Pov’s Brick
Una mujer sonriente apareció detrás de la puerta, Nuria se hizo un lado dejándome entrar en aquel lugar.
El silencio de aquella gran casa me envolvió, camine dando unos pasos hasta llegar a la sala. Gire mi cabeza observando hacia el patio específicamente al living donde siempre me esperaba mi abuela.
Le di una rápida mirada a mi reloj pensando que había llegado tarde o muy temprano.
Era la misma hora de siempre en ese horario donde sabía que no habría otras personas además de mi abuela.
Me dirigí hacia las escaleras pero antes que pudiese seguir una voz me detuvo.
—Tu abuela no está.
Reconocí al instante a quien pertenecía aquella voz. Me gire observando a la mujer que me miraba con una cierta angustia.
Hacía unos días que no cruzaba a Monice y tampoco sentía la necesidad de hablar con ella.
—Regresare en otro momento —dije pasando por su lado.
—Brick, hijo por favor espera un segundo —detuve mi paso al escucharla— quiero que hablemos.
Me gire en mi lugar para mirarla seriamente, mire mi reloj y volví a mirar hacia las escaleras.
—Se que estas aquí por tu abuela pero soy tu madre Brick —mis ojos se dirigieron hacia ella.
<< Mi madre >>
Ni siquiera podía imaginarme que ella se tomara en serio esa palabra.
—He hablado con Conrad —al oír ese nombre aparte la mirada— se que no estuvo bien como te trato a ti y a Astrid.
De solo recordarlo sentía como otra vez aparecía ese enojo pero ese día lo que menos quería era enojarme.
—¿De que sirve que me digas todo esto? —pregunte seriamente— no necesito su ayuda.
—Brick, no seas desagradecido Conrad cuando tu tuviste problemas…
—Siempre lo justificaras nunca te pondrás en mi lugar por lo que veo.
Negue con mi cabeza para luego soltar un suspiro, volví a mirar mi reloj y mi abuela aun no aparecía.
—Lo siento hijo perdóname se que les he fallado mucho a ti y a tus hermanos —su voz se entrecorto y sus ojos se pusieron llorosos.
—Monice no es necesario que hagas esto —dije manteniendo mi firmeza.
Ella negó con su cabeza dando un paso hacia mí, su rostro estaba rojizo y las lágrimas empaparon sus mejillas.
—No tienes idea lo mucho que me duele saber que no quieres verme —dijo entre sollozos— y me duele mas el hecho que tampoco quieres que vea a tus hijos.
Una extraña sensación se hico presente dentro mío, una parte de mi cerebro había aceptado aquella palabra que por momentos me había costado decir.
<< Mis hijos >>
Pensar en ellos me recordaba que realmente eran parte de mi.
Con cada día que compartía con ellos veía algo que era mío.
Fue un segundo que me transporte a ese momento donde íbamos en mi coche, con la música a todo volumen y ellos cantaban felizmente.
Su existencia para mi significaba otra manera de ver la vida, ya no solo importaba yo si no que también tenia que ver por ellos.
Monice seguía mirándome su rostro y sus ojos humedecidos.
La mujer que tenia que haber cuidado de mi y no lo hizo, ya no sentía tanta molestia el sentimiento había sido reemplazado por resignación.
Nada iba a cambiar y mucho menos Monice que después de años seguía al lado del mismo sujeto que hacia lo que quería con su vida.
—No es lo que quiero para ellos —dije seriamente— se merecen una familia con buenos valores.
—¿Por qué eres tan injusto? ¡Tu sabes que para mi fue difícil! —exclamo ella que ya no lloraba— sé que cometí muchos errores pero no quiero sentir que lo he perdido todo.
Algo dentro de mi había cambiado desde el día que descubrí la existencia de los niños.
La primera vez en mi vida que sentí que la emociones se habían apoderado de mi y que estaban toando otro lugar en mi vida.
<< Astrid >>
Ella era la causante de esa sensibilidad, la que me había quitado aquella mascara donde nadie podía saber lo que sentía.
Ver a Monice y oírla despertó un sentimiento de compasión.
—He regresado a la firma de abogados y quiero que sepas que si necesitas algo… —ella hizo una pausa— estaré ahí para ti hijo.
No reaccione solo la mire a los ojos, esos mismos que eran del mismo color que los míos y el de los pequeños.
Una parte de mi quería creerle pero la otra seguía dudando.
Eso mismo que me pasaba con Astrid.
Antes que pudiese responder el sonido de la puerta capto mi atención.
—¡Oh querido! Lamento hacerte esperar —me gire para observar a mi abuela— ¿Esta todo bien?
Ella me miraba con su singular sonrisa, relajé mi rostro y asentí con mi cabeza.
—¿Interrumpí algo? —pregunto mirándome a mi y luego a Monice.
—No mamá —volví a mirarla y ella sonrió débilmente— espero verte pronto.
Al decir eso se alejó de allí hacia donde se encontraba la oficina.
Seguía sintiendo esa extraña sensación dentro de mi pecho pero decidí ignorarla.
—Pobre tu madre volver al trabajo resulta estresante —ella me tomo del brazo— seguro que podrá manejarlo.
Los dos caminamos hacia la cocina y ella se fue directo a la tetera. Tome asiento observando la isla que habían unas galletas con chocolate.
Levante una ceja mirando con curiosidad las galletas.
—Las preparo tu mamá —dijo la abuela con una sonrisa.
Intente disimular mi sorpresa ya que hacia tiempo que Monice no tocaba la cocina.
—Son tus favoritas —mire otra vez las galletas y tome una.
El chocolate siempre había sido mi debilidad pero aquellas galletas me transportaron hacia el pasado.
Ese pasado donde mamá era feliz, que estaba papá, el abuelo, mi tío Oliver y la tía Miranda.
Definitivamente los pocos recuerdos que tenia feliz de mi infancia estaba en aquella galleta que tenía entre mis manos.
—Creo que volver a la empresa le hizo bien —la abuela se acerco con dos tazas entre sus manos.
La mire con curiosidad pensando que había oído mal.
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Editado: 20.01.2026