El amor a través de ti

10. Un hogar para tres

Maisy ya llevaba cinco meses de embarazo, y la curva de su vientre comenzaba a ser cada vez más evidente. Aunque en los pasillos de la universidad ya corrían rumores de que alguna alumna estaba esperando un bebé, sin embargo, la identidad de Maisy seguía estando a salvo, para alivio de ella, y no era por ser la mala, pero no estaba lista aun para revelar su secreto, pero a disfrutado de sus días entre clases virtuales, lecturas tranquilas en casa, el cuidado de sus plantas y tardes relajantes en el jardín.

Joshua les había propuesto con mucho cariño que siguieran viviendo en la casa familiar o que consideraran mudarse al departamento de él. Sin embargo, Jayden estaba decidido a dar un paso firme como nueva familia, quería encontrar una casa propia, espaciosa y con un buen jardín donde el bebé pudiera crecer al aire libre, de hacer actividades con su familia, porque eso era Maisy para él, su familia.

Aquel sábado dedicaron la mañana a recorrer propiedades, inclinándose por viviendas de dos plantas con áreas verdes, aunque también revisaron departamentos, se inclinaron por casas mejor, aun así, sabían que ese paso era demasiado grande, que solo ellos no podían cubrir, pero Jayden se estaba esforzando para ganar más dinero para darle una vida digna a su novia y su futuro hijo, querían dejar como última opción el pedirles prestado a sus padres.

Al entrar a la tercera casa del día, el esfuerzo físico empezó a pasarle factura a Maisy. Subir y bajar las escaleras de las opciones anteriores, sumado al peso de sus cinco meses, le produjo un cansancio repentino y la respiración algo agitada, a pesar que empezó a hacer ejercicios leves todavía le faltaba tener más resistencia.

Jayden, que no le quitaba la mirada de encima ni un segundo, se dio cuenta de inmediato de su fatiga, y no dudo en detenerla.

—Hey, mi amor, despacio —dijo Jayden, rodeando su cintura con delicadeza para sostenerla— Te estás cansando demasiado. Ven, siéntate aquí.

Tomó una silla plegable que la agente inmobiliaria había dejado cerca del ventanal principal de la sala y la acomodó en la sombra. De su mochila sacó una botella de agua fresca y se la tendió a Maisy, destapándola él mismo.

—Gracias, mi vida —suspiró ella con una sonrisa de alivio, tomando un sorbo largo mientras se acariciaba la pancita con suavidad— Mis piernas sienten como si hubiéramos caminado kilómetros.

—Lo estás haciendo genial, pero no quiero que te sobre exijas —respondió Jayden, hincándose a su lado para quedar a su altura y apoyando la mano amorosamente sobre su vientre— A ver, cuéntame, de las tres que hemos visto hoy, ¿cuál te ha hecho sentir más cerca de casa? ¿quieres ver otras opciones?

Maisy miró a través del gran ventanal hacia el patio trasero de la tercera propiedad, donde un césped verde y varios árboles frondosos recibían la luz de la tarde, de todas las casas y departamentos que observaron, sentía que esta casa podría ser su futuro hogar.

—Los departamentos no son opciones, muchos pisos y muchas escaleras, de las casas, la primera tenía habitaciones muy amplias, pero el patio era casi todo de cemento —comentó Maisy recordando los detalles. —La segunda era hermosa por dentro, pero las escaleras eran demasiado empinadas, imagínate subirlas con el bebé en brazos. En cambio, esta, mira este jardín, Jayden. Tiene el espacio perfecto para poner un juego de madera y plantar flores, o tener unos cuantas gallinas o un perro.

Jayden sonrió, contemplando la luz cálida que atravesaba la sala y la expresión relajada de su novia.

—A mí también me encanta esta —admitió él, apretando suavemente su mano— El vecindario es muy tranquilo y la distribución del primer piso nos daría mucha comodidad. Si te gusta esta, podemos pedirle los papeles a la agente y dar el siguiente paso.

Maisy se mordió los labios con nerviosismo, mirando con preocupación a su novio.

—¿Necesitas ayuda? Puedo darte lo que tengo ahorrado.

Jayden negó con una sonrisa. —Tranquila mi amor, yo me encargo, ¿sí? Confía en mí.

La castaña asintió un poco dubitativa todavía, pero como siempre, confiaba en Jayden, y justo en ese momento, el sonido de unos pasos ligeros anunció el regreso de la agente inmobiliaria. La mujer, de aspecto impecable y con una carpeta de cuero bajo el brazo, entró a la luminosa sala mostrando una sonrisa amable al ver a la pareja tan cómoda junto al ventanal.

—Disculpen la demora —dijo la agente con tono profesional y cercano— Les dejé unos minutos para que pudieran sentir el ambiente de la casa a solas. ¿Qué tal les ha parecido la propiedad?

Jayden se puso de pie, manteniendo una mano apoyada afectuosamente en el hombro de Maisy para transmitirle calma.

—Nos ha gustado muchísimo —respondió Jayden sin rodeos—El área del jardín es exactamente lo que estamos buscando y la distribución nos parece idónea. Nos gustaría conocer los detalles financieros y las condiciones del contrato.

La agente asintió complacida, abrió la carpeta y sacó un par de hojas muy organizadas.

—Excelente elección. Esta propiedad acaba de entrar al mercado y está lista para mudanza inmediata —explicó la mujer, extendiéndoles un resumen impreso— El precio total de venta es bastante competitivo para la zona residencial en la que estamos, que además cuenta con seguridad las 24 horas y parque infantil a dos calles.

Maisy tomó la hoja con curiosidad mientras Jayden se inclinaba a su lado para leer los números juntos.

—En cuanto al esquema de pago —continuó la agente—, se solicita un enganche inicial del veinte por ciento para reservar la vivienda y congelar el precio. El saldo restante se gestiona a través de un crédito hipotecario o pago de contado, según prefieran. Además, el contrato incluye la revisión de garantías de estructura y plomería por un año completo, lo que les da total tranquilidad.

Jayden revisó detenidamente las cifras y las cláusulas preliminares. Los términos eran bastante razonables y se ajustaban muy bien al presupuesto que él había planificado para el futuro de los tres, confiaba en sí mismo para lograrlo, luego se lo mostro a Maisy para que lo leyera.




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