CAPÍTULO 1
VALERIA
(apoyada en la barra, observando la sala)
Solo un agua con limón, por favor.
CAMARERO
Claro, señora. Ahora mismo se lo traigo.
La sala de la gala brillaba con un lujo que Valeria Sánchez había intentado ignorar desde el momento en que cruzó la puerta. Los cristales de Bohemia colgaban del techo como cascadas de hielo iluminado, los manteles de terciopelo rojo resaltaban los centros de mesa con flores exóticas que probablemente habían costado más que el sueldo mensual de una familia en los barrios marginales que su fundación atendía. Ella llevaba el único vestido de fiesta que poseía: un modelo de seda negra, sencillo pero elegante, que había sido un regalo de su hermana cuando ganó el premio nacional a la defensa de los derechos humanos. En su cuello, un colgante de plata con una pequeña cruz que su padre le había dado antes de morir –un recordatorio de que la justicia, aunque compleja, debía ser el norte.
MATEO
(acercándose por su espalda)
No parece estar disfrutando mucho de la fiesta, directora Sánchez.
VALERIA
(girándose bruscamente)
Mateo Vidal. Creía que usted no asistiría a este tipo de eventos.
MATEO
(inclinándose para pedir al camarero)
Un whisky escocés, por favor. Sin hielo. (Volviendo la mirada a Valeria) ¿Y por qué no iba a asistir? Los eventos de beneficencia son una buena forma de conocer gente interesante.
VALERIA
Gente interesante o gente con dinero?
MATEO
¿No son a veces lo mismo?
VALERIA
Para mí no. Aquí estoy por las comunidades que necesitan ayuda. Usted… creo que sus motivos son más difíciles de descifrar.
MATEO
(tomando la copa que le entrega el camarero)
Usted tiene una reputación de ser muy directa. Me gusta eso. La verdad es que estoy aquí por varias razones –una de ellas es que su fundación hace trabajo importante en el norte del país.
VALERIA
¿Usted conoce nuestro trabajo?
MATEO
He leído sus informes sobre la contaminación de las fuentes de agua. Son exhaustivos. Pero también sé que tienen problemas para conseguir financiamiento.
VALERIA
Es fácil criticar desde arriba, señor Vidal. Cuando uno tiene que enfrentarse a empresas que contaminan y gobiernos que no hacen nada, el dinero se hace escaso.
MATEO
No vengo a criticar. Vengo a entender. ¿Sabía que mi empresa financió algunos proyectos en esa zona hace cinco años?
VALERIA
(frunciendo el ceño)
Lo había oído mencionar. También he oído rumores sobre cómo se consiguieron esos fondos.
MATEO
(levantando una ceja)
Rumores. Siempre hay rumores alrededor del dinero y el poder. Pero ¿sabe qué diferencia hay entre una operación legítima y una que no lo es? A veces solo es una línea muy delgada.
VALERIA
Para mí la línea es clara: se respeta la ley y se cuida a la gente, o no.
MATEO
Qué bonito sería que el mundo funcionara así. Pero la realidad es más complicada. A veces hay que manejar en el limo para llegar a donde se necesita.
De repente, se oyó un fuerte estruendo proveniente del otro lado de la sala. Alguien había tropezado con una de las mesas decorativas, haciendo volar cristales y flores por los aires. En medio del alboroto, una mujer anciana perdió el equilibrio, a punto de caer sobre los restos rotos.
INVITADA 1
¡Ay, Dios mío! ¡Doña Elena!
INVITADO 1
Alguien llame a un médico –rápido!
Sin pensarlo dos veces, Valeria se movió para ayudarla, pero antes de que pudiera llegar, Mateo ya estaba allí, sujetando a la mujer con una mano firme pero cuidadosa.
MATEO
(hablando suavemente a la mujer)
Está bien, señora. Respire hondo. Todo está bien. No se mueva mucho, por favor.
DOÑA ELENA
(con voz temblorosa)
Me he hecho daño… mi pierna…
MATEO
Lo sé, lo sé. Ya vendrá ayuda. Solo tenga paciencia. (Girándose hacia Valeria, que se ha acercado) ¿Puede ayudarme a sentarla en ese sofá del rincón? Tenemos que evitar que se haga más daño.
VALERIA
Claro. (Ayudándolo a sostener a la mujer) Cuidado con los cristales en el suelo.
MATEO
(moviéndose con precaución)
Tiene razón. (A la mujer) Un poco más, doña Elena. Estamos casi allí.
Mientras ayudaban a la anciana a sentarse, la gente alrededor comenzaba a calmarse, aunque algunos seguían murmurando. Valeria notó que Mateo tenía una pequeña corte en la mano izquierda, probablemente por los cristales rotos.
VALERIA
Se ha cortado.
MATEO
(mirando su mano)
Es solo un rasguño. No pasa nada.
VALERIA
No es nada menor. Podría infectarse. Debemos limpiarla.
