El Amor Más Allá de la Memoria

Capítulo V: Familia parte 2

Amelia Jones

Era pelirrojo, de ojos azules y con una sonrisa gigante. Daba miedo, supuse que él era Alexander.

— ¡Hola, querida familia! Ya llegó por quien todos lloraban — dijo mientras se sentaba junto a su hermana.

— No creo, llegué hace rato — dijo Derek con una sonrisa burlona.

— El adoptado — murmuró Abigail. en ese momento me sentí observada, y giré la cabeza hacia Alexander, quien me miraba interrogante.

— Hola, nos conocemos ¿Eres amiga de mi hermana? — preguntó mientras me lanzaba un guiño.

— Es la prima Amelia, sonso — dijo Abigail, rodando los ojos.

— ¿La prima Eli? — preguntó mirándome fijo, sentí algo raro por el apodo. — Dios, pero si estás muy buena, debí imaginarme que no era una amiga tuya si ni tienes — comentó burlón, haciendo que me pusiera incómoda y su hermana le diera un zape.

— ¡Auch! Eso dolió — se quejó mientras se sobaba la cabeza. Yo, por mi parte, no podía aguantar la risa, ni ninguno en el salón a excepción de Evan quien los ignoró.

— No, si lo hice para que no te doliera — dijo con sarcasmo y una sonrisa triunfante. — Eso te pasa por idiota — le susurro.

— Bien, basta de bobadas — sentenció Evan.

— Empiecen a comer, que se enfría — dijo Anabella.

— Sí, estoy muriendo de hambre literalmente — agregó el pelirrojo.

Al cabo de un rato, todos habíamos terminado de comer. Yo estaba cansada por el viaje, así que pregunté si podía ir a mi habitación.

— Abigail y Alexander, vayan a mostrarle su cuarto a Amelia — dijo Evan.

Ambos se levantaron y comenzaron a caminar, mientras yo los seguía. La casa era hermosa, y todo estaba muy limpio.

— Es un gusto volver a verte prima soy Alexander, pero puedes decirme Alex — asentí. — Ven Eli, esta es tu habitación — aun me producía una sensacion rara que me llamar así, al llegar era una habitación bastante grande y linda.

— ¿Qué te parece? Si quieres cambiar algo, solo hazlo — sugirió Abigail, y yo solo asentí. — Bien, te dejamos. Cualquier cosa, mi habitación está enfrente, y la de... — fue interrumpida por Alex.

— Y la mía está al lado. Si te sientes sola, llámame — dijo, guiñandome el ojo. Solté una carcajada, ya me había acostumbrado a su forma de ser.

»Tu eres una red flag andante« rodé los ojos.

Y sin aviso Abigail le dio otro zape.

— ¡¡Auch!! Eso duele. ¿Puedes dejar de hacer eso? Solo bromeó — se quejó Alex.

— Vámonos. Déjala en paz — habló Abigail, empujando a su hermano mientras él me lanzaba besos y guiños.

«Esos dos están locos»

»Más loca estás tú« la ignore, como de costumbre.

Me puse a desempacar y a ordenar la habitación, a las paredes les faltaba color; eran muy blancas, me puse a arreglar todo, y me encantó el resultado. Llamé a mis padres para decirles que había llegado bien, luego de un rato de hablar y de que me recalcaran que me comportara y no creará problemas, nos despedimos.

— Ah, hija, antes de que cortes: en dos o tres días, más o menos, te va a llegar un paquete. Y más vale que cuides bien lo que va dentro — dijo mi madre.

— ¿En serio? ¿Qué es? — pregunté entusiasmada.

— Ya te dije, un paquete — respondió, mientras yo hacía pucheros. — Bueno, nos vemos, hija. Que duermas bien — se despidió, y colgó.

«¿Qué será eso que me van a mandar? Y porque recalco lo de cuidarlo si yo soy bien cuidadosa»

»Que raro yo recuerdo varías veces en donde te caíste y rompiste varias cosas, como el jarrón favorito de mamá, o el trofeo de golf de papá ah y como olvidar cuando fuiste a agarrar unas galletas de la cocina y rompiste el jarrón de cerámica favorito de nana« no paraba de reirse.

«Tu lo único que sabes hacer es recordar lo malo».

»Uy es que han habido más momentos malos que buenos, como esa vez en la secundaria cuando...«

«¡Basta!, vete a dormir o yo que sé, pero no me molestes» era demasiado pesada.

»Sorry princesita« dijo burlona.

Necesitaba llamar a los gemelos para mostrarles mi habitación y mantenerme al tanto, pero sobre todo para contarles todo lo que ha pasado hasta ahora con la familia.

Ya era muy tarde, así que me decidí por llamarlos mañana y contarles todo lo ocurrido hasta ahora, de igual forma les mandé un mensaje avisandoles que había llegado bien. Me bañé y me fui a dormir.

«Mañana será un día muy largo» fue mi último pensamiento antes de caer dormida en los brazos de Morfeo.

A la mañana siguiente

El sol entraba por la ventana, anunciando un día común como cualquier otro, a excepción de que apenas llegué ayer, no conozco nada de esta ciudad y apenas conozco a mi familia.

Como dije, un día común.

Me desperté con el sonido de alguien golpeando la puerta. Me levanté y, al abrirla, me encontré con Derek frente a mí.

— Buen día, niñita — me saludó, desordenando mi cabello.

— Buen día, Derek — respondí con una sonrisa.

— Arréglate y baja a desayunar, hoy te mostraré la ciudad — comentó mientras comenzaba a caminar hacia las escaleras.

Cerré la puerta y me vestí rápidamente. Opté por un pantalón negro acampnados tiro bajo, una camiseta blanca, y por supuesto, mis Converse no podían faltar.

Ya lista, bajé al comedor, donde Anabella, Evan y Derek estaban comiendo y conversando. Al entrar, todos me miraron.

— Buen día — saludé.

— Buen día, querida, ¿cómo dormiste? — preguntó Anabella.

— Dormí bien, gracias — respondí mientras me sentaba y me servían el desayuno. — Muchas gracias — le dije al empleado, quien asintió y se retiró.

— No es necesario que le agradezcas, es su trabajo — comentó Abigail al entrar junto con Alex.

— Creo que aun así debo ser educada — respondí mirándola.

«Odiaba ese tipo de comentarios. El hecho de que fueran empleados no significaba que no merecieran respeto.»




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