¿ El Amor Apesta?

PRÓLOGO

Los pasillos de la escuela se encontraban vacíos, las clases habían comenzado hace más de media hora.

El chico arrestaba los pies por los pasillos, mientras tarareaba la canción que se producía por sus auriculares. Un nudo se formó en su garganta al recordar a la chica, al recordar su mirada, su sonrisa y aquel hoyuelo que se formaba en su mejilla izquierda.

Todos sabían que había entrado en depresión, pues la falta de ella lo había afectado tanto, hasta al grado de no asistir a la escuela.

Después de tres semanas sin presentarse, estaba de vuelta, pero no era el mismo. El violín lo dejó de tocar, dejó de escuchar todas las canciones que a él le gustaban solo para dedicarse a escuchar aquella canción que tanto le recordaba a ella, dejó de escribir canciones, simplemente cambió. Como todos lo llegamos a hacer.

Era viernes, el día en él que la había conocido.

Una sonrisa nostálgica se formó en su rostro. Golpeó la puerta del profesor Gregory con sus nudillos y metió sus manos en el bolsillo de su sudadera, miro hacia su lado izquierdo, esperando verla, no, no estaba.

La gran panza del profesor se hizo presente, él frunció su ceño, pues no esperaba verlo tan pronto, estaba al tanto de todo lo que había pasado, ladeó su cabeza y observó al muchacho que tenía enfrente, él lo observó y carraspeó, llamando la atención de su profesor.

— Llegando tarde, como siempre, señor Gil— Gregory embozó una sonrisa, extrañaba a Alexander, vaya que sí.

Alexander soltó una sonrisa mientras enrollaba y guardaba sus auriculares en el bolsillo de su sudadera, la misma que había llevado al comienzo de las clases.

— Hay una reputación que cuidar— le guiñó un ojo.

— Pasa — el profesor se hizo a un lado, dejándolo pasar—, deja la carpeta en el escritorio y toma asiento— le indicó.

El chico hizo caso, dejó la mochila en el suelo y se sentó en la butaca que le correspondía. Volvía a estar en la boca de los demás, eso lo irritaba, lo molestaba. Frotó sus sienes y observó a sus amigos.

En esas tres semanas no había hablado con nadie, por lo cual, no sabía nada de Pau y de Hugo, les sonrió, a lo que ellos lo tomaron con sorpresa, era raro que Alexander Gil te sonriera.

La clase continuó, como era de costumbre Alexander nunca puso atención, solo se dedicó a mantener la cabeza entre sus manos, maldiciendo a la vida y a todos. Ese era el típico Alexander Gil. El que todos extrañaban.

Gregory caminó hacia él, tomó una silla para ponerla frente al chico y sentarse en ella, admiró al chico, es cierto que lo sacaba de sus casillas, pero le tenía cariño.

— Alexander — lo llamó, él alzo la cara y frunció su ceño, era raro ver al profesor sentado en una silla delante de un alumno—, pedí un reporte acerca de los lugares más hermosos del continente europeo, ¿Qué pasó?

El nudo en su garganta se volvió a forma, la mirada se le nubló y empezó a morder nervioso su labio inferior. No, no lloraría en la escuela, delante de desconocidos que solo se dedicaban a murmurar entre ellos.

Trago saliva y contestó en un murmullo, para que él y el profesor fueran los únicos en saberlo:

— No hay belleza en ningún lado que se pueda comparar a la de ella, la de ella es única. Ella es única.

"Perdón por llegar tarde, me estaba encontrando a mí mismo, también me estaba reparando. Quería darte mi mejor versión".

 




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