El Ángel del Infierno.

- DIECISEIS -

DAVINA

Después de la crisis de ansiedad que tuve al mirarme al espejo y ver la sangre de Andreu en su cara me comencé a sumir en una enorme oscuridad de la que creía que no iba a salir, entonces entro Raynard y se metió bajo el agua de la ducha conmigo. Me beso, la manera en la que sus labios tocaban los míos hizo que todo lo negro que cubría mi mente se despejase por completo, dios santo…

Mi corazón martilleo tan fuerte mientras sentía como las mariposas salían de mi estómago y revoleteaban alrededor nuestro felices porque por fin nos besáramos, que nuestras almas se mezclasen de nuevo.

Aprete los labios mirándome en el espejo, acababa de terminar de vestirme y secarme el pelo, me toque los labios con las mano que no sujetaba el cepillo y solté una suave risa. Inconscientemente me sonrojé pensando en lo que hacía unos minutos volví a experimentar. Había echado tanto de menos el contacto de Raynard que solo pude sentir paz en mi corazón.

Joder, de mi boca solo salían arcoíris en aquel momento.

Suspiré mirando mi rostro, llevaba aun la herida en la frente, me eché rímel y me puse brillo de labios. Decidí ponerme unos pantalones altos vaqueros y anchos, con unas deportivas blancas con plataforma y un top blanco de tirantes anchos con una palabra en medio. Feliz por el resultado cogí la mochilita de cuero negro donde había metido mi móvil y mi cartera con dinero. Sali del cuarto con una energía que hacía minutos atrás no tenía. Recorrí el pasillo bajando los escalones de las escaleras de dos en dos, cuando llegue al final di un salto plantándome en frente de Diablo con una enorme sonrisa que le contagié por completo.

Ver a este chico sonreír no era habitual, pero cuando lo hacía…puf.

  • ¿Lista? – Asentí colgándome la mochilita en la espalda.
  • ¡Si! – Di un pequeño salto como el de una cría pequeña.

Aquel beso había avivado algo dentro de mí que llevaba casi diez meses dormido. Soltó una carcajada posando su mano sobre mi espalda baja. Me condujo hasta el porche de la entrada principal, arrugué la nariz cuando vi una moto custom al estilo “Sons of anarchy” y un par de cascos.

  • ¿Tienes moto? – Pregunté sorprendida, me acerqué rápidamente tocando el cuero negro de su asiento.
  • Me la traje de Alemania la última vez. – Me giré con una pequeña sonrisa. – Cuando estemos allí te enseñaré mi colección.

Volví a arrugar la nariz. ¿Pero cuantas motos tenía?

  • ¿Colección? – Mi sorpresa no pasó desapercibida.
  • Si hübsch. – Me mordí el labio mirándole desde abajo al ver sus labios sutilmente levantados -  Venga vamos. – Me extendió un casco que me puse sin pensarlo.

Se sentó en la moto después de ponerse el suyo también, emite su acción sentándome atrás, agarrándome a su duro cuerpo. Tuve que reprimir un suspiro cuando sentí sobre mis yemas sus malditos abdominales. Mi vientre bajo comenzó a hacer chiribitas y me revolví en el sitio nerviosa, los calores que estaba sintiendo podían llegar a ser muy obvios. Puso en marcha la moto provocando que me apretase más a él.

La sonrisa no se borraba de mi cara y lo cierto es que hacía mucho tiempo que no sonreía de aquella manera. Quería que lo que teníamos funcionase, pero también sabía que debíamos conocernos del todo, no sabía que le gustaban las motos. Aunque, a decir verdad, tiempo atrás nunca tuvimos tiempo para hablar de cosas tan triviales, con Caníbal suelto y los turcos acechando estuvimos luchando sin parar todo el verano.

Después de un camino de unos veinte minutos llegamos a un centro comercial enorme, Water Center. La temática, como su nombre decía, era el agua. Así que estaba repleto de estanques, y peceras por todos lados. Era precioso.

Me baje de la moto cuando este la apago, dándole el casco, que los guardo en el maletín trasero de cuero que llevaba su moto. Aprete los labios ansiosa, ¿Qué haríamos? A parte de comer, claro. No había desayunado, y lo cierto es que el estómago se me cerró por completo durante unas largas horas, pero ahora me rugían las tripas, tanto que Raynard llego a escucharlas.

  • Tienes hambre. – Me mordí el labio inferior avergonzada.
  • Un poco. – Me miro durante unos segundos.

¿Qué estaría pasando por su cabeza? La siguiente acción me sorprendió para bien, pues estiro su brazo entrelazando nuestras manos, agacho la cabeza levemente dejándome un suave beso en los labios. Tuve que contenerme para no caer de bruces al suelo, joder con Diablo. Actos tan dulces como este delante de tanta gente no eran habituales en él, y ciertamente, mi cuerpo era una maldita gelatina.

  • Hay una pizzería que le ponían muy buenas reseñas, Casa Nostra creo que se llamaba, ¿te apetece? – Asentí aun a centímetros de sus labios. – Bien, vamos.

Con una sonrisa socarrona por lo que estaba provocando en mi comenzó a arrastrarme hasta dentro del restaurante. La comida de aquel sitio fue impresionante, mientras comíamos las pizzas hablamos de cosas que hasta parecían normales, como si ninguno de los dos fuera otra cosa que dos chicos jóvenes teniendo una cita. Pero no era así, él era un mafioso y yo… yo no sé qué era. A la salida del restaurante insistí en invitarle a un helado, porque vamos, ¿a quién no le gustan los helados?

Caminando por un parquecito de aquel sitio íbamos comiendo las tarrinas de este maravilloso dulce, el mío era de chocolate con oreo y el de Raynard de mango con vainilla. Cuando comía helados los devoraba, me encantaban los malditos helados.

  • Iré a tirar la tarrina allí. – Raynard me guiño un ojo aun con el suyo a mitad.

Fui hasta la papelera a trote tardando apenas unos segundos cuando al girarme una chica de metro sesenta por lo menos, un pelo moreno hasta la cintura y un cuerpo que… ¿Cómo puede tener tanto de todo? Estaba coqueteando con mi alemán. Bufé bajito mirando como la mano de esa… chica fue al brazo de Raynard, sin embargo, esté quito el brazo bruscamente. Dio unos pasos atrás con el ceño fruncido y la mandíbula muy apretada. Me acerqué a ellos intentando mantener la calma, pero estaba algo celosa, debía admitirlo.

  • Hola. – Me puse al lado de Raynard, muy pegada a él. - ¿Quién eres? – Le pregunté.




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