Mientras la penumbra reinaba en la habitación de Maisy, Jayden aprovechó el tiempo para dejar el departamento impecable. Recogió los instrumentos que solían quedar fuera de sus estuches, acomodó los cojines de la sala y se fue directo a la cocina para preparar una cena caliente. Conocía de memoria la rutina de sus padres: siempre que llamaban diciendo que estaban ‘a punto de llegar’, peor terminaban apareciendo horas más tarde debido al tráfico del aeropuerto o a las demoras en la entrega del equipaje.
Llegarían agotados por el vuelo, pero siempre con ganas de consentirlo, en especial su madre, Karine, quien seguía tratándolo como si fuera su pequeño niño sin importar que ya fuera el líder de una banda de rock, y que prácticamente se independizó a los dieciséis años.
«Aunque esta vez las cosas son distintas», pensó Jayden mientras cortaba unos vegetales, soltando una risita nerviosa para sus adentros. «Cuando se enteren de que seré papá a los diecinueve años, seguro me cae un regaño monumental de mamá antes de que se ponga a festejar».
Hizo una pausa en la cocina y caminó de puntillas por el pasillo. Abrió apenas un milímetro la puerta del dormitorio para comprobar que Maisy siguiera profundamente dormida. Al verla acurrucada plácidamente bajo las cobijas, sonrió con ternura y volvió a cerrar sin hacer un solo ruido.
En ese momento, su teléfono comenzó a vibrar, observo quien era, siendo Oliver, el bajista que había estado haciendo pruebas con ellos las últimas semanas.
—¿Qué hay, Oliver? —respondió Jayden en un susurro, regresando a la cocina.
—¡Jayden! Amigo, perdón por molestar a esta hora, pero la ansiedad me está matando —se escuchó la voz nerviosa de Oliver al otro lado de la línea— ¿Se sabe algo ya? ¿Steban dio el veredicto sobre si entro oficialmente a Gryphonics o no?
—Tranquilo, viejo —se río Jayden con baja voz— Estuve hablando con Steban por la tarde. Quiere que toques una canción más con nosotros en el ensayo del jueves para ver la química en vivo. Te soy sincero: las chicas y yo estamos fascinados con tu trabajo, tu bajo le da una fuerza y un ritmo brutal a los nuevos temas, la decisión final está entre Steban y yo; yo ya te di el visto bueno, pero Steban es un poco más precavido con los contratos. Tú solo ven preparado el jueves y rompe la tarima.
—¡Uff, no sabes el peso que me quitas de encima, hermano! —respiró Oliver aliviado— Avísame la hora exacta y ahí estaré el primero. ¡Gracias de verdad, Jay!
—Nos vemos el jueves, amigo. Un abrazo.
Jayden colgó la llamada, guardó el móvil en el bolsillo y se giró hacia la barra para terminar de servir la cena. Sin embargo, antes de que pudiera dar un solo paso, un par de brazos lo rodearon por la espalda con un ímpetu tremendo, tomándolo tan desprevenido que casi pierde el equilibrio haciendo que casi terminara besando el suelo.
—¡Mi niño hermoso! —exclamó una voz femenina llena de energía y calidez.
—¡Aah! ¡Mamá! —gritó Jayden entre la sorpresa y la risa, recuperando la estabilidad a duras penas mientras se giraba para corresponder el abrazo asfixiante de su madre.
Detrás de ella, Félix, su padre, apareció en la cocina rodando un par de maletas de viaje. Vestía su impecable uniforme de piloto, aunque con la corbata floja, y miraba a su esposa e hijo con una sonrisa cansada pero profundamente feliz.
—¿Pero cómo demonios entraron? ¡Si la puerta estaba cerrada con llave! —preguntó Jayden, despegándose del abrazo de su madre y mirándola entre incrédulo y divertido.
Karine, luciendo aún su elegante uniforme de azafata y con una sonrisa astuta en los labios, levantó una mano y dejó sonar un juego de llaves doradas haciéndolas tintinear frente a sus ojos.
—¿Ponerle cerrojo a la puerta para dejar fuera a tu propia madre? Buen intento, Jay, pero me quedé con una copia la última vez que vine a limpiar —dijo ella guiñándole un ojo con complicidad.
Jayden rodó los ojos entre risas, sabiendo perfectamente que era una batalla perdida intentar discutir con ella. Cuando a su madre se le metía algo en la cabeza, siempre encontraba la forma de salirse con la suya.
—Estás igual de necia que siempre —se rio Jayden, dándole un beso cariñoso en la mejilla antes de acercarse a estrechar la mano de su padre con un abrazo firme— Qué bueno verlos, papá. Llegaron justo a tiempo, la cena está casi lista.
—Es una sorpresa siempre verte cocinar hijo mío, eso es música para mis oídos después de doce horas de comida de avión, aunque ya extrañaba el sabor a comida casera. —suspiró Félix con una sonrisa franca, dándole unas palmaditas en la espalda.
Karine comenzó a mirar alrededor del departamento con curiosidad, notando de inmediato dos copas de agua en la barra, una bolsa de pastelería fina y una chaqueta de mujer doblada con delicadeza sobre el sofá.
—Un momento... —murmuró Karine, entrecerrando los ojos con una chispa de picardía mientras se cruzaba de brazos— Reconozco muy bien lo que está pasando, y no lo intentes ocultar niño, me hubieras dicho que traerías a mi nuera, a ver ¿Dónde está mi nuera adorada? ¿Dónde está Maisy?
Jayden respiró hondo, cerró los ojos un segundo y volvió a abrirlos buscando la mirada de ambos. Antes de que Karine comenzara a sacar sus propias conclusiones y el departamento se llenara de preguntas apresuradas, levantó las manos en gesto de paz.
—Mamá, papá... por favor, siéntense un momento. Tengo algo muy importante que hablar con ustedes, y de verdad necesito que nos pongamos serios —pidió Jayden con un tono tan maduro y solemne que cortó de golpe el ambiente festivo de la cocina.
Félix y Karine cruzaron una mirada rápida, la expresión cansada del mayor se transformó en una de abierta preocupación, mientras que Karine borró la sonrisa astuta de su rostro y dio un paso hacia la barra, cruzándose de brazos.
—Jayden, me estás asustando —dijo su madre, fijando en él una mirada penetrante y seria como pocas veces— ¿Qué es lo que pasa? ¿Por qué tanta solemnidad? Y dime la verdad... esa ropa que está en el salón, ¿es de otra mujer? Porque si metiste a alguien más a este departamento a espaldas de Maisy, te juro por Dios que me voy a enojar enormemente de ti. No te crie para que fueras un muchacho irresponsable ni como esos hombres que no saben respetar a su pareja.
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Editado: 16.10.2026