MATEO
No quiero hacer más alboroto de lo necesario. La fiesta está justo empezando.
VALERIA
La salud es más importante que la fiesta. Vamos al baño de caballeros –allí tendrán algo para curarla.
MATEO
(mirándola fijamente)
Usted es muy insistente.
VALERIA
Soy directora de una fundación –tengo que serlo. Vamos.
Caminaron juntos por el pasillo lateral de la mansión, alejándose del bullicio de la sala. El pasillo estaba iluminado por pequeños faroles de pared, creando sombras que se movían con cada paso que daban. La tensión entre ellos era palpable.
MATEO
No creo que haya nadie en el baño en este momento. Todos están en la sala.
VALERIA
Mejor así. Podemos curar su herida en paz. (Al llegar a la puerta) ¿Puedo entrar?
MATEO
(abriendo la puerta)
Claro que sí. Después de todo, usted es la que está cuidándome.
El baño era amplio y elegante, con azulejos de mármol blanco y negro, y un lavabo de piedra natural. Valeria buscó en los cajones hasta encontrar un botiquín de primeros auxilios.
VALERIA
Aquí está. (Sacando algodón y ungüento) Sentarse en esa banqueta, por favor.
MATEO
(acercándose y sentándose)
Usted no tiene que hacer esto, Valeria.
VALERIA
(sorprendida)
¿Cómo sabe mi nombre?
MATEO
He dicho que he investigado sobre su fundación. No podía hacerlo sin conocer a su directora. (Extendiendo la mano) Además, ya me ha llamado por mi nombre –es justo que yo haga lo mismo.
VALERIA
(tomando su mano con cuidado)
Bueno, Mateo. Ahora mantenla quieta. Esto puede doler un poco.
MATEO
Soy bastante resistente al dolor.
VALERIA
No es un asunto de resistencia –es un asunto de cuidarse. (Limpiando la herida con algodón humedecido) Usted dijo que su empresa financió proyectos en el norte. ¿Qué tipo de proyectos?
MATEO
Infraestructura básica –camino, agua potable, electricidad. Pero para conseguir el dinero necesario, tuve que hacer tratos con gente que no siempre tiene los mejores valores.
VALERIA
(levantando la vista hacia él)
Tratos ilegales?
MATEO
(silencio por un instante)
Tratos en el limo, como dije antes. Algunas cosas no están del todo permitidas, pero sirven para un bien mayor.
VALERIA
Esa es la excusa de todos los que hacen cosas malas –que es para un bien mayor. Pero ¿quién decide qué es el bien mayor?
MATEO
A veces es la única forma de conseguir resultados. Usted misma lo sabe –su fundación ha aceptado dinero de empresas que no son perfectas, ¿no?
VALERIA
(dejando su mano por un momento)
Solo cuando estamos seguros de que el dinero no tiene condiciones que vayan en contra de nuestros principios.
MATEO
Y ¿cómo se asegura de eso? ¿Cómo sabe que el dinero que recibe no proviene de algún trato en el limo?
VALERIA
(con firmeza)
Investigamos cada donante. Verificamos el origen de los fondos. No aceptamos nada que tenga un precio oculto.
MATEO
Eso es admirable. Pero también es ingenuo. En este país, casi todo el dinero tiene un precio oculto. Incluso el que parece más limpio.
VALERIA
No me gusta escuchar eso. Creo que todavía hay gente que hace las cosas bien.
MATEO
También creo en eso. Por eso estoy aquí. Por eso quiero ayudar a su fundación. (Mirándola a los ojos) Pero no puedo hacerlo si usted me juzga por los caminos que he tenido que tomar.
Valeria sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con la temperatura del baño. La intensidad de su mirada la hacía sentir a la vez vulnerable y más viva de lo que había estado en meses. Continuó limpiando la herida con cuidado.
VALERIA
Ayudar a la fundación sería un gesto generoso. Pero necesito saber por qué lo haría. No creo en las generosidades gratuitas.
MATEO
Quizás quiera redimirme. Quizás quiera hacer las cosas bien por una vez. (Sacudiendo la cabeza) O quizás simplemente quiero estar cerca de usted.
VALERIA
(parándose de golpe)
Eso no es una razón válida para donar dinero a una fundación.
MATEO
¿Por qué no? Si el dinero ayuda a la gente, ¿importa cuál es la motivación detrás?
VALERIA
Importa mucho. La fundación no puede estar asociada a alguien que opera en el limbo legal. Nuestra reputación es todo lo que tenemos.
MATEO
(levantándose y acercándose a ella)
Y ¿qué pasa con la persona detrás de la reputación? ¿No importa nada?
VALERIA
(retrocediendo hasta tocar el lavabo)
Usted es un hombre poderoso, Mateo. Un hombre con mucho que perder. Y yo soy una mujer que lucha por lo que cree. No tenemos nada en común.
