Bajo el cielo italiano.
El vuelo fue más tranquilo de lo que imaginé.
Despegamos al atardecer. Desde mi ventana, las luces de la ciudad se veían como pequeñas estrellas que se quedaban atrás. Sentí un nudo en la garganta, una mezcla de nostalgia y emoción.
Italia.
Esteban tomó mi mano cuando el avión comenzó a elevarse.
-Todo estará bien -dijo en voz baja-.
Eso me tranquilizó. No sonó distante, más bien sonó seguro, presente.
Durante el vuelo hablamos de cosas simples: la casa, la empresa, de la Nonna. En algún momento me quedé dormida con la cabeza apoyada en su hombro.
Cuando desperté, el seguía allí, sin haberse movido, para no despertarme.
Fue un gesto pequeño.
Pero significativo.
___________
El Aeropuerto en Italia olía distinto. A café recién hecho y a perfume elegante. El idioma flotaba en el aire con esa musicalidad que siempre me había fascinado.
Y allí estaba.
La Nonna Lucia.
Pequeña y elegante, como siempre. Con el cabello plateado perfectamente recogido y un abrigo beige impecable. Sus ojos, del mismo tono que los de Esteban, se iluminaron al verlo.
-il mío ragazzo -dijo abrazándolo con fuerza.
Luego se volvió hacia mí.
-Mariana querida.
Su acento era suave, envolvente. Me tomó de las manos con cariño.
-Bienvenida a casa.
Casa.
No supe por qué esa palabra me conmovió tanto.
___________
La villa familiar estaba ubicada a las afueras de la ciudad, rodeada de jardines perfectamente cuidados y balcones cubiertos de flores. Desde mi habitación podía verse el perfil de la ciudad a lo lejos.
Las primeras semanas fueron una mezcla de adaptación y descubrimiento.
El idioma me desafiaba un poco, pero cada día entendía más. Caminaba por calles empedradas, descubría pequeñas cafeterías escondidas y boutiques que parecían sacadas de revistas.
Italia no era solo hermosa.
Era inspiradora.
Esteban pasaba largas horas en la empresa, pero por las tardes comenzamos a crear una rutina. Caminábamos juntos al caer el sol, cenábamos en terrazas iluminadas por velas, y poco a poco la distancia invisible que había existido entre nosotros comenzaba a desvanecerse.
Una noche, mientras paseábamos por una plaza iluminada, una melodía comenzó a sonar desde un violín cercano.
-Baila conmigo - dijo Esteban, extendiéndome su mano.
-¿Aquí? -Preguntè, riendo.
-Aqui - me confirmó.
Me atrajo hacia él sin esperar respuesta. Sus manos rodearon mi cintura con una firmeza distinta. No apresurada. No impulsiva.
Segura.
Bailamos bajo el cielo italiano, rodeados de desconocidos que apenas nos prestaban atención. El mundo se redujo a ese instante.
-Me alegra que hayas venido -susurró cerca de mi oído.
-Me alegra haber dicho que sí.
Esa noche, al regresar a la villa, no hubo silencioso incómodos. No hubo distancias.
Solo cercanía.
Italia estaba haciendo lo que nosotros no habíamos logrado solos.
Unirnos.
______________
Los días siguientes me enfoqué en algo que necesitaba lograr por mi misma.
Quería trabajar. No como "la esposa de Esteban". No por la influencia de la Nonna. Sino por mi propio mérito.
Preparé mi portafolio. Envié correos. Toqué puertas.
Recibí rechazos.
Pero no me rendí.
Hasta que una mañana, después de una entrevista que sentí especialmente retadora, recibí la llamada.
Había sido aceptada como pasante en una de las casas de moda más importantes de la ciudad.
Cuendo colgué, me quedé en silencio unos segundos... intentando asimilarlo.
Lo había conseguido, sola.
Cuando Esteban llegó esa tarde, me encontró en medio de la sala, con lágrimas en los ojos y una sonrisa imposible de ocultar.
-¿Que pasó? -Preguntó, preocupado.
-Comienzo mi pasantía el lunes.
Su expresión cambio a orgullo de inmediato.
Me levantó del sofá en un abrazo que me hizo reír.
-Sabía que lo lograrías - me dijo.
Y en ese momento supe que no estaba compitiendo con él.
Estabamos creciendo juntos.
________
Pasaron algunos días más.
#5654 en Novela romántica
#505 en Joven Adulto
amor dolor, familia adinerada secretos drama, venganza amor propio y sacrificios
Editado: 26.02.2026