Al día siguiente llegué a la oficina decidida a recuperar mi dignidad.
Era una misión difícil.
Muy difícil.
Pero estaba dispuesta a intentarlo.
Entré con mi café.
Mi bolso.
Y una actitud profesional.
La actitud profesional duró exactamente ocho segundos.
-¡Llegó la fotógrafa romántica!
Cerré los ojos.
Camila.
Obviamente.
Siempre Camila.
-Buenos días para ti también.
-¿Cómo amaneció Edwin?
-Camila.
-¿Durmió bien?
-Camila.
-¿Ronca?
-¡CAMILA!
Toda la oficina comenzó a reír.
Mateo apareció detrás de ella sosteniendo una taza.
-Yo también quiero saber si ronca.
-¿POR QUÉ LES INTERESA ESO?
-Investigación científica.
-No es investigación científica.
-Lo es para mí.
Me senté en mi escritorio.
Intenté ignorarlos.
Intenté trabajar.
Intenté ser una profesional responsable.
Entonces vi algo.
En mi monitor.
Un fondo de pantalla.
Uno que definitivamente no era mío.
Fruncí el ceño.
Y luego lo entendí.
Porque alguien había colocado una foto editada.
Una fotografía mía y de Edwin.
Con corazones.
Muchos corazones.
Demasiados corazones.
Y debajo una frase.
"La pareja del año."
-Voy a cometer delitos.
Camila se escondió detrás de Mateo.
-No fui yo.
-Fuiste tú.
-No puedes probarlo.
-Lo sé en mi alma.
A media mañana ocurrió algo aún peor.
Porque el director de la empresa convocó una reunión.
Y todos tuvieron que asistir.
Todos.
Incluyéndome.
Incluyendo a Edwin.
Y lamentablemente...
Incluyendo a Camila.
La reunión transcurría normalmente.
Demasiado normalmente.
Lo cual ya me parecía sospechoso.
Hasta que el director dijo:
-Antes de terminar...
No.
No me gustó ese tono.
Para nada.
-Quiero felicitar al equipo por el excelente trabajo de las últimas semanas.
Todos aplaudieron.
Perfecto.
Normal.
Profesional.
Entonces el director sonrió.
-Y también quiero decir que nunca había visto a Dayanara tan feliz.
Silencio.
Yo dejé de respirar.
Toda la sala giró lentamente hacia mí.
Incluso Edwin.
El traidor.
-Gracias -dije.
-Se nota muchísimo.
-Gracias.
-Muchísimo.
-Gracias.
-Muchísimo.
-YA ENTENDÍ.
Toda la sala comenzó a reír.
Y yo deseé convertirme en una planta.
Después de la reunión fui directamente a la cafetería.
Necesitaba café.
Mucho café.
Tal vez intravenoso.
Estaba esperando mi pedido cuando escuché una voz detrás de mí.
-¿Te estás escondiendo?
Me giré.
Edwin.
Obviamente.
-Sí.
-Buena estrategia.
-No está funcionando.
-No.
Se apoyó junto a mí.
Y durante unos segundos ninguno habló.
Luego sonrió.
-¿Sabes algo?
-¿Qué?