El amor llega tiernamente.

Relato # 6 Razones para amarte.

Razones para amarte.

 

Oh, vamos amor, no es una gran cantidad de dinero, no es que tengas que reunir un millón de dólares, solo esfuérzate un poco más, realmente te queremos en nuestras vacaciones familiares, ya tenemos tiempo en una relación formal, es lo mínimo que debes hacer para complacerme, aparte que de verdad nos hace falta un poco de distracción en pareja. Tal vez sea el momento para que cambies de trabajo, mírame a mí, gano tres veces tu salario. Vamos amor, insiste, una y otra vez, Jacob, a Mary, su novia desde hace tres años.

Una joven maestra de preescolar, a pesar de tener una maestría en la especialidad de niños especiales, se le ha hecho difícil ascender, pues la competencia es dura para las muy pocas vacantes, sobre todo en las escuelas rurales. Sí, al haber vamos, no es que su salario sea malo, al contrario, está muy por arriba de la media, eso, aunado haber pagado todos sus créditos universitarios y vivir en la antigua casa de su difunto padre, la deja con cierto grado de comodidad para mantenerse, al igual que a su madre, con una expectativa de vida de clase media. Ha comprado un carro por la constante presión ejercida por Jacob, aun sin necesitarlo, pues la escuela está a escasos diez minutos de una grata caminata, incluso ha modificado gran parte de su guardarropa para poder acompañar a su novio a esas insufribles reuniones o comidas de negocios. Pero en fin no es algo de qué quejarse. Es por su trabajo que lo conoce y no por ser un compañero laboral, sino por ser el hermano menor del director, Elliot, un maduro hombre adinerado con alma de viejo unido al corazón más humilde que jamás ha conocido.

Los ojos del mayor de los hermanos Bustamante se clavan en el tenso cuerpo de su cuñada, quien intenta no unirse a las planificadas vacaciones familiares. Pero, como siempre, el persistente Jacob, no cederá ante la idea de que ella acepte, alegando que ya tiene todo planificado desde el hotel, las reservaciones de los vuelos, y las distintas actividades turísticas a realizar. Se necesita de toda la tarde de presión familiar, los infalibles ojos de gato lloroso mendingón de Jacob y un largo, pero resignado suspiro por parte de ella para que todos se salgan con la suya.

Mary dispone de tres meses con dos semanas para reunir el costo total del viaje. ¡Caramba!, cómo lograrlo no es importante, sino lograrlo, esa es la frase favorita de su novio, así que tomar un segundo trabajo nocturno como auxiliar de enfermería en una clínica infantil y dar clases privadas a uno de sus alumnos los sábados en la mañana le permitiría cubrir al menos gran parte del costo.

Afortunadamente, para bien o para mal, la mitad de ese tiempo Jacob lo pasará en el extranjero atendiendo una nueva sucursal de la empresa para la cual labora como ingeniero de proyectos, así que serán muy pocas las ocasiones en que se verán. Sin embargo, mantienen románticas charlas por videollamadas, sumado a las tan efectivas redes sociales.

Meses después, por fin, el tiempo de las ansiadas vacaciones, le toca a la puerta, al cansado cuerpo de Mary, allí están todos listo para abordar el vuelo, claro está en primera clase. Aunque le parece excesivo, trata de enfocarse en el comentario de quien la toma con amor de la mano; las vacaciones empiezan con el trayecto. Así que no le queda de otra que relajarse, ya encontrará la manera de equilibrar el presupuesto.

 

Una semana después entran al hogar de Mary donde el agradable aroma a comida casera recién hecha, les impregna las fosas nasales, apenas abren la puerta principal. Verla allí nuevamente alegre abrazando a su madre, le hace preguntarse por qué extrañó tanto esa sonrisa en el viaje, verla disfrutar y saborear con gusto de cada bocado que se lleva a los labios y oírla reír al contar algún que otra anécdota del viaje. Nuevamente, le hace preguntarse; ¿por qué se saltó un total de tres cenas?, verla tan feliz y relajada dista mucho de lo tensa que se veía en las cinco ocasiones que accedió a participar en las actividades programadas entonces; ¿por qué ese cambio tan radical de actitud?

Cansado de todos esos pensamientos e inquietudes que se arremolinan en su mente, decide que es momento para irse a la cama, con un gesto cortés se despide de la mujer mayor que está recogiendo la mesa y con un casto beso de su amada.

No sabe cuánto tiempo ha pasado, pero unas divertidas y contagiosas risas de dos féminas lo despiertan, con sigilo se asoma bajo el marco de la puerta del cuarto y a lo lejos puede observar a su novia, esa hermosa y divertida mujer como le entrega varios suvenir a su madre mientras que le explica que representa cada uno, verla feliz dicharachera y generosa le confirma que es la mujer perfecta con la cual formar una familia.

—Mira mami, la escucha charlar, este es un imán para tu colección en la nevera, ten mami un pañuelo de seda típico de la región lo usan las mujeres para ir a misa, tal vez así no se les vean los pecados —bromea haciendo que a Jacob se le escape una risa que les hacen saber que no están solas.

El cuerpo de él camina con lentitud, pero seguro de su andar hasta sentarse en el lugar donde la mayor palmea, para la sorpresa del joven enamorado en ese momento Mary tiene un talco bastante fino, el cual le entrega a su madre, —exquisito —exclama feliz al imaginarse entálcada. Un total de siete pequeños, pero bien representativos regalos son entregados con orgullo por su novia. Lamentablemente con amargo pesar se arrepiente de no participar en la compra de los mismos. «Estúpido de mí», se reprocha.

—Son muchos —insiste apenada la madre.

—Tonterías, uno por cada día —cantarina Mary feliz.

Esa noche jamás la olvidará Jacob, la entrega de su novia es simplemente perfecta, llena de hermosos y románticos besos, la facilidad con que se deja ser su mujer, es tan distinta de todos sus encuentros sexuales anteriores, en esa noche no hay forma, gesto y caricias que no estén destinadas a llevarlo al éxtasis. Sentir sus labios rozar por cada poro de su piel le permite saber que ella está dibujando un mapa de amor para él. El sonido de sus gemidos mientras pronuncia sensualmente su nombre, —Jacob, Jacob —es tan surreal que aún retumban, años después.




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