Al salir de la escuela, el aire se sentía diferente. Era nuestro último día de clase y decidimos celebrarlo saliendo a comer todos juntos, tratando de ignorar que el futuro nos pisaba los talones.
—Hay que decidir qué comeremos —dijo Greyci mientras caminábamos bajo el sol hacia el centro de la ciudad.
—¡Hagamos una votación! —propuso Mili. A ella le encantaba que todos opináramos para que nadie se sintiera excluido; esa era una de las cosas que más me gustaba de su personalidad, siempre cuidando que nuestro grupo fuera un lugar seguro.
—Yo digo que vayamos por pizza —soltó Brandon con esa seguridad que siempre lo caracterizaba.
—Sí, yo también quiero pizza —añadí rápidamente. En realidad, no me importaba qué comer, solo quería estar en el mismo lugar que él y compartir unos minutos más antes de las vacaciones.
Mili sonrió y sentenció: —Entonces vamos por pizza.
—Está bien, pizza será —susurró Greyci, y todos emprendimos el camino hacia la pizzería.
Caminar esos quince minutos se sintió como un desfile de risas y bromas. Al llegar, ordenamos una pizza de doce piezas, de pepperoni con extra queso. El olor a masa recién horneada llenó el lugar, y entre charlas sobre lo que haríamos en el descanso, terminamos comiendo tres rebanadas cada uno. Al terminar, fuimos al parque. Nos sentamos en el césped y, mientras los demás hablaban de temas sin importancia, yo volví a sentir esa ansiedad punzante en el pecho. Me pregunté por qué me sentía así si, teóricamente, nada cambiaría. El próximo año volveríamos a estar juntos en el mismo salón, ¿verdad? Por un momento, mi corazón se calmó con esa falsa promesa de seguridad. Después de dos horas más de risas, nos despedimos con un abrazo grupal y cada quien marchó hacia su casa.
Los días siguientes pasaron en una calma engañosa. Todos nos preparábamos para la Navidad, luego el Año Nuevo y el inicio de un ciclo más. Por unos días, mi mente logró enterrar la ansiedad, hasta que un golpe de realidad sacudió mi corazón por medio de una simple notificación en mi celular.
Era una publicación enviada al grupo que compartíamos Greyci, Mili, Mary y yo. Al abrirla, mi respiración se detuvo. Era una foto de Brandon. Mis ojos se llenaron de lágrimas al instante al ver que no estaba solo; salía junto a una chica, abrazados, con una nota que decía: "Mi hermosa novia".
En ese segundo, el mundo se quedó en silencio. Nunca había sabido lo que era un corazón roto de verdad. Sabía cómo los sentimientos se desvanecen con el tiempo, como me pasó con Rafael, pero nunca imaginé lo doloroso que era sentir que el pecho se te parte a la mitad sin siquiera haber tenido la oportunidad de intentarlo. Me dolió darme cuenta de que, mientras yo hacía planes en mi cabeza y esperaba a ser mayor para confesarme, él ya estaba escribiendo su historia con alguien más. Desde un principio, yo nunca fui una opción; nunca tuve esa oportunidad. Me rompieron el corazón en silencio, en una habitación vacía, mirando una pantalla que me gritaba que mi "pequeña Sami" era exactamente eso para él: alguien demasiado pequeña para su mundo.
#5228 en Novela romántica
#380 en Joven Adulto
amor amistad, amor decisiones dolorosas, amor decepción un nuevo amor
Editado: 24.04.2026