El Amor Profundo

EL AMOR QUE TRANSFORMA

CAPÍTULO 12 Finl
VALERIA
(abriendo la puerta de la casa con llave)
Bienvenido a casa, amor.
MATEO
(entrando y mirando a su alrededor con emoción)
Es hermosa, Valeria. Realmente hermosa. (Caminando por la sala, tocando los muebles de madera maciza) No puedo creer que sea nuestra.
VALERIA
(cerrando la puerta y abrazándolo por la cintura)
Trabajamos duro por ello. La casa es pequeña, pero tiene todo lo que necesitamos. Y mira –(abriendo las puertas corredizas) el jardín está perfecto para plantar las flores que tanto te gustan.
MATEO
(volviéndose hacia ella y besándola suavemente)
No necesito flores ni casas grandes. Solo necesito estar contigo. (Haciendo una pausa) Han pasado seis meses desde el juicio… a veces todavía no puedo creer que sea real.
VALERIA
(acariciando su rostro)
Sí, es real. Ya no estás atrapado en las sombras, mi amor. Ahora vivimos en la luz.
La casa estaba ubicada en un barrio tranquilo de San Isidro, cerca del Parque Olivar. Habían comprado la propiedad con el dinero que Mateo había guardado de sus ganancias legales, y Valeria había decorado cada rincón con mucho cariño –cuadros de artistas peruanos en las paredes, cojines de colores vibrantes en los sofás, libros apilados en las estanterías. Era un lugar lleno de vida, de amor, de esperanza.
Al día siguiente, Mateo tuvo su primera cita de trabajo comunitario en un centro juvenil de Villa El Salvador. Valeria lo acompañó hasta allí –quería estar con él en este nuevo capítulo de su vida.
DIRECTORA DEL CENTRO
(acercándose a ellos con una amplia sonrisa)
¡Señor Vidal! ¡Directora Sánchez! Bienvenidos. Los jóvenes están muy emocionados de conocerte –han escuchado tu historia y quieren aprender de ti.
MATEO
(con modestia)
Es un placer estar aquí. Espero poder ayudarles a tomar las decisiones correctas en la vida, a no cometer los mismos errores que yo.
VALERIA
(apretándole la mano)
Seguro que los ayudarás mucho. Ya me tienes a mí como ejemplo.
Dentro del centro, un grupo de veinte jóvenes los esperaba en la sala de reuniones. Mateo se paró frente a ellos y empezó a hablar de su vida –de cómo creció en un ambiente de riqueza y poder, de cómo su padre le enseñó que cualquier cosa valía la pena para conseguir lo que quería, de cómo se había atrapado en un mundo de mentiras y corrupción. Luego habló de cómo conocer a Valeria lo había cambiado, de cómo había decidido enfrentar sus errores y buscar la redención.
JOVEN 1
(levantándose con timidez)
Señor Vidal… ¿cómo sabe uno cuándo está haciendo algo mal? ¿Cómo puede evitar caer en las sombras?
MATEO
(sonriendo)
Es una buena pregunta, joven. La verdad es que a veces no lo sabemos –nos dejamos llevar por el deseo de poder, de dinero, de reconocimiento. Pero lo importante es aprender a escuchar a nuestro corazón, a preguntarnos si lo que estamos haciendo está haciendo daño a alguien más. Y si nos damos cuenta de que hemos cometido un error, debemos tener el valor de admitirlo y buscar la forma de enmendarlo. (Mirando a Valeria) Además, tener a alguien que nos ame y que nos ayude a ver el camino correcto hace la diferencia.
JOVEN 2
(levantándose)
¿Y qué pasa si ya hemos hecho algo malo? ¿Es demasiado tarde para cambiar?
MATEO
(con firmeza)
Nunca es demasiado tarde. Yo cometí muchos errores –muchos– pero encontré la fuerza para cambiar. Y ustedes también pueden hacerlo. El pasado no define quién somos –lo que define es lo que hacemos en el presente para mejorar.
Después de la charla, los jóvenes se acercaron a Mateo para preguntarle más cosas, para tomar fotos con él, para agradecerle por su honestidad. Valeria lo miraba con orgullo –el hombre que ahora hablaba con esos jóvenes era muy diferente del que había conocido en la gala de beneficencia hace más de un año. Había encontrado su propósito en la vida, y eso lo hacía brillar.
