¿ El Amor Apesta?

15 | Nunca sabrás cuánto tardará la lluvia.

Alexander Gil.

Miedo. Mucho miedo diría yo.

Viajar para mí nunca había sido un placer, al contrario, siempre había sido una tortura. Ver como estábamos tan alto, tan arriba, me daba miedo, sin duda me daba mucho miedo, siempre fui de las personas que iban en medio, nunca en la ventanilla.

Y supongo que eso no lo entendía Sofía, en cualquier momento me podría miar. Me daba pánico ver como todos reían, como todos hablaban, mientras yo me cagaba del miedo, esto era vergonzoso.

— Cámbiame de lugar— le hablo a Sofí, pero ella solo sigue leyendo en su teléfono—, Sofía Sanz, te estoy hablando, me voy a hacer pipí.

Sigue ignorándome, le quito el teléfono de las manos y ella me observa con molestia, pero cuando capta la indirecta, suelta una carcajada. Yo no le veo nada de divertido el hacer pipí en medio del avión. La observo mal, frunciendo mi ceño y tratando de entender por qué se está riendo.

— Estoy hablando enserio, Sofía, no me gustan las alturas— le ruego.

— Solo cierra la ventanilla y listo.

— Pero...

Hay una turbulencia, la cual hace que grite y me abrace a Sofía del brazo.

— ¡Mamá!

Pero mamá está más que dormida, está en el otro lado. Sofía suelta, pero una gran, grandísima, carcajada, haciendo que todos la manden a callar. Ella se queda callada por un tiempo, pero la sonrisa en su rostro no la deja.

Estoy haciendo el ridículo en medio de personas que no conozco, pero verla reír, haciendo que sus enormes ojos se achinen y me observe con ternura, hace que todo valga la pena.

Hace una semana ella me había pedido que la acompañara a ver a su madre, a venir a Estados Unidos, estaba dispuesto a venir, pues yo si la acompañaría a cualquier parte del mundo si ella así me lo propusiera.

Le rogué días a mi madre para que me dejará venir, había ganas de viajar, solo faltaba el permiso de mi madre y dinero, mucho dinero. Al final, ella había decidido venir con nosotros, así ella se tomaba unas vacaciones y me podría cuidar de cerca.

Al principio me negué a que mi madre viniera conmigo, pero después, cuando me di cuenta de que tenía que venir con Sofí de si o si, acepté todas las condiciones que Mariana Gil estipulaba, una de ellas era:

"No molestes a tu madre".

Era una buena madre. Pues mientras me mantuviera lejos de ella y cerca de Sofía, claro que no la molestaría, bueno, solo para pedir dinero.

El avión hace unas cuantas turbulencias más, antes de aterrizar y yo tomo la mano de Sofí con fuerza, haciendo que ella se queje, pero sin apartarla. Indiana nos recibe. El frio nos recibe y también la tristeza de Sofía, ha empezado a mover las piernas con desespero y a juguetear con sus dedos.

Iker a lado nuestro, aprieta el hombro de su hermana en forma de apoyo, le coloca su gorro de lana y le acaricia las mejillas. Ella lo observa y es como si ambos se entendieran, pues él la abraza, con los ojos llorosos.

Tengo que dejar de observar la escena, porque, aunque no lo quiera, esto me pone muy sensible. Demasiado sensible. Sé que la vida de Sofía no ha sido muy fácil, la mayor parte de su juventud la pasó hospitalizada, razón por la cual jamás la llegué a observar cerca.

Ella no ha tenido la misma vida que yo. Ella es más fuerte que yo, porque si a mí me llegará a pasar la mitad de lo que a ella le ha pasado, me hago bolita en mi cama y de ahí jamás salgo.

Cuando bajamos del avión, pasamos por todo lo que se tiene que pasar en el aeropuerto, recoger las maletas, es parte de todo ese proceso.

Mamá me lleva de la mano mientras salimos del aeropuerto para poder tomar un taxi, observo nuestras manos enlazadas y suspiro, trato de llevar su paso, pero ella camina demasiado rápido, me está arrastrando.

— Señora, Gil— la llamo—, me está arrastrando— me quejo, ella se detiene, da la media vuelta y me advierte con la mirada.

— Muévete, Alexander— habla entre dientes.

— Pero me estas lastimando.

Ella me vuelve a tomar de la mano y esta vez, si, si me está arrastrando por todo el aeropuerto hasta llegar a la salida. La gente la observa y murmura, la ven mal y yo trato de verme más malo de lo que ya soy, para que sepan que mi madre no está sola, que me tiene a mí y que si se meten con ella yo tendré que matarlos.

Literalmente, obvio.

Salimos del aeropuerto y tan rápido como llegamos, tan rápido aparece un taxi, la señora Gil lo detiene y el señor sale de su vehículo para ayudarla a subir las maletas al maletero.

Mariana Gil abre la puerta trasera y me mete, me mete a la fuerza, como si ella fuera la policía mala y yo un criminal. Sofía entra detrás y detrás de ella Iker, ella me observa con una sonrisa comprimida, la observo mal.

— Puedes reírte.

Y aunque solo le había dado el permiso a Sofía, Iker también ríe, como si hubiera hablado con él.

— Solo le di el permiso a Sofía, no a ti, aborto de elefante.

Iker se detiene, frunce su ceño y alza su puño, justo para darme en la cara, pero se detiene cuando mamá abre la puerta de copiloto y entra, le enseño la lengua y él suela rueda los ojos.

Sofí recarga su cabeza en mi hombro y yo acaricio su cabeza que está cubierta por el gorro de lana, su hermano nos observa con una expresión de desagrado, rueda los ojos y se coloca los audífonos para observar por la ventana.

El señor del taxi coloca la radio, haciendo que tenga que recordar todas las palabras que he aprendido en inglés para entender lo que dicen, pero, sinceramente, no entiendo nada, por lo cual solo me concentro en la chica que tengo a lado.

Empieza a sonar una melodía y sé que es Maroon 5 porque los he escuchado bastante, Sofía se endereza en su lugar y frunce levemente su ceño, tratando captar la música y cuando sabe que música es, mueve demasiado rápido el brazo de Iker. Él se quita los auriculares y observa mal a su hermana.




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