Comienzos peligrosos.
La siguiente semana, la mansión estaba llena de actividad.
Mariana caminaba entre muebles, telas y bocetos, intentando mantener el control mientras los diseñadores hablaban sin parar. Todo parecía un caos.
Esteban apareció en la sala, con esa expresión que mezclaba orgullo y desafío.
-¿Sabes que esto va a ser un caos? -Dijo, cruzando los brazos.
-Eso ya lo sé -respondí, sin mirarlo-. Pero al menos será un caos a mi manera.
Por un instante, sus ojos se suavizaron, y Mariana sintió algo inesperado: calor.
No era amor... aún no. Pero había un respeto silencioso, una curiosidad que ninguno de los dos podía negar.
Mientras revisabamos los arreglos de las flores, él se inclinó para mostrarme un detalle. La proximidad era peligrosa. El aroma de su perfume, la presión de su brazo rozando el mío... cada gesto encendía algo que no podía controlar.
-Mariana... -dijo, con voz baja-. Quiero que sepas que no todo es como parece. Esto... nosotros... no tiene que ser solo un juego.
Mi corazón dio un salto, pero lo mantuve firme. -Eso espero, Esteban. Porque si esto es un juego, no pienso ser la pieza que pierda.
Un pequeño silencio llenó la sala. Los diseñadores hablaban alrededor, pero por un instante, solo existiamos nosotros.
Y en ese momento, Mariana entendió que esta boda no sería solo un contrato social, ni un acto de venganza o despecho. Sería un campo minado de emociones... dónde el orgullo y la atracción se enfrentarían en cada mirada, en cada palabra, en cada toque.
Si alguien pensaba que podía controlar lo que vendría... estaba muy equivocado.
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Editado: 26.02.2026