El grupo de reconocimiento se dividió para capturar a los intrusos; uno por uno fue cazado. En cinco minutos, la mayoría de los intrusos, pero solo faltaba el que llevaba la víctima; se había escondido en una pequeña grieta en las rocas junto al río que estaba cerca del límite de ese bosque.
Lo que llevaba le dificultaba mucho moverse con rapidez, pero su codicia por la gran cantidad de dinero que le pagarían optó por descansar, confiado en que las cosas que los estaban siguiendo se distraerían con los demás y le darían tiempo de sobra para tomar un descanso y después escapar.
El descanso no duró mucho, ya que fue interrumpido por el general de la guardia real. Al darse cuenta de que alguien se acercaba, al levantarse de donde se encontraba, un cuchillo se había colocado en su garganta; una voz gruesa que provenía de la persona que sostenía el arma le susurró al oído.
—Si no quieres morir como tu compañero, mantente calmado y no intentes algún movimiento estúpido, ¿entendido?
Sin poder moverse, el intruso solo aceptó lo que dijo la persona del cuchillo. El hombre se levantó con cuidado, procurando que no lo mataran.
El dueño del cuchillo alejó el arma de la garganta del intruso, se percató de que cuando llegó había algo más con el intruso, giró hacia un lado de la cueva; era el saco. Miró al intruso y le ordenó que lo abriera; sin ninguna opción, abrió el saco. El hombre del arma se dio cuenta de que era un niño que podría venir de la sangre noble de los humanos.
—¿Qué hace un ladrón como tú secuestrando a este niño? A juzgar por su ropa, se nota que es de la nobleza. ¿A quién se lo llevas?
El intruso no respondió nada y, en un movimiento rápido, le lanzó unas agujas envenenadas y corrió hacia la salida, escapando del lugar. El general no le dificultó el esquivar las agujas; iba a matar en un solo corte al intruso, pero se detuvo porque de todos modos los que le encargaron el pedido lo matarían si él llega con las manos vacías.
Después de pensar, se dio la vuelta y se dirigió al saco sin dudarlo. Quitó las ataduras que tenía el niño y lo cargó en sus brazos. Se dirigió a donde estaban los demás soldados con el resto de los intrusos. Al llegar, los soldados se sorprenden de que su general trajera un niño humano, ya que él es el ser más despiadado y cruel que mata a sangre fría, pero aun así no dijeron nada por lo que les podría pasar si decían algo que lo molestara.
Montaron a los caballos y ataron a los prisioneros para que no escaparan. Recorriendo todo el camino de regreso al reino, los soldados se sintieron incómodos por el acto repentino del general; se miraban unos a otros preguntándose por qué lo hizo, pero no sabían que el general se dio cuenta del comportamiento de los soldados, pero no podía negar que es extraño lo que está haciendo.
Al llegar al castillo, fueron ante el rey para comunicarle lo que encontraron y capturaron; trajeron a los prisioneros y él mismo los interrogó haciéndoles unas preguntas.
—¿Por qué se atrevieron a entrar en mi territorio sin ningún permiso y cuál era su propósito?
—No nos dimos cuenta de que habíamos entrado a su territorio, fue un accidente, solo íbamos a llevar un pedido importante, pero nos perdimos en la niebla espesa —el líder de los prisioneros respondió las preguntas.
El rey los miró de una forma que demostraba desconfianza y, antes de retirarse, les comunicó unas cuantas palabras: “Espero que aprendan de sus errores”, y al mismo tiempo dijo en voz alta, dirigiéndose al general: “Córtales la lengua y quítales la capacidad de ver, pero no los mates”. Los prisioneros, al escuchar esto, le gritaron al rey rogándole que los perdonara; no recibieron una respuesta y solo se escucharon gritos de desesperación y dolor.
Llevaron a su majestad a una habitación donde pudiera estar cómodo; al entrar, se encontró con su hijo Sebastian Zayner, un chico de 20 años, cabello y ojos oscuros, heredero a la corona, hijo que tuvo con la hija de un campesino, la cual es su esposa actualmente.
La presencia de su hijo lo tranquiliza porque sabe que tiene un heredero con un gran potencial para ser rey.
Al paso de unas cuantas horas cesaron los gritos y el general podía estar en paz en su habitación después de limpiarse la sangre que le salpicó en el cuerpo. Al salir de bañarse, alguien tocó su puerta y fue a abrirle; el que estaba al otro lado de la puerta era el médico de la familia real.
El médico, al ver al general con una sola toalla que cubría desde la cintura hasta las rodillas, se quedó atónito ante aquel ser que entrenaba día y noche para ser más fuerte que todos. El general tuvo que sacarlo de su fantasía porque quería saber sobre el estado del niño que trajo. Sin pensarlo dos veces, el médico le informó que el estado del niño está bien, pero aun así él quería saber por qué trajo un humano, pero mejor le sugirió que lo fuera a ver. Él asintió con la cabeza y cerró la puerta; el médico solo se fue deprimido, ya que el general no lo dejaba ser su pareja; a pesar de que lo intentó muchas veces, en todas lo rechazaron y aun así lo siguiera intentando hasta tenerlo.
El pequeño niño despertó; de inmediato se dio cuenta de que no estaba en un lugar conocido y lo único que encontró fue a una persona entrando por la puerta de la habitación, pero lo sorprendió que esa persona tuviera cuernos pequeños a los lados de la cabeza. Su cabello era tan espeso que parecía la lana de oveja y sus orejas eran diferentes a las de las personas normales.
Fue tanta la sorpresa que gritó y salió corriendo de la habitación. El médico tardó un poco en darse cuenta de que el rey no puede ver al niño en el palacio por ser un humano y corrió tras él. El niño llegó hasta el trono del rey, pero se encontró con unos guardias que tenían una apariencia similar al que estaba en la habitación y, sin dudarlo, corrió hacia otra dirección.
Entró a un cuarto sin fijarse si estaba vacío o no, se dio la vuelta, pero la mala suerte lo persigue, resultando ser que era el cuarto donde estaban el rey y el príncipe tomando un poco de té. El pequeño trató de salir lo más rápido de ahí, pero al abrir la puerta se encontró con el general y el médico; asustado, se hizo bolita utilizando sus pequeños brazos como escudo.