Preparativos y dudas.
Días después de la boda de mi hermana, la casa aún conservaba el eco de la celebración, los recién casados habían partido y el aire estaba lleno de una mezcla de alegría y nostalgia por parte de mis padres.
Mientras tanto, yo me encontraba frente al espejo de mi habitación, ajustando los últimos detalles de mi peinado. Cada vez que veía mi reflejo, un cosquilleo de nervios y emoción recorría mi cuerpo, hoy tenía que ir a buscar mi vestido de novia, y aunque la felicidad me envolvía, no podía evitar sentir un pequeño remolino de dudas.
-Mariana, querida -dijo Nonna Lucía entrando a la habitación-. Hoy tenemos una misión importante: tu vestido de novia. Vamos a buscarlo y espero que te haga sentir como lo que eres querida, la mujer más hermosa de este mundo.
No pude evitar sonreír. Nonna siempre sabía cómo calmar mis nervios. Me tomó del brazo, salimos de mi casa y nos dirigimos a una de las tiendas más importantes de España. Famosa por sus vestidos de alta costura.
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Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Esteban caminaba por un elegante café junto a su amigo Alexander. La tensión en su rostro era evidente.
-Esteban... -dijo Alexander, mirandolo con seriedad-. ¿Estás seguro de lo que vas a hacer? ¿De tus sentimientos por Mariana? ¿No sientes que algo a cambiado aunque sea un poco?
Esteban se quedó en silencio unos segundos mirando su café, como si buscara respuesta en el líquido oscuro.
-No lo sé... -susuró finalmente-. No sé lo que me está pasando. Todo es tan confuso. Siento que debería estar seguro, pero... algo dentro de mí no encaja como antes.
Alexander suspiró y lo observó con cuidado.
-Tienes que aclararte antes de dar el siguiente paso. No es justo para ti ni para Mariana si dudas ahora. Tú la metiste en esto. Recuérdalo.
Esteban asintió, aunque en su interior una mezcla de miedo y deseo de debatía.
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Mientras, no muy lejos, Mariana se encontraba rodeada de telas, encajes y brillo.
-Mira Mariana -dijo Nonna, levantando el vestido que parecía hecho para un cuento de hadas-. Sientelo, imagina que hoy lo vas a llevar puesto.
Cuando me lo probé, sentí que todo lo demás desaperecia: los nervios, las dudas, incluso las semanas de preparativos. Solo quedaba la certeza de que, a pesar de todo, aquel día estaba destinado a ser perfecto.
Pero no podía evitar preguntarme, qué estaba sintiendo Esteban en ese momento, y si él realmente estaba listo para dar este paso.
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Editado: 26.02.2026