El Amor Profundo

OBSESIÓN EN SILENCIO

VALERIA
(en su oficina, hablando por teléfono)
No, María, todavía no he recibido ninguna respuesta de su oficina. Sé que es frustrante, pero tenemos que mantener la calma.
MARÍA
(por el otro lado de la línea)
Valeria, ya han pasado tres días. La prensa está empezando a hacer preguntas sobre el proyecto del norte –alguien debe haberles hablado.
VALERIA
¿Qué tipo de preguntas?
MARÍA
Sobre el origen de los fondos, sobre quién está detrás del proyecto. Dijeron que tienen información que podría "sorprender a muchos".
VALERIA
(apoyándose en el escritorio)
Manténlos a raya lo mejor que puedas. Diles que todos los fondos son transparentes y que tenemos toda la documentación en regla.
MARÍA
Ya se lo he dicho, pero no estoy segura de que les sirva de algo. Valeria, tal vez deberíamos ir a las autoridades antes de que la prensa lo haga.
VALERIA
No podemos hacerlo. Aún no sabemos toda la verdad. Espera un poco más –prometo que hoy mismo encontraré la forma de hablar con él.
Colgó el teléfono y cerró los ojos, sintiendo el peso de la situación sobre sus hombros. Desde que había descubierto que el dinero de la fundación venía de Vidal Financiera, no había podido dormir bien. Había enviado varios mensajes a Mateo y había llamado a su oficina innumerables veces, pero no había recibido ninguna respuesta. La incertidumbre la estaba consumiendo –no sabía si él se había escondido porque tenía algo que ocultar, o si algo malo le había pasado.
De repente, escuchó un golpe suave en la puerta de su oficina.
VALERIA
(sin levantar la vista)
Entra, María.
MATEO
(abriendo la puerta y entrando)
No es María. Disculpe la intromisión –tuve que usar mis contactos para entrar.
Valeria se levantó de golpe, sintiendo cómo su corazón empezaba a latir con fuerza. Mateo estaba allí, en su oficina, vestido con un traje negro que le quedaba a la perfección. Tenía los ojos sombreados y la expresión seria, como si hubiera pasado por mucho.
VALERIA
(con voz fría)
¿Cómo se atreve a venir aquí después de todo lo que ha pasado? ¿Después de no responder mis mensajes ni mis llamadas?
MATEO
(cerrando la puerta a sus espaldas)
Valeria, por favor, déjame explicarte. No he podido contactarte porque he estado ocupado controlando los daños.
VALERIA
¿Controlando los daños? ¿O tratando de cubrir tus rastros? María descubrió de dónde venía el dinero del proyecto del norte. ¿Qué tienes que decir al respecto?
MATEO
(acercándose a ella con cuidado)
Quería ayudarlos –eso es todo. Sabía que si les dijera que el dinero venía de mí, usted no lo aceptaría. Así que encontré una forma de hacerlo sin que nadie se diera cuenta.
VALERIA
¿Y el resto del dinero? El medio millón que no llegó a la fundación –¿dónde está?
MATEO
(suspirando)
Fue para pagar a algunas personas que estaban intentando sabotear el proyecto. Gente que trabaja para empresas mineras que no quieren que llegue agua potable a esas comunidades –les interesa que la gente siga dependiendo de ellas.
VALERIA
(retrocediendo hasta tocar el escritorio)
Así que usaste nuestro proyecto para pagar a gente peligrosa. ¿Es eso lo que me estás diciendo?
MATEO
No, no es así. Los pagué para que dejaran en paz el proyecto. Para que las comunidades pudieran tener lo que se merecen.
VALERIA
Y ¿quién te dio el derecho de tomar esas decisiones por nosotros? ¿Sabes lo que pasará si la prensa se entera? La fundación se hundirá, y todos los años de trabajo se irán por la borda.
MATEO
(tomándola de las manos)
Yo me encargaré de que la prensa no se entere. Ya he hablado con mis contactos en los medios –les he dicho que cualquier información falsa sobre la fundación tendrá consecuencias graves.
VALERIA
(soltándose de sus manos)
¿Consecuencias graves? ¿Estás amenazando a la prensa, Mateo? Eso es exactamente el tipo de cosa que me preocupaba de ti.
MATEO
No estoy amenazándolos –estoy protegiéndolos. Protegiéndote. No puedo permitir que nada te haga daño, Valeria. Nada ni nadie.
VALERIA
(con voz firme)
No necesito que me protejas. Necesito que respetes mi trabajo y mis principios. Si realmente quieres ayudar, devuelve ese dinero y asegúrate de que no haya ninguna conexión entre tu empresa y la fundación.
MATEO
(con tristeza en la voz)
No puedo hacerlo. El dinero ya se ha invertido en el proyecto –si lo devuelvo, tendremos que paralizarlo. ¿Quieres que las comunidades del norte se queden sin agua potable? ¿Quieres que todas esas familias sigan sufriendo?
Valeria calló por un momento, sintiendo cómo la culpa la consumía. Sabía que Mateo tenía razón –paralizar el proyecto sería un desastre para las comunidades que atendían. Había pasado meses trabajando en él, hablando con los lugareños, escuchando sus necesidades. No podía dejar que todo se perdiera por un error de juicio de él.
VALERIA
(sentándose exhausta en su silla)
No sé qué hacer, Mateo. Estoy atrapada entre lo que es correcto y lo que es necesario.
MATEO
(sentándose frente a ella)
Déjame ayudarte.




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