¿ El Amor Apesta?

06 | No puedes utilizar a una persona para olvidar a otra. Es de ley.

Alexander Gil.

Siempre he pensado que todo esto del amor era una mierda, y lo comprobé más cuando terminé con Alicia, si, a lo mejor solo me basaba en mis relaciones pasadas, pero era lo que yo sentía.

Odié sentirme como el otro, como la segunda opción de ella, odié sentir aquel nudo en el estómago, odié la decepción que me dio mi mejor amigo, odié que todas las letras de mis canciones que componía fueran para ella, odié cada segundo y minuto que pasé con ella, odié todo lo que tenía que ver con ella.

"Alguien te amará, pero no seré yo"

Siete palabras que dijo ella y siete palabras que me destruyeron por completo, haciéndome derrumbar en ese momento, delante de ella.

Y me odié más con enseñarle la canción a Sofía, no tenía que haberlo hecho. Me arrepentí de inmediato cuando la vi con los ojos cristalizados y con la mirada perdida en cualquier punto. Sabía que le gustaba, pero yo aún amaba a Alicia y a Sofía le quería dar mi mejor versión, una mejorada a la que le había dado a Alicia, por qué ella se lo merecía.

Sofía se merece todo el puto universo y yo se lo quería dar.

Observo el techo de mi habitación, la canción de Yellow se escucha mediante mis auriculares y tarareo la canción mientras muevo mis dedos sobre mi estómago al ritmo de la música. Pero alguien entra a mi habitación sin avisar y me quita un auricular, observo mal a la otra persona. Bufo y pauso la música.

— ¿Piensas quedarte ahí acostado mientras que los demás nos divertimos allá bajo? —alza una ceja.

— Es justo lo que pensaba hacer toda la tarde— contesto con ironía, mientras me siento en la cama y acomodo mi espalda en el respaldo de esta—, pensé que no vendrías.

Ella suelta una pequeña risa, se sienta en el filo de la cama.

— ¿Ya no me quieres de cuñada? — cuestiona.

— Oh, vamos, Catalina, todos sabemos que Izan adora, quiere y ama a Carolina, deberías de dejar de hacerte ilusiones con él— la señalo.

— ¿Aun siente algo por ella? — asiento, bufa—, pero no le hace caso— alza sus manos y las deja caer.

— Por algo está el club de los corazones rotos, ¿no? Noa ama a Iker, Iker ama a Dasha, Dasha ama a Lewis, Lewis te ama a ti— la señalo y hace un gesto de desagrado—, tú amas a Izan e Izan ama a Carolina, y nunca sabremos quien ama Carolina— me encojo de hombros.

— Cambiando de tema, Pau y Hugo, ¿hay algo entre ellos? — frunzo mi ceño y niego con la cabeza.

— Son solo mejores amigos, Cata, no hay de qué preocuparse.

— Es que Hugo observa de una manera a Pau, de una manera — duda—, ya sabes, de esas miradas cuando observas a la persona que te gusta.

— Ya, pero no hay nada entre ellos, bueno, yo que sepa no hay nada.

Observo a Catalina acomodándose sus lentes con su dedo índice y suspira, su cabello negro viene amarrado en una coleta, pero dejando algunos mechones de cabello sueltos, sus ojos azules conectan con los míos y enarca una ceja.

— Eres hermosa, Cata — confieso—, no sé por qué sigues aferrada a Izan.

— Lo mismo me pregunto, Alexander— se sonroja, desvía la mirada hacia mi violín—. ¿Aun tocas? — lo señala.

— Sí — murmuro—, nunca lo he dejado de tocar, es como mi vida— dramatizo.

— Es bueno que dependas de un instrumento qué de una persona— sonríe con nostalgia—, vente, vamos, los Sanz ya están allá abajo.

Oh, no, ese era lo que yo quería evitar; los Sanz.

Mierda.

Ella se pone de pie y sale de mi habitación. Suspiro. Tenía que hacerlo.

Me pongo de pie y camino hacia el armario, saco una sudadera y me la coloco, tomo mi teléfono y lo guardo en el bolsillo de mi sudadera. Tomo una bocada de aire y cierro la puerta de mi habitación detrás de mí.

Afuera, en el jardín trasero, mi madre se encuentra repartiendo bocadillos para todos, Izan se encuentra hablando con Iker y con Oliver, Dasha junto con Catalina, Alicia y Carolina, mientras que Sofia se encontraba junto con Noa, Pau y Hugo.

— Extrañaba esto— murmura mi madre a lado mío—, ¿limonada, cariño?

— No, gracias, mamá.

— Ve a divertirte, que será raro volver a verlos así. La gente se va, Alexander, a veces el tiempo es nuestro peor enemigo.

— Vale — suspiro.

Camino hacia ellos mientras que Sofía golpea con un puño su pecho mientras tose, todos la observaban con el ceño fruncido, me acerco a ella y le ofrezco mi sudadera.

— Mierda, Sofí, creo qué te hizo daño el frio de anoche— tomo asiento a lado de mi hermana.

— Supongo — se encoje de hombros, observa mi sudadera y sonríe—. Creo que es la misma que te ensucie el viernes.

Si era la misma que me ensucio aquel día.

— Es una de mis favoritas — le quito importancia.

Durante media hora hablamos los cinco de diferentes temas, Noa habla acerca de su estadía en Suecia, Hugo y Pau de todo lo que hicieron en aquel tiempo en el que mi hermana se había ido, y la tos de Sofía había empeorado.

Iker había insistido en llevarla al hospital o algún médico, pero ella se negaba, decía que estaba bien, que había sido la brisa fría de anoche.

Y en este momento todos nos encontrábamos en un círculo, hablando de todo lo que hicimos en aquel tiempo en donde no se había tenido contacto con ninguno.

— Tenemos que hacer esto más seguido— habla Dasha, mientras se pone de pie.

— Pero que no sea en mi casa— suplico.

— No seas un aburrido, Alexander, sabes que tu casa siempre ha sido el lugar en donde todos nos reunimos— alega Lewis.

— Como sea, pero tenemos que estar más en contacto entre nosotros— esta vez habla Oliver.

Camino a paso lento para atrás; mientras que los demás siguen hablando o discutiendo, tomo de la mano a Sofía y le indico que no haga ruido, caminamos hacia la salida de mi casa y caminamos hacia la cochera, en donde se guardan las bicicletas.




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