esperando a que su estómago terminara de calmarse.
Tras unos minutos de respiración pausada, se puso de pie con lentitud, tiro de la cadena del baño, mientras se lavaba la boca minuciosamente con agua fresca y un enjuague de menta suave, dejando que la sensación de frescura le devolviera un poco el aliento. Al mirarse al espejo, notó sus ojeras pronunciadas en su rostro, por lo cual aprovecho a lavarse la cara,
«Pero vaya manera de despertarse, no deja ni dormir a su pobre madre este renacuajo», pensó con ironía mientras se cambiaba a ropa cómoda, y así empezar su día, pero mientras se cambiaba se miró en el espejo de cuerpo entero, observando la ligera redondez que comenzaba a asomar en la parte baja de su vientre.
Lo acaricio un par de veces y se imaginó a sí misma con un gran vientre que ni podrá ver sus pies, o le dolerá mucho la espalda por el peso de enfrente, la castaña se mordió el labio un poco nerviosa, antes de inhalar hondo y tranquilizarse, esos pensamientos, se lo dejará a la Maisy del fututo, ya que esta Maisy tiene algo crucial que hacer.
Por la tarde tenía la cita programada con el decano de la facultad de Psicología para conversar sobre su estado y solicitar la transición formal al régimen de estudio virtual, por fortuna, hasta el momento nadie en el campus había sospechado nada; Maisy había renovado hábilmente su vestuario optando por suéteres holgados, vestidos fluidos de corte imperio cortos, o atuendos holgados que para todos sus compañeros, simplemente se trataba de un cambio de estilo personal muy diferente a lo habitual.
Aunque no era que fuera muy fashions, ya que siempre se vestía con lo primero que encontraba en su closet, que normalmente eran vestidos largos o pantalones de campana y de ahí cualquier camisa, por algo es que Emilia estuvo gustosa de renovar su armario, diciéndole que lo que usaba antes eran bonitos, pero no perfectos, lo cual dejo a la castaña confundida, haciendo que Emilia sonriera con burla al ver su rostro.
Arrastrando los pies con un cansancio abrumador, caminó hacia la cocina mientras tarareaba un nana que escucho en videos, estaba sola en la casa ya que sus padres ya se habían ido a sus respectivos turnos en el hospital, por lo que la casa respiraba un silencio absoluto. Maisy puso a calentar agua y se preparó una infusión especial de jengibre y limón para aplacar las náuseas.
Mientras esperaba a que el té se calentara, no pudo evitar pensar en Jayden. Esta vez la banda había salido de gira a un festival en una ciudad bastante alejada, y tras discutirlo juntos, decidieron que lo más sensato era que ella se quedara en casa. El ajetreo de las carreteras, el ruido ensordecedor de los bastidores y los horarios desordenados no eran compatibles con el agotamiento que estaba experimentando. Permanecer en la comodidad de su hogar, bajo el cuidado atento de sus padres y la tranquilidad de su entorno, era la decisión más responsable.
Con la taza humeante entre las manos, se dirigió a la sala de estar. Se dejó caer con extremo cuidado sobre el sofá, acurrucándose entre un mar de cojines mullidos. Encendió el televisor y puso una serie ligera en volumen bajo. Tomó varios sorbos pequeños de té, sintiendo cómo el calor del jengibre asentaba paulatinamente su estómago revuelto.
«Un poco de paz, un té caliente y mi sofá, hoy me voy a tomar el día con absoluta calma antes de ir a la facultad», reflexionó en silencio, cerrando los ojos unos minutos para dejarse envolver por el confort de su casa.
Cuando sintió que las náuseas se habían disipado por completo y el apetito comenzaba a dar señales de vida, se levantó para preparar un desayuno sencillo pero nutritivo: una porción de avena cocida con trozos de manzana verde y una pizca de canela.
Maisy miró el reloj del salón, la hora de su cita en la facultad se aproximaba. Se levantó del sofá disfrutando de la calma de la casa antes de arreglarse, escogió para la ocasión un vestido de punto suave en tono crema, de corte fluido que caía con elegancia desde el pecho, acompañado por un abrigo ligero de color café. Era un conjunto cómodo, de líneas amplias pero estilizadas, que mantenía intacto su ‘nuevo look’ sin levantar la menor de las sospechas entre los pasillos universitarios.
Mientras se cepillaba el cabello frente al espejo, tomó el teléfono móvil y le escribió un mensaje rápido a Kristen.
Maisy: Hola, Kris. Voy saliendo hacia el campus a resolver unos trámites de la carrera. Si estás libre por la tarde me encantaría pasar a saludarte un rato por tu facultad.
La respuesta vibró en su mano antes de que terminara de guardarse los labiales en el bolso.
Krisy: ¡Maisy! Qué alegría. Hoy salgo temprano de mis talleres de pintura, así que a partir de las tres de la tarde estoy completamente libre. Te espero por aquí y nos tomamos un café.
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Editado: 16.10.2026