El Amor de Ariel

CAPÍTULO 18

FLORENCIA, ITALIA

ARIEL

 

—¿Qué trae a mi Rojito por mis sagradas tierras? —Sonrío ante el recibimiento de mi prima Sofía cuando llego al viñedo y a su oficina.

—Verte, una copa de vino y un favor. —respondo directamente y ella sonríe.

Con Sofía no hay que andarse con rodeos, ir directo al grano con ella siempre es lo mejor. Sus rizos rojizos están más largos que de costumbre y seguro su esposo y su suegro tienen algo que ver, ambos cuidan mucho el cabello de las mujeres en la familia, y bueno, de los niños también. Dios libre alguien toque los rizos de Gianfran o de Thena, se desata la tercera Guerra Mundial.

—Me encantan mis bebés cuando son directos, siéntate, por favor, y dile a la Gran Diosa Sofía qué te aqueja hoy. Los Mocosos están desde ayer con sus tíos, así que mi Tesoro y yo hemos tenido tiempo delicioso y la Diosa está feliz y dadivosa hoy, así que aprovéchame.

Suelto la carcajada por esa declaración y tomo asiento en el pequeño sofá de la oficina, ella sirve dos copas de vino tinto y se sienta frente a mí.

—Asumo que ya sabes todo el asunto de Marena.

—Por supuesto, bebé, ¿por quién me tomas? Soy digna hija de mi padre, aunque él es más político que yo. —Sonríe con picardía y da un sorbo a su copa, yo hago lo mismo, saboreando las fuertes y exquisitas notas de este Malbec.

—Heredaste la franqueza y falta de filtro de tus madres. —recalco.

—Para que siga diciendo mi mami Fer que se siente estafada. —afirma y ambos reímos.

—Necesito protección de la mejor para Mare y para Rafa, por favor.

—Ay, cosito, te enamoraste de la mamá del mochito.

—¡Sofía!

—¿Qué? Mochito de cariño, no te sulfures, —aclara—, pero tú tranquilo. Solo no te pongas como mi suegrito que no quiere que a sus mujeres les dé ni el aire.

—Solo no quiero que el desgraciado del ex los perturbe y menos ahora. —Sofía alza sus cejas.

—¿Ahora? ¿Ya te la comiste? Eres un sinvergüenza, te gustan curvy como a Andy Bebé, ¿no? ¡Picarón!

—¡Sofía!

—Pero bueno, no te culpo, nosotras las diosas somos exquisitas. —señala sus curvas.

—No ha pasado nada de eso, solo nos besamos.

—Todavía no ha pasado, deja que pruebe un rojito y no querrá otra cosa. Nosotros somos inigualables. —declara con ese toque de arrogancia que la caracteriza.

Sofía podrá ser muy frontal y a veces no va a gustarte lo que tiene para decirte, pero es de las mujeres más leales que conozco. Si eres familia y has sido leal, ella así lo será contigo. Y tanto mi relación como la de mis hermanas no se vio afectada con todo el drama entre ella y mi hermano Emmanuel.

—Los abogados están iniciando el proceso de divorcio y obviamente la custodia de Rafa, esa gente es de lo peor y vivieron un infierno con ese tipo. —suspiro y ella da otro sorbo a su copa.

—¿Quieres que nos encarguemos? —pregunta directamente—. Aprovecha que mi papi y yo tenemos los hilos tensores del Inframundo florentino y más allá.

Que existe la mafia en nuestra familia no es secreto entre nosotros y es lo que de cierta forma nos ha mantenido seguros y nos ha ayudado a estar donde estamos. A mí eso no me cambia la percepción, lo que haces no es quién eres y para mí, mi familia es la mejor.

Estoy muy consciente de todos los privilegios que como familia tenemos, pero también he visto a todos trabajar y superarse en busca de la excelencia, no solo para ellos sino para otros. Y si bien todos disfrutamos de los beneficios, también usamos nuestros privilegios para ayudar a quiénes lo necesiten, al menos así mi padre nos ha criado y es un legado que mantenemos.

—Esperemos a saber sus intenciones o si planea ponerse en plan idiota.

—Bueno, se hará como digas, para que luego no digan que quiero imponer mi voluntad. —se defiende y sacudo la cabeza.

—Si la vida de Mare o de Rafa corren peligro, puedes actuar Sofía. —le permito y mueve su cabeza en afirmación.

—Está bien, te mantendremos al tanto de todo lo relevante para que sepas a lo que tu novia y su hijo se enfrentan.

—No es mi novia, Sofía.

—La tía tampoco lo era porque Andy Bebé estaba con la Toxibella, pero mi Rojita y tú salieron de ahí. —expresa dándome un guiño y suelto la carcajada.

—No tienes remedio, Sofía.

Justo la puerta del estudio se abre y Gianfranco entra corriendo para treparse a las piernas de su mamá.

—Hola, tío Ariel.

—¿Qué haces aquí, Mocoso? Todavía no es tu hora de llegada.

—Tu hija. —se queja Gianfran.

—¿Qué hizo tu hermana ahora?

—Enojó a Agnes.

—¡Mier…! —Sofía se muerde la lengua ante la mirada de su hijo—. Camina, Ariel, veamos en qué estado quedó la Mocosa.

—¿Por qué?

—Eres médico de mocosos, si algo le pasó a mi Mocosa tú lo vas a resolver.




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