Entré al apartamento completamente empapada.
El cabello mojado.
La ropa pegada al cuerpo.
El corazón todavía latiendo demasiado rápido.
Y todo por culpa de Edwin Salazar.
Otra vez.
Cerré la puerta lentamente intentando recuperar la capacidad de pensar como persona funcional.
Spoiler:
No funcionó.
Porque apenas apoyé la espalda contra la puerta…
Volví a recordar el beso.
La lluvia.
Sus manos sosteniéndome.
La forma en que me había mirado justo antes.
—Dios mío —susurré cubriéndome la cara.
—¿Cómo te fue con Edwin?
GRITÉ DEL SUSTO.
Giré rápidamente.
Y ahí estaban.
Mis padres.
Sentados tranquilamente en la sala como dos agentes secretos esperando interrogarme.
Mi madre tenía una manta sobre las piernas y cara sospechosamente emocionada.
Mi padre estaba comiendo galletas.
—¿POR QUÉ SIEMPRE APARECEN ASÍ?
Mi mamá entrecerró los ojos.
—¿Por qué llegaste mojada y con cara de protagonista romántica después de una escena importante?
Mi corazón se detuvo.
—¿Qué?
Mi padre levantó una ceja.
—Tu madre dice que tienes “cara de beso”.
—¡¿QUÉ CLASE DE FRASE ES ESA?!
Mi madre se levantó lentamente.
Y entonces ocurrió algo terrible.
Me observó demasiado bien.
Demasiado detalladamente.
Sus ojos se abrieron apenas.
—…AY DIOS MÍO.
Retrocedí inmediatamente.
—No hagas esa cara.
Ella señaló dramáticamente.
—¡LA BESÓ!
—¡MAMÁ!
Mi padre casi se atragantó con la galleta.
—¿QUÉ?
—¡NO PASÓ NADA!
Mi madre ya estaba entrando en crisis emocional positiva.
—¡PASÓ ALGO! ¡Mírala!
—¿Qué tiene mi cara?
—¡Felicidad!
Abrí mucho los ojos horrorizada.
—Eso fue ofensivo.
Mi padre se levantó lentamente.
—Espera… ¿Edwin finalmente dejó de actuar como pingüino confundido?
—¿POR QUÉ TODOS HABLAN DE NOSOTROS COMO SI FUÉRAMOS PERSONAJES DE TELENOVELA?
Silencio.
Mis padres me miraron.
Luego dijeron al mismo tiempo:
—Porque lo parecen.
Los señalé indignada.
—Ustedes no están ayudando.
Mi madre caminó rápidamente hacia mí.
—Quiero detalles.
—No.
—Sí.
—No.
—¿Cómo fue el beso?
Mi cerebro explotó.
—¡MAMÁ!
Ella se llevó ambas manos al pecho.
—¡CONFIRMADO!
Mi padre levantó una mano.
—Solo quiero saber si el muchacho tiene buenas intenciones.
—¡PAPÁ, POR FAVOR!
Intenté caminar hacia mi habitación.
Error enorme.
Porque mi madre vio algo más.
Muy tarde entendí qué era.
Mis labios.
Oh no.
NO.
—DAYANARA MERCEDES CASTILLO.
Me congelé lentamente.
—…no uses mi nombre completo.
Ella me señaló como detective criminal.
—¡Tienes labios de mujer besada!
Abrí la boca horrorizada.
—¿ESO EXISTE?
—¡CLARO QUE EXISTE!
Mi padre me miró con cara de decepción teatral.
—Y yo que pensé que todavía faltaban unos capítulos para esto.
—¡USTEDES NECESITAN CALMARSE!
Mi madre ya parecía a punto de llorar de emoción.
—Mi bebé está enamorada.
Y ahí.
Ahí fue donde exploté.
—¡NO ESTOY ENAMORADA!
Silencio absoluto.