El anillo que no era para mi

Capitulo 9.

Después del beso.

Habían pasado dos meses desde nuestra boda. Y aún así, todavía recordaba con claridad lo que ocurrió aquella noche.

Esteban me había besado.

Fue un beso inesperado, intenso... pero breve para mí gusto.

Cómo si de pronto hubiera recordado algo que lo hizo retroceder, se apartó de mi casi bruscamente y salió de la habitación del hotel con la excusa de que necesitaba tomar aire.

Yo me quedé allí, sentada, en medio de la cama, mirando la puerta por la que se había ido.

En shock.

Esperé.

Minutos.

Luego una hora.

Después otra.

Pero no volvió.

Finalmente me resigné. Me desvestí con movimientos lentos, como si cada prenda pesara más de lo normal. Tomé una ducha caliente y me acosté. Había sido un día demasiado largo... y lo único que necesitaba era dormir, aunque mi mente no dejara de repetir aquel beso.

-Mariana... ¿Me estás escuchando?

La voz de Gala me devolvió al presente.

Salió del vestidor luciendo un vestido negro, ajustado y con un escote pronunciado que realzaba perfectamente su figura.

Habíamos decidido salir esa tarde a buscar nuestros vestidos de graduación, que sería en apenas dos días.

-Este me gusta... ¿Que te parece?

-Te queda espectacular -respondí sonriendo -. Resalta todos tus atributos.

Ambas reímos. Gala sabía perfectamente que le estaba diciendo exactamente lo que ella quería escuchar.

Era mi mejor amiga desde el kínder, y en estos últimos meses se había convertido en mi mayor apoyo. Sin ella, probablemente todo habría sido mucho más difícil.

-Es tu turno -dijo, señalando el vestidor.

Asentí y entré.

El vestido que había elegido me esperaba colgado frente al espejo. Azul celeste. Corto. Ajustado en la parte superior hasta la cintura y luego suelto, cayendo suavemente por encima de mis rodillas.

Era hermoso.

Sencillo.

Cómo yo.

Me lo puse y respiré hondo antes de salir.

Pero me quedé inmóvil al ver quien estaba sentado junto a Gala en la sala de espera.

-Te ves hermosa, amor.

La voz de Esteban llenó el espacio.

Mi corazón dio un vuelco.

-Este color combina perfectamente con tu tono de piel -continuó, recorriendome con la mirada-. Si me preguntas a mí, debería ser el elegido.

Por un momento olvidé como respirar.

-Gracias Esteban, yo... no esperaba verte aquí. Pensé que estarías ocupado en la oficina.

-Lo estaba, pero terminé temprano y decidí venir a buscarte para invitarte... bueno, invitarlas a cenar.

Asentí, aún intentando procesar su presencia inesperada.

-Por mi no se preocupen -intervino Gala con una sonrisa cómplice-. Alexander acaba de escribirme. Pasará por mí para llevarme al cine, pero ustedes deberían aprovechar la noche... ya saben, como una pareja joven de recién casados.

Me guiño un ojo, tomó su vestido y mientras se dirigía a la caja, se despidió:

-Adiós, amiga. Que tengas una excelente noche. Te quiero.

La vi alejarse.

Sentí un leve cosquilleo en el estómago.

Regresé al vestidor para cambiarme y luego pasamos a caja para pagar el vestido.

Mentiría si dijera que no me había encantado. Estaba enamorada de ese vestido... y las palabras de Esteban solo habían confirmado que era el indicado.

Salimos de la tienda.

El destino: uno de los restaurantes más exclusivos de España.

Y, por primera vez en estos meses, no sabía que esperar de la noche que estaba por comenzar.




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