El ascensor se cerró con un sonido suave.
Solo estábamos Edwin y yo.
Finalmente.
Después de la reunión, de las miradas del equipo, de las bromas de Camila y de la incómoda actuación frente al cliente, lo único que quería era llegar al estacionamiento y salir de ese edificio.
Respiré profundo.
Silencio.
El ascensor comenzó a bajar.
Edwin estaba a mi lado, revisando su teléfono como si nada hubiera pasado.
Como si hace unos minutos no hubiera fingido ser mi novio frente a un cliente.
Como si casi nos hubiéramos besado otra vez.
Crucé los brazos.
-No vuelvas a hacer eso.
Él levantó la vista.
-¿Hacer qué?
-Abrazarme así delante de todos.
-Era parte de la actuación.
-Te tomaste demasiadas libertades.
-Funcionó.
-Eso no importa.
El ascensor siguió bajando.
Luego, de repente-
CLANK
Todo se sacudió.
Las luces parpadearon.
Y el ascensor se detuvo.
En seco.
Mis ojos se abrieron.
-No.
Silencio.
Miré el panel.
El número estaba congelado entre dos pisos.
-No, no, no.
Edwin presionó el botón de emergencia.
Nada.
-Genial -murmuré.
-Tranquila.
-¡Estamos atrapados!
-Temporalmente.
-¿Temporalmente?
-Sí.
-¡Eso no me tranquiliza!
Edwin presionó el intercomunicador.
-¿Hola?
Un sonido estático respondió.
-Estamos atrapados en el ascensor.
Una voz respondió unos segundos después.
-Mantenimiento está en camino.
Tardaremos unos minutos.
La comunicación se cortó.
Silencio otra vez.
Respiré hondo.
-Perfecto.
-No es tan grave.
-Claro que lo es.
-Es un ascensor.
-¡Es un espacio pequeño!
Edwin apoyó la espalda contra la pared.
-Dayanara.
-¿Qué?
-Relájate.
-No estoy nerviosa.
-Estás caminando en círculos.
Miré el piso.
Efectivamente.
Estaba caminando.
-Estoy pensando.
-Estás entrando en pánico.
-No.
-Sí.
-No.
-Sí.
Me detuve frente a él.
-Deja de decir sí.
-Entonces deja de decir no.
Lo miré.
Él me miró.
Silencio.
El aire dentro del ascensor parecía más pesado.
Más caliente.
-Esto es incómodo -murmuré.
-Un poco.
-Todo el mundo piensa que somos pareja.
-Sí.
-Eso es tu culpa.
-No lo niego.
-Y ahora estamos atrapados.
-También es cierto.
Crucé los brazos.
-Esto parece una mala comedia romántica.
Edwin sonrió ligeramente.
-He visto peores.
-No es gracioso.
-Un poco.
-No.
-Sí.
Lo fulminé con la mirada.
-Te odio.
-Eso ya lo dijiste.
-Porque es verdad.
-No completamente.
Mi corazón dio un pequeño salto.
-No empieces.
-¿Empezar qué?
-A decir cosas.
-¿Qué cosas?
-Esas cosas.
-No sé de qué hablas.
-Sí sabes.
Edwin dio un paso hacia mí.
Luego otro.
El espacio del ascensor era pequeño.
Demasiado pequeño.
De repente estábamos muy cerca otra vez.
-Dayanara -dijo en voz baja.
-¿Qué?
-¿Por qué sigues negándolo?
-¿Negando qué?
-Que entre nosotros hay algo.
Sentí que mi respiración se volvió más lenta.
-No hay nada.
-Nos besamos.
-Fue un error.
-Uno bastante bueno.
-Edwin.
-Sí.
-No.
-Sí.
-Esto no puede pasar.