De vuelta en casa, recibieron una llamada de José –el coordinador del proyecto del norte.
JOSÉ
(por el otro lado de la línea, con voz emocionada)
Directora Sánchez, señor Vidal –¡tenemos una noticia increíble!
VALERIA
(con curiosidad)
¿Qué pasa, José? ¿Algo bueno?
JOSÉ
¡Más que bueno! Hemos logrado llegar a todas las comunidades que teníamos planeado –diez en total. Y ayer, el gobierno anunció que va a invertir dos millones de soles en ampliar el proyecto a otras veinte comunidades del norte. ¡Todo gracias a ustedes!
MATEO
(tomando el teléfono de Valeria)
José, eso es maravilloso. La gente del norte se lo merece.
JOSÉ
Sí, lo sé. Y quiero que sepan que aquí en las comunidades no olvidamos lo que han hecho por nosotros. Han cambiado nuestras vidas para siempre.
Esa noche, decidieron celebrar con una cena en casa. Valeria preparó ceviche con pescado fresco del norte –el mismo pescado que ahora llegaba a las comunidades gracias al proyecto de agua potable que habían logrado realizar. Mateo abrió una botella de vino tinto peruano, y se sentaron en el jardín bajo las estrellas.
MATEO
(levantando su copa)
Para nosotros. Para el amor que nos transformó.
VALERIA
(levantando la suya y chocándosela con la de él)
Para nosotros. Y para todas las personas que hemos podido ayudar juntos.
MATEO
(tomando un sorbo de vino)
He estado pensando en escribir un libro –basado en mi diario, pero ampliado. Quiero contar toda la historia, desde los días de mi padre hasta ahora. Quiero que la gente sepa que el amor y la honestidad pueden vencer incluso a las fuerzas más oscuras.
VALERIA
(con una sonrisa)
Eso es una idea maravillosa. Yo te ayudaré con la investigación, con las entrevistas. Juntos lo haremos.
MATEO
(tomándole la mano)
Juntos. Siempre juntos. (Haciendo una pausa) Valeria… hay algo que quiero preguntarte.
VALERIA
(con curiosidad)
¿Qué pasa, amor?
MATEO
(agachándose y sacando una pequeña caja de su bolsillo)
Cuando te conocí en esa gala, nunca imaginé que mi vida cambiaría tanto. Nunca imaginé que encontraría a la mujer de mis sueños, que encontraría la redención, que encontraría el camino correcto. (Abriendo la caja, mostrando un anillo de oro con una piedra preciosa azul) Valeria Sánchez… ¿quieres casarte conmigo? ¿Quieres pasar el resto de tu vida conmigo, construyendo un mundo mejor juntos?
VALERIA
(con lágrimas de alegría en los ojos)
¡Sí, Mateo! ¡Claro que sí! (Abrazándolo con fuerza) Siempre he sabido que eres el hombre de mi vida.
Mateo puso el anillo en su dedo y la besó con pasión, bajo el cielo estrellado de Lima. En ese momento, sintieron que todo lo que habían vivido –los altibajos, las luchas, las sombras y la luz– había valido la pena. Habían encontrado en el amor la fuerza para transformarse a sí mismos y para cambiar el mundo que les rodeaba.
Un mes después, se casaron en una ceremonia pequeña y íntima en el jardín de su casa. Solo asistieron sus familiares más cercanos, el equipo de la fundación y algunos de los jóvenes del centro comunitario donde Mateo trabajaba. La ceremonia fue dirigida por la abuela Rosa, de la comunidad de Santa Rosa –ella había venido especialmente de la selva para estar con ellos.
ABUELA ROSA
(dirigiéndose a ellos con voz firme y cálida)
Hijos míos, el amor es la fuerza más poderosa del mundo. Tiene el poder de curar las heridas más profundas, de iluminar las sombras más oscuras, de transformar vidas y de cambiar el mundo. Ustedes dos han demostrado eso con sus acciones. Han pasado por momentos difíciles, pero han salido más fuertes y unidos que nunca. (Extendiendo sus manos sobre ellos) Por eso, en nombre de la tierra que nos acoge y de los espíritus de nuestros antepasados, los declaro marido y mujer.
Después de la ceremonia, todos comieron, bebieron y bailaron hasta tarde. Los jóvenes del centro cantaron una canción que habían compuesto especialmente para ellos, mientras el equipo de la fundación les regaló un álbum con fotos del proyecto del norte –fotos de niños bebiendo agua limpia, de familias sonriendo en sus casas, de comunidades que habían vuelto a tener esperanza.
