El Amor de Ariel

CAPÍTULO 12

FLORENCIA, ITALIA

MARENA

 

Inhalo y exhalo repetidas veces hasta que el mareo aparece y debo sentarme para buscar la calma. No puedo creer que parezca una adolescente cuando esto en realidad no es nada más que una salida con mi hijo y amigos, ¿cierto?

«Un amigo que te alborota las hormonas, Marena. Un amigo que te gustaría besar y sentir», se burla mi mente y sacudo la cabeza. Yo no puedo estar pensando este tipo de cosas.

Me levanto una vez más para verme al espejo y aliso mi vestido, creo que está bien para una tarde en la ópera, ¿verdad? Es negro con estampados de flores rojas, un cinturón a juego y el pañuelo en mi cabeza es completamente negro.

—¡Mamiiiiii llegadon! —Rafa entra corriendo y se detiene al verme—. ¡Guau mami linda!

Sonrío y me acerco para cargarlo y darle un beso en la mejilla.

—Gracias, mi bebé hermoso, ¿y la tía Bruna?

—Diendo en su tefelono, mami.

—Teléfono, mi amor. —le recalco, a veces lo dice bien y otras no.

Alzo mis cejas y camino fuera del cuarto justo en el preciso instante que tocan a la puerta. Me aferro a Rafa para aplacar mis nervios y noto a Bruna sentada riendo mirando a la pantalla de su teléfono. Me dijo que estaba considerando adoptar a Yahir porque desde el primer momento siente que le robó el corazón y le dije que lo hiciera, que, si lo sentía, yo la apoyaba y Andrés también prometió ayudarla, pero no creo que esas sonrisas sean por Yahir en este momento.

—¿Quién es el afortunado o afortunada? —cuestiono y ella alza mirada, enseguida sacude la cabeza.

—Después hablamos, amiga.

—¿Si escuchaste la puerta?

—Sí, lo siento, me distraje. —se excusa.

—¿Tía Buna tiene novio? —pregunta mi hijo y mi amiga se detiene abruptamente, ambas lo miramos.

—¿De dónde sacas eso, Rafa? —cuestiona Bruna.

—Dijo niño vede del tabajo de yo y mami que las niñas con novio sondien al tefelono. —explica, Bruna se ríe y se acerca para cargarlo y llenarlo de besos.

Yo sacudo la cabeza y me encamino a la puerta para ver a Ariel y Alessia, no puedo evitar el jadeo que escapa de mis labios al verlo lucir tan elegante y apuesto. Lleva un pantalón gris y una camisa azul oscuro de mangas largas que resalta muchísimo sus ojos y su cabello, su mirada me recorre de tal forma que siento los vellos de mi piel erizarse, ¿desde cuándo no sentía algo así?

—¡Guau, Mare, qué bellísima! —exclama Alessia y observo lo adorable que se ve en ese vestido lila con un cinturón turquesa.

—¡Y tú estás hermosísima también! —le recalco.

—¡Niña doja Ale!

Mi bebé viene corriendo y ellos comparten un sentido abrazo.

—También te extrañé, Rafa. —expresa Ale y le besa la mejilla a mi hijo.

—Hola, doto dojo Adiel, mami cambió su vestido mucho, ¿vamos a fiesta?

«¡Dios! ¡Mi hijo no acaba de decir eso! ¡¿Puede tragarme la tierra en este instante?!» grito mentalmente mientras trato que no se me note.

—Tu mami se ve hermosa, ¿no crees? —Ariel me recorre nuevamente con una mirada pícara que enloquece mis hormonas—. Y no, no vamos a una fiesta, vamos al teatro a ver una ópera, es música, canto y personas actuando en el escenario. —le explica mientras se agacha para quedar a su altura y mi hijo lo abraza por el cuello.

—Eso gusta a Dafita, gachias. Mami feliz, Dafita feliz, la tía sondie a su tefelono y…

—¡Todos felices! —Aplaude Alessia abrazando también a su papá y a mi hijo y la mirada de emoción que Ariel me da, toca una fibra sensible en mí.

—Ariel se ganó muy rápido la confianza de Rafa. —susurra Bruna a mi lado y exhalo pesadamente.

—Las tres están bellísimas hoy y nosotros somos muy afortunados, Rafa. —Ariel se levanta con mi hijo en brazos—. ¿Están listas?

—¿Puedo hacer pis? Por favor. —pregunta Ale mirando entre nosotras.

—Ay, claro que sí, pasen adelante. Vamos, Ale, yo te llevo. —Se ofrece Bruna al instante.

—¡Yo muesto tamben, Dafita sabe! —exclama mi hijo y Ariel lo baja nuevamente.

—Lo reitero, estás bellísima, Marena. —Ariel da un paso hacia mí una vez que mi amiga y los niños no están a la vista.

—Gracias, no sabía qué sería apropiado para una matinée en la ópera. —Aliso mi vestido y él sonríe.

—Estás perfecta. —asegura con voz suave y mis latidos se descontrolan.

—Tú también, digo, con ese porte ¿cómo no te ves hermoso? —Las palabras salen solas gracias a mis nervios traicioneros y quiero que me trague la tierra otra vez.

—Gracias por creer que soy hermoso, Mare.

Ariel sonríe de tal forma que todas mis hormonas enloquecidas suspiran y creo que yo también.

—Los niños están emocionados. —repongo.




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