El anillo que no era para mi

Capitulo 3.

Propuesta y traición.

Mariana...

Vi a Patricia mirarlo con nerviosismo -o al menos eso me pareció a mí-. Mi padre parecía convencido de que Esteban había llegado para suplicarle a Patricia que no se casara con Franco y que le diera una oportunidad.

Yo también lo pensé... por un segundo.

Hasta que Esteban comenzó a caminar en mi dirección.

Tal vez venía a pedirme que visitará a su abuela, que la ayudara con algunos arreglos en sus vestidos. Eso habría tenido sentido, pero jamás, jamás imaginé lo que salió de sus labios.

-Mariana, quiero formar una familia contigo. ¿Quieres casarte conmigo?

El aire abandonó mis pulmones.

El hombre al que había amado desde la adolescencia estaba frente a mí... pidiéndome matrimonio.

No podía creerlo. Estaba paralizada, sin saber que responder. Lo único que tenía claro era que aquello era una locura y yo necesitaba una explicación.

-Es...Esteban... no sé que decir. ¿Podemos hablar un momento? Esto es demasiado rapido.

Era lo único coherente que pude pronunciar.

Sentía las miradas de todos clavadas en nosotros mientras caminábamos hacia el despacho de mi padre.

Una vez dentro, Esteban cerró la puerta y fue directo al punto.

-Mariana, solo di que si. Te prometo una vida plena. Nunca te faltará nada. Tendrás todas las herramientas para ejercer tu carrera y cumplir tus sueños. Ayúdame!!

Sonaba maravilloso.

Perfecto.

Tentador.

Pero en todo ese discurso faltaba una sola cosa. La única que para mí era imprescindible.

Amor.

-Esteban... lo que me dices suena increíble, de verdad. Pero... ¿Dónde queda el amor en todo esto? Tú conoces mis sentimientos por ti. ¿Acaso ya son correspondidos?

No estaba preparada para su respuesta.

-No prometo que pueda amarte- dijo con una honestidad que dolía -. Sabes a quien pertenecen mis sentimientos, quiero casarme contigo porque eres mi amiga y te prefiero a ti antes que con otra-. Mentía y lo sabía, no tenía el valor para decirme que solo lo hacía para vengarse de que mi hermana nunca lo aceptó- y lo que si puedo ofrecerte como ya dije, es una vida cómoda, libre de tus padres. La libertad que mereces- finalizó diciendo.

Algo dentro de mí se rompió.

Entonces lo entendí.

No había venido por mí.

Había venido por ella.

Yo solo era la pieza de su venganza.

-Esteban, lo siento. Tal vez ahora no lo veas, pero no podemos hacer esto. Es una locura y...

La puerta se abrió de golpe.

-¿Hermanita? - la voz de Patricia sonó falsa, calculada-. ¿De verdad no te das cuenta? Solo vino a provocarme para que rompa mi compromiso. Por favor, Esteban... ya no sigas.

La sonrisa burlona en sus labios me quemó la sangre.

Y fue entonces cuando algo dentro de mi cambió.

No fue amor.

Fue orgullo.

Fue años de comparaciones.

Fue cansancio.

Me acerqué a él, tomé el anillo de su mano antes de que pudiera reaccionar y me lo coloqué.

Levanté la mirada hacia Patricia.

-Quiero que sepas hermana... que estás frente a la nueva señora de González.

No me di cuenta en qué momento todos se asomaron a ver qué pasaba.

Tomé la mano de Esteban y levanté mi mano izquierda, mostrando el anillo.

Sellando así un juego peligroso.

Con un anillo...

que no era para mí.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.