El anillo que no era para mi

Capitulo 8

El día de nuestra boda.

Pasaron tres semanas desde que recogimos mi vestido, y finalmente había llegado el día que ambos habíamos esperado con más nervios que ansias.

La casa estaba silenciosa; Patricia no estaba. Se había mudado a Venecia con su ahora esposo, y aunque su ausencia se sentía, también dejaba espacio para que esté día fuera completamente nuestro. Mis padres sí estaban presentes, pero no podía negar que su apoyo era tibio, y sus miradas parecían cuestionarlo todo, como si esperaran un error que nunca ocurriría.

Ya entendía porque no estaban de acuerdo con esta boda, y es que no consideraban a Esteban lo suficientemente rico para mí. Al final para ellos siempre se iba a tratar del dinero.

Me levanté temprano, rodeada de la emoción y los nervios que solo un día como este podía generar.

Nonna Lucia me ayudó con los últimos detalles: el vestido impecable, el velo perfectamente colocado, y una sonrisa que me daba fuerza y confianza.

Cuando llegamos al lugar de la ceremonia, todo estaba listo. Flores blancas, velas que iluminaban suavemente el altar y un aire de magia que parecía envolvernos. Esteban estaba allí, esperándome.

Su mirada se encontró con la mía y, por un instante, el mundo desapareció. Nada más existía que nosotros dos.

Caminé hacia él, tomada del brazo de mi padre, mientras los invitados observaban con atención. Esteban me recibió con una sonrisa y me tomó suavemente las manos.

El sacerdote empezó la ceremonia, y cada palabra parecía hacerse eterna.

-¿Mariana, aceptas a Esteban como tu esposo, para amarlo, respetarlo y acompañarlo en todo momento, cada día de sus vidas, hasta que la muerte los separe? - preguntó el sacerdote.

-Si, acepto -respondí, sintiendo que cada palabra era verdadera, que cada promesa era más que un simple compromiso.

-¿Esteban, aceptas a Mariana como tu esposa, para amarla, respetarla y protegerla todos los días de sus vidas, hasta que la muerte los separe?

-Sí, acepto -dijo él, y en ese instante supe que todo lo que habíamos pasado, todas las dudas y miedos, habían tal vez valido la pena. Quería creer que si.

Los anillos se deslizaron en nuestros dedos, y con un último "puedes besar a la novia", sellamos nuestra unión con un beso corto, que hizo que todos los presentes sonrieran y suspiraran al mismo tiempo.

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La fiesta fue un torbellino de música, baile y risas. Brindamos con amigos y familiares, reímos hasta que nos dolieron los músculos del rostro, y celebramos el comienzo de nuestra nueva vida. Incluso mis padres a regañadientes, disfrutaron del momento, aunque su aprobación todavía no era completa.

Del otro lado de la pista de baile, veía como mi amiga Gala y Alexander (el mejor amigo de Esteban) hablaban muy a gusto. Intuia que de esa conversación saldría algo muy interesante, así que decidí no interrumpirlos.

Horas más tardes, exhaustos, nos retiramos al hotel. Entramos a la habitación y nos dejamos caer sobre la cama, aún riendo por los momentos vividos durante la fiesta.

No supe cuando, pero Esteban, con la mirada brillando y el calor del licor en sus venas, me atrapó entre sus brazos y, sin aviso, me beso. Un beso apasionado que era una mezcla de deseo, alegría y todo lo que habíamos esperado durante tanto tiempo. Así lo sentí yo...

Nos separamos apenas un instante, respirando juntos, y supe que aquel día no solo marcaba nuestra boda, sino tambien el inicio de nuestra vida como pareja.




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