MATEO
(acercándose más, hasta que apenas los separaba un centímetro)
Creo que tenemos más en común de lo que cree. Ambos queremos cambiar las cosas. Ambos estamos dispuestos a luchar por lo que queremos. Solo que nuestros métodos son diferentes.
VALERIA
Los métodos son lo que definen a la gente.
MATEO
No. Lo que define a la gente es lo que está en su corazón. (Levantando la mano derecha para tocar su mejilla con cuidado) ¿Sabe qué veo cuando la miro? Veo pasión. Veo fuerza. Veo alguien que no se rinde ante nada. Eso es lo mismo que hay en mí.
VALERIA
(cerrando los ojos por un instante)
No debería estar aquí. No debería estar hablando con usted de esta forma.
MATEO
Pero está aquí. Y está hablando conmigo. Porque algo en usted sabe que no soy tan malo como cree.
Se inclinaron el uno hacia el otro sin darse cuenta, hasta que sus labios se encontraron en un beso que fue como un rayo en medio de la oscuridad. Era un beso apasionado y profundo, cargado de toda la tensión que se había ido acumulando entre ellos desde el momento en que se habían visto. Valeria sintió cómo sus emociones se desbordaban –el deseo, el miedo, la curiosidad, la tristeza– todos mezclados en un torbellino que la hacía sentir viva como nunca antes.
VALERIA
(separándose un poco, jadeando)
Esto está mal.
MATEO
(acariciando su cabello)
¿Por qué? ¿Quién decide qué está bien y qué está mal?
VALERIA
Yo. Mis principios. Mi trabajo.
MATEO
Sus principios no le impiden sentir lo que siente. Sus principios no pueden apagar esta conexión que tenemos.
VALERIA
(volviendo a besarlo)
No debería… pero no puedo dejar de hacerlo.
MATEO
(abrazándola con fuerza)
No intente dejarlo. Solo sienta. Sienta lo que siento yo.
Sus manos se movieron con naturalidad –las de Mateo por la espalda de Valeria, acariciando la seda de su vestido; las de Valeria en el pecho de Mateo, sintiendo el latido fuerte de su corazón. El beso se hizo más profundo, más exigente, como si ambos estuvieran buscando algo en el otro que no podían encontrar en sí mismos.
VALERIA
(susurrando entre besos)
Me tiene miedo.
MATEO
(bajando los besos por su cuello)
No debería. No haré nada que no quiera.
VALERIA
No es usted lo que me tiene miedo. Es lo que siento cuando estoy cerca suya. Es como si me estuviera perdiendo a mí misma.
MATEO
(levantando la vista hacia ella)
No se está perdiendo. Se está encontrando. Por fin está viendo que el mundo no es solo blanco o negro. Hay tonos grises. Hay limo. Y ahí es donde la vida realmente sucede.
Fue el sonido de unos golpes en la puerta lo que los hizo separarse bruscamente.
EMPLEADO
(desde fuera)
Señor Vidal? ¿Está bien adentro? La señora Elena ya está mejor –el médico la ha atendido.
MATEO
(respirando hondo)
Estoy bien, gracias. Enseguida salgo.
Valeria se alejó de él, tratando de arreglarse el vestido y el pelo con las manos temblorosas. Mateo se pasó una mano por el cabello, su rostro reflejando la misma confusión que ella sentía.
VALERIA
Deberíamos volver a la sala. La gente se dará cuenta de que no estamos allí.
MATEO
(acercándose a ella de nuevo)
Valeria… esto que pasó entre nosotros… no fue un error. Al menos para mí no lo fue.
VALERIA
(evitando su mirada)
No podemos hacerlo de nuevo. No podemos permitirnos esto.
MATEO
¿Por qué no? ¿Porque tengo dinero y usted cree que soy un villano? ¿Porque sus principios no le permiten estar con alguien como yo?
VALERIA
No es tan simple. Mi trabajo es mi vida. No puedo ponerlo en riesgo.
MATEO
Su trabajo no tendría que estar en riesgo. Podríamos encontrar una forma. Solo déjenos intentarlo. Quiero conocerla de verdad, Valeria. Quiero entender lo que piensa, lo que siente, lo que la hace ser quien es.
Valeria finalmente lo miró a los ojos, viendo en ellos una honestidad que no podía negar. Sabía que debería decir que no, que no podía permitirse tener nada que ver con él. Pero algo en su interior le decía que esta era una oportunidad que no podía dejar pasar –una oportunidad de entender las sombras que habitaban en el corazón humano, de explorar los límites de sus propias emociones.
VALERIA
Mañana a las seis. En el café del Parque Kennedy.
MATEO
(con una sonrisa de esperanza)
¿De verdad?
VALERIA
De verdad. Pero debo advertirle, Mateo –no soy una mujer fácil de conquistar. Y no tolero las mentiras ni las manipulaciones. Si quiere estar conmigo, tiene que ser con la verdad completa.
MATEO
(tomando su mano)
La verdad completa. Lo prometo. Mañana
Editado: 23.01.2026