CAPÍTULO 3
MARÍA
(entrando apresuradamente en la oficina de Valeria)
Directora, necesito hablar con usted –ahora mismo.
VALERIA
(levantándose de su escritorio)
María, ¿qué pasa? Está pálida como un fantasma.
MARÍA
(cerrando la puerta a sus espaldas)
He revisado los registros de donaciones de los últimos seis meses. Hay algo que no cuadra.
VALERIA
(sentándose de nuevo)
¿Qué tipo de cosa? ¿Un error en los cálculos?
MARÍA
No, no es un error. El dinero que recibimos para el proyecto de agua potable en el norte… viene de Vidal Financiera.
Valeria sintió cómo el aire se le quedaba en los pulmones. Había pasado tres días desde su cita con Mateo en el café, y aunque no habían vuelto a verse, habían intercambiado varios mensajes de texto –conversaciones que iban desde temas de la fundación hasta sus gustos personales, desde sus miedos hasta sus sueños. Había empezado a pensar que tal vez podía confiar en él, que tal vez su intención de ayudar era sincera. Pero ahora, escuchando esas palabras de María, su segunda a mando y amiga de muchos años, sintió cómo se desmoronaba todo lo que había construido en esos días.
VALERIA
(con voz temblorosa)
¿Está segura? ¿Ha verificado los datos dos veces?
MARÍA
Lo he revisado tres veces. El dinero llega a través de una empresa fantasma registrada en Panamá, pero las cuentas finales llevan directamente a la oficina central de Vidal Financiera.
VALERIA
(cerrando los ojos por un instante)
¿Por qué no lo notamos antes?
MARÍA
Porque la empresa fantasma tiene un nombre que parece estar relacionado con una fundación internacional. Lo han hecho muy bien –todo está legalizado al dedillo. Pero yo sé cómo buscar en las sombras, como usted me enseñó.
VALERIA
(levantándose y caminando hacia la ventana)
¿Qué más sabe?
MARÍA
Solo que la donación es mucho mayor de lo que nos han dicho. Hemos recibido doscientos mil soles en los últimos seis meses, pero según mis investigaciones, la cifra real que ha invertido Vidal Financiera en el proyecto es de más de medio millón.
VALERIA
(girándose bruscamente)
¿Dónde va el resto del dinero?
MARÍA
No lo sé todavía. Pero estoy segura de que no va a nada bueno. Valeria, tenemos que devolver el dinero. Ahora mismo. Si la prensa se entera de esto, la reputación de la fundación se irá por la borda.
VALERIA
(con firmeza)
No podemos devolverlo ahora. El proyecto está a medio camino –si retiramos el dinero, las comunidades del norte se quedarán sin agua potable. Tendremos que encontrar otra forma. Primero, necesito hablar con él.
MARÍA
(con preocupación)
Valeria, no lo haga. Ese hombre es peligroso. Todos lo saben –sus negocios están llenos de secretos y de gente mala. No quiero que te metas en problemas.
VALERIA
(tomándola del hombro)
Gracias por tu preocupación, María. Pero tengo que saber la verdad. Tengo que entender por qué hizo esto. (Mirando su reloj) Es la una de la tarde –él debe estar en su oficina. Voy a ir a verlo ahora mismo.
MARÍA
¿Quieres que te acompañe?
VALERIA
No, mejor que vaya sola. Si hay alguien escuchando, no quiero que te involucres. Mantén la calma en la oficina –no le digas nada a nadie hasta que yo vuelva.
MARÍA
(asintiendo con resignación)
Está bien. Pero ten cuidado, Valeria. Por favor.
Valeria cogió su bolso y salió corriendo de la oficina. Tomó un taxi hasta el distrito financiero de San Isidro, donde se encontraba la torre de Vidal Financiera –un edificio de cristal y acero que se alzaba sobre la ciudad como un símbolo de poder y riqueza. Al llegar a la recepción, sintió cómo las miradas de las recepcionistas se posaban en ella –vestida con su habitual traje de oficina sencillo, se sentía fuera de lugar entre el lujo del vestíbulo.
RECEPCIONISTA 1
(con voz formal)
Buenas tardes, señora. ¿Cómo podemos ayudarla?
VALERIA
Buenas tardes. Soy Valeria Sánchez, directora de la Fundación para el Desarrollo Comunitario. Quiero ver al señor Mateo Vidal.
RECEPCIONISTA 2
*(revisando la pantalla)
Editado: 23.01.2026