El Amor No Es Como Lo Pintan.

Capítulo 4. Atrapados.

El ascensor se cerró con un sonido suave.

Solo estábamos Edwin y yo.
Finalmente.
Después de la reunión, de las miradas del equipo, de las bromas de Camila y de la incómoda actuación frente al cliente, lo único que quería era llegar al estacionamiento y salir de ese edificio.

Respiré profundo.
Silencio.
El ascensor comenzó a bajar.
Edwin estaba a mi lado, revisando su teléfono como si nada hubiera pasado.
Como si hace unos minutos no hubiera fingido ser mi novio frente a un cliente.
Como si casi nos hubiéramos besado otra vez.
Crucé los brazos.

-No vuelvas a hacer eso.
Él levantó la vista.

-¿Hacer qué?

-Abrazarme así delante de todos.

-Era parte de la actuación.

-Te tomaste demasiadas libertades.

-Funcionó.

-Eso no importa.

El ascensor siguió bajando.
Luego, de repente-
CLANK
Todo se sacudió.
Las luces parpadearon.
Y el ascensor se detuvo.
En seco.
Mis ojos se abrieron.

-No.
Silencio.
Miré el panel.

El número estaba congelado entre dos pisos.

-No, no, no.
Edwin presionó el botón de emergencia.
Nada.

-Genial -murmuré.

-Tranquila.

-¡Estamos atrapados!

-Temporalmente.

-¿Temporalmente?

-Sí.

-¡Eso no me tranquiliza!
Edwin presionó el intercomunicador.

-¿Hola?

Un sonido estático respondió.
-Estamos atrapados en el ascensor.

Una voz respondió unos segundos después.

-Mantenimiento está en camino.

Tardaremos unos minutos.
La comunicación se cortó.
Silencio otra vez.
Respiré hondo.

-Perfecto.

-No es tan grave.

-Claro que lo es.

-Es un ascensor.

-¡Es un espacio pequeño!
Edwin apoyó la espalda contra la pared.

-Dayanara.

-¿Qué?

-Relájate.

-No estoy nerviosa.

-Estás caminando en círculos.

Miré el piso.
Efectivamente.
Estaba caminando.

-Estoy pensando.

-Estás entrando en pánico.

-No.

-Sí.

-No.

-Sí.

Me detuve frente a él.

-Deja de decir sí.

-Entonces deja de decir no.
Lo miré.
Él me miró.

Silencio.
El aire dentro del ascensor parecía más pesado.
Más caliente.

-Esto es incómodo -murmuré.

-Un poco.

-Todo el mundo piensa que somos pareja.

-Sí.

-Eso es tu culpa.

-No lo niego.

-Y ahora estamos atrapados.

-También es cierto.
Crucé los brazos.

-Esto parece una mala comedia romántica.
Edwin sonrió ligeramente.

-He visto peores.

-No es gracioso.

-Un poco.

-No.

-Sí.
Lo fulminé con la mirada.

-Te odio.

-Eso ya lo dijiste.

-Porque es verdad.

-No completamente.

Mi corazón dio un pequeño salto.

-No empieces.

-¿Empezar qué?

-A decir cosas.

-¿Qué cosas?

-Esas cosas.

-No sé de qué hablas.

-Sí sabes.

Edwin dio un paso hacia mí.
Luego otro.
El espacio del ascensor era pequeño.
Demasiado pequeño.
De repente estábamos muy cerca otra vez.

-Dayanara -dijo en voz baja.

-¿Qué?

-¿Por qué sigues negándolo?

-¿Negando qué?

-Que entre nosotros hay algo.
Sentí que mi respiración se volvió más lenta.

-No hay nada.

-Nos besamos.

-Fue un error.

-Uno bastante bueno.

-Edwin.

-Sí.

-No.

-Sí.

-Esto no puede pasar.




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