El Amor Más Allá de la Memoria

Capítulo VI: Ciudad

Amelia Jones

Una hora después

Estábamos recorriendo todo Mánchester. Lo que más me gustaba eran las librerías y la arquitectura de los edificios. Todo era hermoso, algunos lugares me resultan familiares.

— ¿Qué te parece? — preguntó Derek.

— Es hermoso, sobre todo las librerías — quedé fascinada. — Hay algunos ejemplares que me gustaron mucho —.

— Me alegra escuchar eso. Sabes que en casa hay una gran biblioteca, deberías ir y ver si hay algo de tu agrado — comentó Derek, mirándome.

— ¿En serio? No tenía idea, cuando lleguemos a casa, iré a verla —.

— Me alegra escuchar eso —.

— Sigo sin entender tu fascinación por los libros. Es algo aburrido — intervino Alex.

— Eso es porque no sabes apreciar la lectura. Los libros son capaces de llevarte a otro mundo y transmitir tantas emociones que...— fui interrumpida por Alex

— Como dije, aburrido — enfatizó Alex, alargando la "o". Lo miré con fastidio y rodé los ojos.

«No entendía porque no le interesaba, pero él se lo perdía, después de todo»

— Tú te lo pierdes. Es una lástima —.

— Sí, como sea. Pongamos música — dijo Alex, sacando su celular y poniendo Spotify. — Esto es mejor que leer tus aburridas novelas románticas — lo mire mal.

«Lo confirmaba: Alex era un idiota»

— Ya dejen de pelear y vamos a comprar lo que nos falta — intervino Derek.

Después de eso, fuimos a muchas tiendas y compramos todo lo necesario para la universidad, además de algunas cosas personales.

De regreso a casa, vi una construcción antigua y preciosa.

— ¿Qué es ese lugar? —.

— Oh, eso. Solo es la universidad — respondió Alex con indiferencia.

— ¿La universidad? — pregunté intrigada.

— Sí, ya sabes, la universidad donde estudiaremos —.

— Sí, chistoso. Sé que es la universidad, no como tú — me burlé. — Es muy grande y se ve muy antigua —.

— Es una buena universidad, y es el lugar donde estaremos encerrados por muchas horas, mientras nuestros estómagos rugen de hambre, porque es una cárcel de... — empezó a dramatizar Alex.

— Por Dios, Alex. Sigues con tus rencores, la profesora dijo que no te dejó salir a comer porque estaban en pleno examen — comentó Derek mientras conducía.

— Sí, claro. Yo ya había terminado el examen cuando le pedí permiso para salir — replicó Alex.

— La profesora dijo que acababa de entregar las hojas — recalcó Derek, ya molesto.

— Lo sé, soy Flash —.

— Lo que eres es un mentiroso. Ni siquiera habías empezado —.

— No hablemos de mentirosos, porque nuestra familia gana el premio — soltó Alex, lo mire desconcertada. Derek ajustó el retrovisor para mirarlo directamente.

— No empieces, Alex, o te saco del auto y caminas a casa — amenazó Derek, y Alex se limitó a cerrar la boca y mirar por la ventana.

— El primer día te llevará el chófer, al igual que a Abigail y Alex. Luego, si prefieres caminar o usar uno de los autos, solo dilo — comentó Derek, a lo que asentí.

«Me intriga mucho saber porque Alex dijo eso»

— Bajen, ya llegamos — dijo Derek. Miré por la ventana y vi que estábamos frente a la casa. Al bajar, fui directo a buscar mis bolsas.

— No se preocupe, señorita, enseguida llamo a alguien para que la ayude — dijo uno de los guardias de seguridad.

— No es necesario, pero muchas gracias — él asintió y se retiró. Agarré las bolsas y me dirigí al interior de la casa.

— Oh, señorita, déjeme ayudarla — dijo una de las empleadas, Elena si no mal recuerdo.

— No, tranquila. Yo puedo sola —.

— No creo que puedas, déjame ayudarte, ¿sí? — insistió, pero negué con la cabeza y decidí subir las escaleras por mi cuenta.

Al principio fue difícil, pero ya en el pasillo, me dirigí a mi habitación. Una vez dentro, comencé a sacar las cosas y a guardarlas en su lugar, cuando todo estuvo en orden, bajé de nuevo y fui directo a la biblioteca.

Golpeé la puerta, pero no obtuve respuesta, así que decidí entrar. Al cruzar la puerta, quedé maravillada. Había libros por todas partes.

«Esto es como un sueño hecho realidad».

— Esto es genial — murmuré con una sonrisa enorme. Comencé a buscar libros y a leer. Estuve tanto tiempo sumergida en la lectura que no me di cuenta de la hora, eran las diez y media. Tenía que ir a cenar, no quería molestar a Anabella y Evan.

Tomé los libros que iba a leer, junto con el que tenía en las manos, y salí de la biblioteca, dirigiéndome a mi habitación para dejarlos. Después, bajé para cenar.

— Buenas noches — saludé al entrar al comedor, donde solo estaban Derek y Abigail.

— Buenas noches. Los demás llegarán en un momento, siéntate donde gustes — dijo Derek. Me senté en el mismo lugar que en la mañana y esperé a que llegaran los demás.

— No lloren más, ya estoy aquí — anunció Alex, haciendo que Derek y yo nos riéramos. Abigail rodó los ojos ante su comentario.

— Nos dimos cuenta, DIVA — se burló Abigail.

— Obvio, yo soy la DIVA de esta casa y tú, la BRUJA — contraatacó Alex, haciendo que su hermana le lanzara una mirada asesina.

— Buenas noches, lamentamos la tardanza — dijeron Anabella y Evan.

— Buenas noches — devolvimos el saludo.

— No se preocupen, estamos dándoles un show con Abigail, ¿no es cierto, BRUJA? — comentó divertido Alex, haciendo que Abigail le lanzara uno de los tenedores que había sobre la mesa.

— Compórtense de una vez — intervino Evan con un tono fuerte que me hizo sobresaltarme. Parecía algo molesto. — Deben aprender a convivir civilizadamente, o los mandaré a Londres — dijo severo, su expresión era fría e inexpresiva.

¿Conocen ese momento en el que tu cuerpo entra en una batalla interna de emociones?

Bueno, eso es exactamente lo que siento ahora. No sé si sentir miedo por la forma en que lo dijo... o curiosidad por lo que dijo.




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