El Amor de Ariel

CAPÍTULO 40

FLORENCIA, ITALIA

ARIEL

 

Hoy Dani estaría de cumpleaños y por esa razón Ale y yo horneamos un pastel y vamos al cementerio a llevarle flores también. Es un día agridulce, pero sé que ella nunca fue una mujer egoísta y desde el cielo nos cuida y está bien, está feliz. Bueno, eso me aseguró la tía Geo y Manuela y yo creo en sus poderes y conexiones celestiales.

—El pastel nos quedó rico, papi, ¿llevas jugo de adultos para ella también? —cuestiona Ale cuando vamos en camino.

—Sí, pastel, su vino y flores favoritas. Gracias por ayudarme, hija.

—Siempre para mami, papi. La extraño, ¿sabes? Primero me daba miedo olvidarla, pero el abuelo me dijo que eso nunca iba a pasar porque soy partecita de ella y partecita de ti. —explica y tomo una profunda bocanada de aire.

—Es así, hija, tienes de ella y de mí, tampoco nosotros dejaremos que la olvides nunca. Sé que los últimos días han sido agitados y lamento no haber estado al cien contigo, Ale.

—No pasa nada, papi, yo entiendo y no me siento mal ni nada, yo estoy contenta con la llegada de mi hermanito o hermanita y feliz de verte feliz y feliz de tener a Rafa como mi hermanito y bueno, me siento bien. Estoy tranquila, papi, si me siento mal te digo o le digo a los abuelos, yo lo sé.

Trago grueso y giro la cabeza un instante para darle una mirada a mi hija, sintiéndome orgulloso de la niña que es hoy y en quién se está convirtiendo.

—Gracias, Ale, te amo muchísimo y eso será siempre así, ¿lo entiendes?

—Pues sí, papi, yo sé que el bebé necesita tiempo y mucho cuidado y amor y yo no pongo celosa y prometo decir si me siento mal porque es malo ocultarte cosas y es malo si yo me guardo lo que siento. —explica y sonrío orgulloso.

—Siempre puedes hablar conmigo, hija, aunque esté ocupado o lo que sea, eres una prioridad, ¿bueno?

—Yo sé, papi, tranquilo.

Esperaba que fuéramos solo nosotros, pero la idea de mi hija de invitar a Mare y a Rafa me pareció buena, es una forma de crear nuevos lazos y momentos como familia.

Pasamos a buscarlos y últimamente estamos dejando que todo fluya entre nosotros, a veces hasta parece que hemos sido una familia por siempre. Sé que tenemos muchos cambios por delante con la llegada de este nuevo bebé, tal vez muchos lo vean apresurado, pero a mí me parece simplemente perfecto. Es nuestro tiempo y así es perfecto.

—¡Papiiiiiiii!

Rafa viene como torbellino corriendo y lo recibo con los brazos abiertos, lo alzo y le doy un beso.

—Hola, campeón, ¿cómo estás? —Pellizco su nariz y se ríe.

—Muy bien, papi, hoy hice mucha yoga con mami en el tabajo, los niños querían tocale la pancita y un niño le dijo que no abandone a su bebé como a él, yo le di un abacito y pometí sé su amigo, ¿podemos sé sempe amigos, papi? —Miro a Marena que se abanica y trago grueso antes de responderle.

—Claro que sí, Rafa, hay amistades que duran toda la vida y cuando lo adopten, prometo que podrán seguir siendo amiguitos, ¿sí?

—Bueno, gachias, papi, te amo. —declara y yo me derrito como cada vez.

—También te amo, campeón.

—¿Quién es? Yo lo adopto también. —agrega Ale abrazándose a Marena—. Buenas tardes, Mare, buenas tardes, mi bebé.

—¿Cómo estás, Ale? Gracias por los dulces que me mandaste, Ariel, bebé y yo estamos felices. —Mi Mare suspira y sonrío.

Me dijo que tenía antojos de panquecitos de vainilla rellenos con crema de fresas y papá y yo nos internamos en la cocina a prepararlos. Me gusta cocinar y complacer a mi Mare es un plus.

—Me alegra complacerte, mi Mare.

Bajo a Rafa y me acerco a mi Mare para darle un suave beso que no sea interrumpido por la policía de los besos que ahora son varios de los niños de la familia.

»¿Cómo está mi bebé? —Apoyo las manos en su abdomen.

—Creo que tranquilo o tranquila sin dar malestar, lo cual es raro, pero creo que bueno, no sé.

—Vamos, Rafa, papi y yo hicimos pastel para mi mami y le vamos a cantar el cumpleaños.

Rafa se va de la mano de Alessia hasta el auto, aprovecho para abrazar a mi Mare y darle otro beso de adultos.

—Hola. —murmura y le doy un beso más.

—Hola, mi Mare, ¿cómo te sientes?, ¿me extrañaste? —Mi pregunta la hace sonreír.

—Mucho. —suspira—. Estaba pensando…

—¿En?

—¿Por qué Ale y tú no se quedan el fin de semana con nosotros? Hay suficiente espacio y no sé…

—Hablaré con Ale, seguro estará encantada y yo también. —respondo al instante y su sonrisa se ensancha. ¡Dios, es tan hermosa! Ahora sin su pañuelo ostenta una nueva seguridad que la hace brillar y por fortuna el embarazo hasta ahora no le ha dado síntomas fuertes.

Hoy lleva un vestido de blue jeans con botones cuadrados que parecen de madera, sandalias blancas y así se ve bellísima, es naturalmente hermosa y no necesita producirse para resaltar esa belleza.




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