El Amor De Un Pobre Diablo

Cap 04

En el castillo, Sebastian sentía que algo no andaba bien con su hermano; preocupado, se propuso ir a buscarlo al saber que a Gael le gustaba visitar un lago en luna llena. Al intentar ir, su padre, el rey, lo detuvo preguntándole.

—¿Adónde planeas ir? Recuerda que Gael puede ser un poco imprudente cuando está solo; ven, acompáñame a terminar unos cuantos asuntos pendientes. —Por ello, Sebastián no pudo ir y también porque su padre dijo algo que era cierto, que Gael podía ser imprudente, pero también era fuerte.

En el lago, Gael, sin saber qué hacer, se lanzó al agua tratando de rescatar a Arthur. La coloración del agua disminuía la destinación de las cosas, pero al final un reflejo brillante le llamó la atención, resultando ser de Arthur. Logra salir del agua y lo carga en brazos para montarlo en el caballo antes que suceda algo más grave. Se alejaron lo más posible del lago. Sin más opciones, Gael tomó una decisión muy arriesgada: cabalgó hacia las tierras del Reino del Valle Azul junto a Arthur, que se encontraba inconsciente.

En la entrada del reino, los guardias notaron la figura de un hombre montado en un caballo de aspecto escalofriante. Los guardias se prepararon para todo. Antes de darse cuenta, las puertas fueron cortadas en pedazos. Un caballo negro y dos personas que iban en él pasaron dirigiéndose al castillo sin detenerse. Los guardias avisaron sobre los intrusos que se dirigían adonde el rey; muchos soldados rodearon la entrada del castillo mientras esperaban al intruso.

El rey Cartlest se encontraba en su oficina redactando unos escritos. Su tranquilidad se vio interrumpida por un ruido que provenía de afuera. Se asomó a la ventana; al fijarse, se percató de que los guardias se encontraban reteniendo a una persona que, por cómo se veía, era obvio que era uno de los perros del rey Zayner. Salió de la habitación y se dirigió rápidamente a la entrada, ordenó a los guardias que bajaran las armas y que lo dejaran pasar.

La orden fue cumplida; el rey se acercó. Gael bajó del caballo junto con Arthur, que se encontraba inconsciente. Sin pedirle explicación, los dejaron pasar al castillo. Arthur fue llevado a su habitación y el médico familiar llevó a cabo su trabajo.

Gael se dirigió al rey y dijo: —Lo lamento, me disculpo por el incidente, la irresponsabilidad que tuve en el momento fue demasiado, discúlpeme.

Matteo, estando un poco apenado, dice: —Más bien las disculpas son mías; las cosas que hace mi sobrino son muy peligrosas, pero sé que él está consciente de eso. Arthur solo quería verte, solo eso, no te preocupes.

Una sensación de incomodidad invadió a Gael; los sentimientos no son necesarios, gastarse en ellos no vale la pena. Dirigió la atención hacia Arthur, que se encontraba acostado en la cama; se preguntaba cómo se atrevió a ser tan estúpido al ir donde desconoce los peligros.

El rey trató de hospedar a Gael en el castillo y, antes que terminara de hablar, la invitación fue rechazada por la diferencia de las dos especies.

Los rasguños fueron tratados y, sin más, el general se dirigió a su caballo, pero antes de montarlo su cuerpo se desplomó, desmayándose por la fatiga y el desgaste de energía; terminó durmiendo durante tres días y dos noches.

La desaparición repentina de Gael en el Reino del Fénix fue tan grave que el rey ordenó a todos los guardias buscar en todo el bosque, una larga búsqueda; cuando ya estaban por rendirse, encontraron un caballo blanco con montura y el símbolo de la familia real Cartlest. El caballo fue llevado al establo y reportado al rey.

Antes que dieran una orden para ir al Reino del Valle Azul, una carta llegó; fue entregada directamente al rey. El contenido de la carta hizo que el rey cambiase de opinión y cancelase el viaje al otro reino.

Sebastián no comprendía qué fue lo que pasó y leyó la carta al instante; una pequeña sonrisa apareció en su rostro. La carta fue escrita por Gael; la familia se tranquilizó y se mantuvo en calma.

En la habitación de la reina Camelia, alguien tocó su puerta. Amablemente le dijo que entrara. Su hijo pasó llevando un poco de té y sirviéndole a su madre. Camelia agradeció a su hijo por haber traído el té y, feliz, le pidió a Sebastian que se sentara junto a ella.

Después de servir el té, Sebastian le entregó la carta que había llegado. Ella la abrió con cuidado y empezó a leer. Al concluir, una sonrisa de alegría apareció y las lágrimas comenzaron a caer, recorriendo sus mejillas; un gran alivio entró en su corazón. Ella se sentía aliviada de que su pequeño estuviera bien y con vida.

Mientras tanto, en el Valle Azul, el rey Cartlest mantenía el orden del reino y al pendiente de la salud de Arthur. De vez en cuando lo iba a visitar a su habitación, pero su papel de monarca se le hacía demasiado para estar junto a su sobrino por mucho tiempo. Desde el día en que llegó Gael al reino, su cuerpo todavía no se había recuperado por completo y el deseo de volver a casa se hacía más grande.

El castillo, al ser bastante grande, tenía una cierta cantidad de sirvientas y guardias; cada miembro de la familia tenía a su disposición un mayordomo personal que tendría la capacidad de servir y proteger.

Esto se implementó, ya que, al ser de la familia real, su vida se veía amenazada constantemente por personas que codician poder; este tipo de personas pueden ser cualquiera, hasta de la misma familia.

Es común que entre la realeza traten de eliminar a la mayoría de sus familiares para solamente estar más cerca del trono; a pesar de haber asesinado a algunos, siempre terminarás muerto por la codicia de otros, siempre será así.

Luego de que Gael se despertara en la habitación que le asignó el rey, su energía ya se había recuperado por completo; para ese entonces ya ha pasado una semana desde que se quedó viviendo en el castillo del rey Matteo. Las sirvientas y sirvientes huían cada vez que veían a Gael. Este tipo de comportamiento era tan molesto para el general que dejó de tratar de hablar con ellos.



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En el texto hay: fantacia, enemytolover

Editado: 15.02.2026

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