MARÍA
(acercándose a Valeria con una copa de champán)
Te felicito, amiga. Te lo mereces. Nunca imaginé que encontraría a alguien que te entendiera tanto, que te amara tanto.
VALERIA
(abrazándola)
Gracias, María. Sin ti, sin el equipo de la fundación, nada de esto hubiera sido posible. Ustedes son mi familia.
MATEO
(acercándose a ellas con una sonrisa)
Y ahora somos familia todos. Porque la fundación no es solo un trabajo –es nuestra forma de hacer del mundo un lugar mejor.
Un año después, el libro de Mateo –Entre Sombras y Luz: Un Camino Hacia la Redención– fue publicado y se convirtió en un bestseller en todo el país. Las ventas del libro fueron destinadas a la fundación, permitiendo ampliar los proyectos a otras regiones de Perú. Mateo seguía dando charlas en centros comunitarios y escuelas, mientras Valeria continuaba dirigiendo la fundación con pasión y dedicación.
Un día, mientras estaban en la oficina de la fundación revisando los planes para un nuevo proyecto en la sierra peruana, recibieron una visita inesperada.
CARLOS
(entrando con su esposa Ana y su hijo)
Directora Sánchez, señor Vidal –¿pueden hablar con nosotros un momento?
VALERIA
(levantándose con una sonrisa)
¡Carlos! ¡Ana! ¡Qué gusto verlos! ¿Cómo están?
ANA
(sonriendo y cargando a su hijo en brazos)
Estamos muy bien, directora. Carlos ha sido promovido a coordinador regional del proyecto del norte –ya supervisa todos los trabajos en la zona.
MATEO
(apretándole la mano a Carlos)
¡Eso es excelente noticia, Carlos! Te lo mereces.
CARLOS
(con emoción)
Gracias, señor Vidal. Quería venir a agradecerles personalmente. Ustedes me dieron una segunda oportunidad cuando nadie más lo haría. Me ayudaron a enmendar mis errores y a construir una vida mejor para mi familia. (Mirando a su hijo) Quiero que él crezca sabiendo que siempre hay un camino de regreso a la luz.
VALERIA
(acariciando la cabeza del niño)
Ese es el objetivo de todo lo que hacemos, Carlos. Dar oportunidades, sembrar esperanza, transformar vidas. Y tú ya estás haciendo tu parte –estás ayudando a otras comunidades a tener una vida mejor.
Mientras Carlos contaba las últimas novedades del proyecto, Mateo tomó la mano de Valeria y la apretó con cariño. Miraron hacia la ventana de la oficina, donde se veía la ciudad de Lima extendiéndose hasta el horizonte –una ciudad llena de contrastes, de luces y sombras, pero también de esperanza y posibilidades.
MATEO
(susurrando en su oído)
¿Te acuerdas de nuestra primera cita en el café del Parque Kennedy?
VALERIA
(sonriendo y volviéndose hacia él)
Claro que me acuerdo. Pensé que eras un hombre peligroso, que estaba metido en cosas malas.
MATEO
(con una sonrisa melancólica)
Tenías razón. Pero tú me mostraste que había otra forma de vivir, que el amor podía transformar incluso las sombras más profundas.
VALERIA
(besándolo suavemente)
Y tú me mostraste que las personas no son buenas o malas de forma definitiva –que todos tenemos sombras en nuestro corazón, pero también tenemos la capacidad de encontrar la luz.
MATEO
(mirándola a los ojos)
El amor que tenemos nos ha transformado a ambos, Valeria. Y seguirá transformándonos por el resto de nuestras vidas.
VALERIA
(con firmeza)
Sí, mi amor. Juntos construiremos un mundo mejor –un mundo donde el amor, la honestidad y la justicia sean los valores que rigen nuestras vidas.
Mientras seguían trabajando en sus planes, rodeados de personas que creían en su misión, sabían que su historia no acababa ahí –era solo el principio de un camino largo y emocionante, un camino que habían elegido recorrer juntos, entre la luz y la sombra, guiados por el amor que los había transformado para siempre.
El amor verdadero no solo une corazones –tiene el poder de cambiar el mundo.
FIN DE LA NOVELA




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