¿ El Amor Apesta?

?Extra. Halloween.?

Ayudo a Sofía a colocarse la diadema que llevará como cuernos. Ha decidido ser una diabla el día de hoy, mientras yo me voy disfrazado de ángel, como lo he sido todo este año. Al principio de todo esto, realmente no quería ir, no quería escoger algún ridículo disfraz e ir caminando por las calles.

Sentía que era algo que los niños más pequeños tenían que disfrutar, sin necesidad de que alguien de nuestra edad los estuviera molestando. Pero ya me veía tirando huevos por las casas de los vecinos que en este año habían sido soplones de mis huidas cuando no estaba mamá.

La propuesta había sido de Sofia, ella era la que había dado la idea y todos habían estado de acuerdo. No quería dejarla sola, por lo cual, yo también acepté.

— ¿Lista? —le pregunto mientras me acomodo la playera que llevo.

— Lista— responde con una sonrisa y yo se la devuelvo.

Tomo su pequeña mano y salimos, afuera, nos esperan todos. Todos van vestidos de negro, los observo por unos segundos, observo a Sofía y ella se encoge de hombros.

— Upps— finge demencia.

— Sofía...

— Te ves ridículo, hermano— dice Lewis mientras camina hacia mí, lo aparto.

— Eres una manipuladora, Sanz— me quejo.

Todos sueltan una carcajada y yo trato de calmarme, ella toma mi mano y camino con ella. Los demás van hablando de cosas que no entiendo porque solo me fijo en la castaña de rulos y ojos verdes, ella me ignora.

Actúa como si fuera inocente.

Suelta mi mano y saca un huevo, la observo con el ceño fruncido y los lanza hacia la casa de los Martinez, el señor está afuera, dando dulces a los niños, por lo cual le cae en la cabeza.

— ¡Corran! — dice Sofía, mientras hala de mí.

Los demás se quedan observando, hasta que ven como los hijos del señor Agustín salen de la casa con bates y con pasamontañas, lo sé porque yo en ningún momento dejo de observar para atrás. Pasamos a un lado de los chicos y yo tomo la mano de Noa, para después jalarla conmigo.

— Jävel —» hija de puta «dice mi hermana con bastante enojo hacia la chica de ojos verdes, ella la observa y sin dejar de correr, le contesta:

— kvinnlig hund—» perra «

Sé que ambas hablan en sueco, por lo cual dejo que se avienten miradas de odio, se caen bien, dejarlas matarse por un momento no pasará a mayores.

Mis pulmones empiezan a pedir a gritos una bocada de aire, pero no dejamos de correr. Una camioneta se detiene delante nuestro, los tres nos detenemos e Iker baja la ventanilla del coche.

— Suban, hijos de perra.

Los tres acatamos la orden y adentro me doy cuenta de que todos ya están ahí. Lewis golpea el hombro de Sofía con delicadeza, le sonríe.

— Como dirían en mi pueblo: ahora si te la mamaste, Sanz.

Todos sueltan una carcajada.

Y ahí, en medio de personas sudadas, me doy cuenta de que realmente soy feliz. 

 




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