El lunes llegó demasiado rápido.
Y honestamente…
Yo todavía seguía pensando en el mensaje de Edwin del día anterior.
"Entonces al menos habrá valido la pena conocerte."
Maldito hombre.
¿Cómo se suponía que una persona siguiera funcionando normalmente después de eso?
Spoiler:
No se podía.
Por eso estaba en la cocina mirando el café como si me hubiera traicionado personalmente mientras mi madre cerraba maletas por toda la sala.
—¿De verdad tienen que irse hoy? —pregunté por quinta vez.
Mi padre levantó una ceja.
—Hija, vivimos en Guadalajara.
—Detalles.
Mi mamá sonrió mientras acomodaba ropa.
—¿Nos vas a extrañar?
—No.
Silencio.
—Muchísimo —admití finalmente.
Ella hizo un pequeño sonido orgulloso.
—Sabía que nos amas.
—No te emociones.
Mi padre tomó las llaves del auto.
—Aunque honestamente creo que alguien más te va a distraer rápido.
Lo miré lentamente.
—No empieces.
Mi mamá apareció inmediatamente a su lado.
—¿Edwin ya sabe que nos vamos?
Abrí mucho los ojos.
—¿Por qué Edwin tendría que saber eso?
Ambos me miraron.
Y otra vez dijeron al mismo tiempo:
—Porque está enamorado de ti.
—¡NO SABEN ESO!
Mi padre se encogió de hombros.
—Nos mira como hombre enamorado.
Mi mamá asintió.
—Y tú lo miras igual.
Me cubrí la cara.
—Nunca vuelvan a visitarme.
Ella se acercó riéndose y acomodó mi cabello.
—Ay, hija.
—No hagas “ay hija”.
—Solo queremos que seas feliz.
Mi pecho se sintió extraño otra vez.
Porque ellos lo decían tan fácil.
Como si enamorarse no diera miedo.
Como si abrirle el corazón a alguien no pudiera destruirte completamente.
Mi mamá pareció notar el cambio en mi expresión.
Y suavizó la voz.
—No tienes que resolver todo ahora.
La miré.
Ella sonrió apenas.
—Solo deja de pelear tanto con lo que sientes.
Silencio.
Porque otra vez…
Otra vez alguien decía exactamente lo que llevaba semanas evitando escuchar.
Mi teléfono vibró sobre la mesa.
Todos miramos automáticamente.
Y sí.
Era Edwin.
Mis padres sonrieron AL MISMO TIEMPO.
Qué falta de respeto honestamente.
Abrí el mensaje intentando parecer tranquila.
Mensaje
Edwin: ¿Ya sobreviviste al domingo emocional?
Sonreí involuntariamente.
Traidora.
Mi madre se señaló a sí misma orgullosa.
—Mírala.
—No estoy haciendo nada.
Mi padre tomó una maleta.
—Claro. Solo sonríes como mujer en película romántica.
—Los odio.
—También nos amas —respondieron ambos.
Les lancé una servilleta.
Una hora después estábamos en el aeropuerto.
Y odiaba profundamente las despedidas.
Mi mamá me abrazó fuerte primero.
—Llámame todos los días.
—Eso es demasiado.
—Entonces cada dos días.
—Negociaremos.
Ella me besó la frente sonriendo.
Y luego susurró:
—Y no hagas sufrir mucho a Edwin.
Abrí la boca horrorizada.
—¡MAMÁ!
Ella solo se rió alejándose.
Mi padre me abrazó después.
Más tranquilo.
Más suave.
—Cuídate, hija.
Asentí lentamente.
Él me miró unos segundos antes de hablar otra vez.