El anillo que no era para mi

Capitulo 4

El compromiso que todos observan.

El murmullo llenaba la sala mientras todos los presentes procesaban lo que acababa de ocurrir. Lo ojos de los presentes estaban fijos en mí, pero yo no podía apartar la mirada de Esteban.

Patricia me fulminaba con la mirada, como si quisiera atravesarme con ella.

Mi padre permanecía rígido, mientras mi madre no decía nada, pero su expresión mezclaba sorpresa y desaprobación.

-¿Mariana... estás segura de lo que haces?- pregunto mi padre, con voz grave, intentando mantener la calma.

-Totalmente -respondí, levantando la cabeza con orgullo-. Esto no es una decisión impulsiva- mentia-. Es lo que voy a hacer.

Patricia se adelantó, con esa sonrisa burlona que me sacaba de quicio.

-Hermanita, ¿de verdad crees que puedes tomarlo todo así de fácil? -Dijo, inclinándose hacia mi-. Esteban solo vino para provocarme. ¿Crees que esto terminará bien?

-No se a que te refieres - respondí, firme- . Han venido a proponerme matrimonio y simplemente eh dicho que si.

Esteban se acercó, y aunque parecía tranquilo, noté una ligera tensión en sus hombros. -Mariana, ahora todo es público -dijo-. Tenemos que enfrentar a la familia, a los invitados... Y, sí, empezar los planes de boda.

Asentí, aunque en mi interior una mezcla de adrenalina y miedo me recorría. No estaba segura de lo que vendría, pero lo que si sabía era que no me dejaría manipular.

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La primera reunión de planificación fue un caos elegante.

Diseñadores, wedding planners, invitados VIP... todos querían opinar, pero yo mantuve el control. Quería que por lo menos nuestra boda reflejará mi estilo, mi personalidad. No solo un lujo vacío como hubiese querido mi madre.

-Esteban, esto no puede ser solo un espectáculo -le dije mientras revisaba los bocetos de los vestidos-. Quiero que, por los menos esto, sea auténtico, que diga algo de nosotros.

Él sonrió, un poco desconcertado, pero no dijo nada. Por primera vez, sentí que lo estaba mirando de otra manera: no solo cómo el hombre que me había propuesto matrimonio impulsivamente, sino como alguien que también podía aprender a respetar mis decisiones.

Patricia, mientras tanto, no había desaparecido. Susurros, amenazas veladas, comentarios afilados... cada uno de sus gestos era un recordatorio de que no iba a ceder tan fácilmente y sinceramente no entendía porque su disgusto si ella siempre había rechazado a Esteban.

Al final del día, mientras revisabamos los últimos detalles de la ceremonia, me encontré mirando a Esteban, evaluando lo que acabábamos de comenzar días anteriores.

No era amor todavía. Ni siquiera respeto completo. Pero algo había cambiado. Algo que ninguno de los dos podía ignorar.

Si alguien pensaba que esto era un juego... estaba muy equivocado.

Y yo estaba lista para demostrarlo.




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