El amor que guarde en un sobre

Capitulo 4 El Intruso De Cabello Liso

​Al llegar a mi tercer año de secundaria, el salón se llenó de rostros nuevos, pero yo seguía sumergida en mi propia burbuja de timidez y rutinas. No sabía que, entre esos extraños, caminaba la persona que llegaría a sacudir mi mundo de una forma tan bonita, pero a la vez atroz.​El ciclo escolar avanzaba con una normalidad casi aburrida. Ya solo faltaban dos meses para terminar y yo pensaba que todo seguiría siendo monótono hasta el final. Sin embargo, el destino tiene formas curiosas de presentarse. Todo cambió un día gris y lluvioso, uno de esos días donde el cielo parece pesado y muchos compañeros prefieren quedarse en casa. Debido a las ausencias, la profesora tuvo que reorganizar los grupos para las exposiciones que llevábamos semanas preparando.Fue entonces cuando lo vi. La profesora, con un gesto rápido, anexó a nuestro grupo a un chico que yo apenas había notado en el fondo del salón. Tenía el cabello liso, con unos mechones que le rozaban la nuca, y un aire de "chico malo" que me puso a la defensiva de inmediato. A mí no me agradó la idea; nuestro grupo de amigas era un santuario y él se sentía como un intruso. Pero Brandon era amigo de Greyci, así que me tragué mis quejas y simplemente asentí, aunque por dentro deseaba que la clase terminara pronto.La exposición terminó sin contratiempos. Brandon hizo su parte y, aunque no hubo una conexión mágica instantánea, el hielo se rompió lo suficiente como para que, en los días siguientes, nos dedicáramos un saludo cordial al cruzarnos en los pasillos. Así, entre lluvias y carpetas, el tercer año llegó a su fin.​El cuarto año inició con un sabor agridulce. La silla de Mary estaba vacía; ella había decidido dejar la escuela para mudarse con su novio, y su ausencia dejó un hueco enorme en nuestro pequeño círculo. Fue en medio de esa tristeza y del vacío que dejó nuestra amiga que Brandon comenzó a acercarse más. Greyci lo integró formalmente a nuestras charlas y, casi sin darme cuenta, aquel chico del fondo se convirtió en un elemento constante en mis mañanas.A medida que pasaban los días, las paredes que yo había levantado empezaron a desmoronarse. Pasamos de ser simples compañeros a ser muy buenos amigos. Recuerdo las tardes en las que llegaba a mi casa, el nerviosismo de que conociera a mis papás y la sorpresa de ver que encajaba perfectamente en mi entorno. Me fascinaba verlo defenderse en las exposiciones; tenía ese talento natural para hablar con seguridad incluso cuando no había estudiado ni un minuto, mientras yo lo miraba con una mezcla de envidia y admiración. Entre todos nos pasábamos las fórmulas de los exámenes por debajo de los pupitres, compartíamos risas en los momentos menos oportunos y nos cuidábamos las espaldas en cada clase. Fue en medio de ese caos adolescente que ocurrió lo inevitable. No supe cómo, ni pude identificar el segundo exacto, pero Brandon había logrado lo que yo creía imposible: ocupar el lugar que el tiempo le había arrebatado a Rafael. Mi corazón, que tanto tiempo había estado en silencio, volvía a latir con una fuerza que me asustaba y me emocionaba al mismo tiempo.




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