El Amor En Las Manos

LA CULPA

La culpa no llegó como un grito.
Llegó como un susurro constante,
como una pregunta que se repetía
cada vez que el silencio pesaba demasiado.

¿Y si fui yo?

¿Y si hablé mal ese día?
¿Y si lo bloqueé demasiado rápido?
¿Y si no supe quedarme cuando debía quedarme
y regresé cuando ya era tarde?

La culpa es tramposa.
Se disfraza de responsabilidad,
pero en el fondo es castigo.

Me reproché haberme enfriado.
Haber reaccionado desde el orgullo.
Haber creído que desaparecer
era una forma de protegerme.

Me reproché no haber dicho antes
que me importaba.
No haber sido clara.
No haber sabido amar con calma
cuando todavía estábamos empezando.

Pero también me culpé por volver.

Por escribirle en diciembre.
Por abrir una puerta
que yo misma había cerrado.
Por creer que el amor,
si era verdadero,
iba a entender el tiempo.

La culpa me decía
que si yo hubiera sido distinta,
más suave,
más paciente,
menos intensa,
él se habría quedado.

Como si amar fuera una ecuación
y yo hubiera cometido un error de cálculo.

Me pregunté mil veces
si él se sintió rechazado,
si creyó que no lo quise,
si su frialdad era una defensa
y no una decisión.

Y esa idea me dolía más que su ausencia:
pensar que alguien tan tierno
creyera que yo no lo amé
cuando mi amor se quedó despierto
durante seis meses pensando en él.

La culpa me hizo pequeña.
Me hizo dudar de mi forma de amar.
Me hizo pensar que tal vez yo pedía demasiado
cuando en realidad solo pedía presencia.

Con el tiempo empecé a ver algo distinto.

Que sí, me equivoqué.
Que sí, reaccioné desde el miedo.
Que sí, huí antes de quedarme.

Pero también vi que él eligió no volver.
Que eligió el silencio.
Que eligió no explicar.

Y entender eso no lo convirtió en villano.
Solo lo volvió humano.

La culpa empezó a aflojar
cuando entendí que no todo lo que duele
es culpa de alguien.

A veces es solo el choque
entre dos historias que no supieron
coincidir en el mismo momento emocional.

Amar no me hizo débil.
Esperar no me hizo ingenua.
Equivocarme no me hizo indigna.

La culpa empezó a perder fuerza
cuando me atreví a decirme algo
que nunca me había dicho antes:

Yo hice lo mejor que pude
con lo que sabía en ese momento.

Y eso, aunque no reparó la historia,
empezó a repararme a mí.



#2063 en Otros
#480 en Relatos cortos
#332 en Novela histórica

En el texto hay: el amor en las manos

Editado: 22.01.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.