CAPÍTULO 6
VALERIA
(mirando los documentos en la mesa de madera de la casa comunitaria)
Estos números no cuadran, José. Según el informe que me enviaste la semana pasada, habíamos invertido cincuenta mil soles en tuberías para San Juan. Pero aquí dice que solo se gastaron treinta mil.
JOSÉ
(frunciendo el ceño y acercándose para mirar los papeles)
Eso no puede ser, directora. Yo revisé esas cuentas personalmente. Debe ser un error de transcripción.
MATEO
(pasando la mano por los documentos)
No es un error. Los números están escritos a mano –dos ceros han sido borrados y reemplazados por uno. Alguien ha manipulado los registros.
Valeria sintió cómo se le helaba la sangre. Habían pasado tres días en la selva, y hasta ese momento todo había ido bien –habían visitado las tres comunidades donde el proyecto estaba operativo, habían hablado con los lugareños, habían visto los resultados de su trabajo. Pero ahora, frente a esos documentos manipulados, se dio cuenta de que algo andaba mal. Muy mal.
VALERIA
(con voz firme)
¿Quién más tiene acceso a estos registros, José?
JOSÉ
Solo yo y Carlos –mi ayudante. Él es el que lleva la contabilidad del proyecto en esta zona. (Sacando su teléfono) Lo llamo inmediatamente –debe poder explicar esto.
José marcó el número en su teléfono, pero después de varios toques, solo escuchó la voz del contestador automático. Intentó varias veces más, pero con el mismo resultado. Su rostro se puso cada vez más pálido.
JOSÉ
No contesta… nunca antes había pasado esto. Siempre contesta cuando lo llamo.
MATEO
(mirando hacia la puerta de la casa comunitaria)
Tal vez no quiera contestar. ¿Dónde vive Carlos?
JOSÉ
En la comunidad de San Juan, a unos veinte minutos de aquí en camioneta. Pero no entiendo… Carlos ha trabajado con nosotros por dos años. Es una buena persona –nunca haría algo así.
VALERIA
La gente puede sorprendernos, José. Vamos a su casa –tal vez podamos encontrar alguna explicación.
Subieron de nuevo a la camioneta y se dirigieron hacia San Juan. El camino estaba peor que nunca –la lluvia de la noche anterior había convertido el suelo en barro, haciendo que la camioneta patinara en varios puntos. Valeria miraba por la ventana, pensando en todas las posibilidades –¿había sido Carlos solo, o tenía ayuda? ¿Dónde había ido el dinero faltante? ¿Y qué relación tenía esto con Mateo y sus negocios?
MATEO
(notando su preocupación)
No creas que tengo algo que ver con esto, Valeria. No haría nada que pudiera poner en riesgo al proyecto ni a ti.
VALERIA
(volviendo la mirada a él)
No sé qué creer más, Mateo. Primero descubro que el dinero viene de tu empresa, luego descubro que parte de ese dinero ha desaparecido. Es difícil no conectar los puntos.
MATEO
(con tristeza en la voz)
Entiendo tu desconfianza. Pero te juro que no tengo nada que ver con esto. Tal vez sea algo relacionado con las empresas que intentan sabotear el proyecto.
VALERIA
¿Y cómo sabes que existen esas empresas? ¿Lo supiste antes de venir aquí?
MATEO
(haciendo una pausa)
Sí. Me enteré hace unos días que algunas empresas mineras habían contratado a gente para interferir con nuestro trabajo. Pero no supe que habían llegado hasta manipular los registros.
VALERIA
(con enojo)
¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cuántas cosas más me estás ocultando?
MATEO
No te lo dije porque no quería preocuparte. Quería resolverlo por mi cuenta antes de que te enteraras.
VALERIA
¡Eso es justo el problema, Mateo! Siempre intentas resolver las cosas por tu cuenta, sin pensar en cómo afecta a los demás. Esta vez ha ido demasiado lejos.
Cuando llegaron a la comunidad de San Juan, se dirigieron directamente a la casa de Carlos –una pequeña construcción de madera y paja en la orilla del río. La puerta estaba abierta, y al entrar, encontraron la casa desordenada –los muebles estaban volcados, los cajones abiertos, los documentos esparcidos .
Editado: 23.01.2026